Capítulo 72
El coche blanco
La matrícula correspondía a un monovolumen Renault registrado a nombre de una empresa de transporte de Algeciras llamada Transportes El Pilar S.L. La empresa tenía tres años de existencia, un NIF activo y dos camionetas declaradas como activos.
Cuando Soto rastreó la empresa, encontró que el domicilio fiscal era un local de la calle Castelar de Algeciras que alquilaba un solo propietario para varias empresas: una especie de buzón de correos empresarial que era el tipo de estructura que usaban las empresas que querían existir en el papel sin tener que existir en la realidad.
—El administrador único de la empresa —dijo Soto en la llamada diaria— es un hombre llamado Darío Molina.
Cuarenta y dos años. Sin antecedentes en el sistema español.
Pero hay algo interesante: tiene un número de identificación fiscal que fue emitido hace cinco años, lo que coincide con la creación de la empresa.
Antes de eso, no hay rastro de él en el sistema.
—¿Podría ser una identidad creada?
—Es lo que estamos verificando. El análisis biométrico de la foto de su DNI con la base de datos de Europol está en proceso.
El análisis tardó cuatro días. Cuando llegó, el resultado fue que la foto del DNI de Darío Molina no coincidía con ningún perfil en la base de datos de Europol.
Pero sí coincidía con una foto que aparecía en un expediente de la Guardia Civil de Algeciras de hace siete años: la foto de un testigo en un caso de tráfico de personas que había sido entrevistado y liberado sin cargos.
El hombre se había identificado entonces con otro nombre.
Dos identidades. El mismo hombre.
Elena y Rojas fueron a Algeciras esa semana. Era una ciudad que Elena conocía de nombre pero en la que nunca había trabajado: el puerto más importante del sur de España, el paso obligado entre Europa y África, con todo lo que eso implicaba en términos de flujos legales e ilegales.
El local de la calle Castelar era un espacio pequeño entre una ferretería y una agencia de viajes. Tenía el buzón lleno de publicidad y la cerradura de alguien que no entraba con frecuencia.
—¿Localización de Molina? —preguntó Elena a Rojas.
—Declaró una dirección en el Barrio del Rosario. Estamos verificando si es real.
—¿Vigilancia en curso?
—Desde ayer. El agente Mora lo ha visto una vez, entrando a un bar de la zona del puerto. Ha estado cuarenta minutos y ha salido.
—¿Con quién?
—Solo.
—¿Teléfono intervenido?
—La solicitud está en el juzgado de Algeciras. Cuarenta y ocho horas.
Elena miró el local de Transportes El Pilar.
—Es un eslabón. No el organizador. El tipo de hombre que hace el trabajo de recogida y transporte a cambio de dinero, sin necesitar saber más del sistema de lo estrictamente necesario.
—¿Y el organizador en el sur?
Elena pensó. El Armador en A Coruña había sido Quiroga en Málaga. Si el corredor se extendía hasta el Estrecho, ¿dónde estaba la cabeza de ese nuevo nodo?
—Eso es lo que necesitamos encontrar. —Pausa. —Rojas. ¿Has oído el nombre Veloso en el contexto de las redes del sur?