Mareas de Sangre Capítulo 67
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Capítulo 67

Volkov

Arkadi Volkov no era un nombre que se moviera fácilmente a través de los canales habituales.

Tenía la invisibilidad de los que han construido capas suficientes entre su nombre real y sus actividades reales como para que cualquier investigación directa chocara contra una pared de estructuras societarias legítimas antes de llegar a algo que pudiera probarse.

Europol tenía un expediente de nivel alto sobre él: suficiente para considerarlo una persona de interés pero no suficiente para moverlo.

La cooperación entre las fuerzas de seguridad rusas y europeas en temas de crimen organizado era, en el mejor de los casos, complicada. En el peor, directamente imposible.

Lo que Elena tenía ahora era diferente: tenía a Morante parcialmente hablando, tenía las comunicaciones intervenidas que mostraban conversaciones entre Morante y Volkov, y tenía la cronología que conectaba la visita de Volkov a España con las amenazas a Solano.

Era suficiente para Europol. No era suficiente para un proceso penal español.

Llamó al enlace de Europol en Madrid.

—Quiero que Volkov pase de 'persona de interés' a objetivo de investigación activa.

—¿Qué tienes?

Le resumió lo que tenía en diez minutos.

El enlace escuchó.

—Es suficiente para presentarlo ante el comité. Pero Vargas, los tiempos de Europol no son los de la UDEV.

—Lo sé. ¿Cuánto tiempo?

—Tres semanas para el comité. Si aprueban la elevación, otro mes para tener recursos.

Dos meses. Era demasiado en el tiempo real de un caso. Pero era el tiempo del sistema.

—De acuerdo. Presenta el expediente.

Colgó y llamó a Montoya.

—Rodrigo. Morante está detenido. Las amenazas a Solano están parcialmente aclaradas. Pero el origen real está en Volkov, y Volkov está fuera de nuestro alcance directo.

—¿Qué necesitas?

—Necesito que la CNI comparta lo que tenga sobre Volkov. No para el proceso judicial, sino para entender mejor la estructura.

Una pausa larga.

—Eso requiere nivel de coordinación que no está en mis manos directamente.

—Lo sé. Pero tú tienes los contactos para pedirlo.

Otra pausa.

—Dame unos días.

Colgó. Se quedó mirando el Mediterráneo desde la terraza de la comisaría de Marbella. Era una tarde de mayo perfecta: el mar azul, el sol todavía alto, la sierra detrás.

Pensó en Lucía Andrade, que había vuelto a la universidad.

En Mikel Iraola, el estibador de Bilbao, que había declarado y seguía trabajando en el puerto.

En Benigno Losada, que había vuelto a A Coruña y que una vez al mes mandaba un mensaje corto a Elena que decía simplemente 'todo tranquilo'.

En Irina Kovacs, que según el último informe de Iglesias había iniciado asesoramiento psicológico y lo llevaba bien.

La cadena de personas que había cruzado en los meses anteriores. Cada una con su historia, cada una representando una parte del mismo sistema que se reproducía en geografías distintas con estructuras similares.

Y en algún lugar de Europa, posiblemente en Moscú o en Chipre o en cualquier punto de su red de empresas legítimas, un hombre llamado Arkadi Volkov seguía siendo un nombre sin cara definitiva en un expediente de Europol.

Por ahora.

El trabajo nunca terminaba del todo. Pero avanzaba.

Eso era suficiente.