Capítulo 65
El topo en la sombra
El análisis de Soto tardó exactamente un día y medio. Cuando llegó el informe, Elena estaba de vuelta en Marbella, coordinando con Espinosa el seguimiento de las comunicaciones de Morante y revisando lo que Europol había enviado sobre Arkadi Volkov.
El informe de Soto señalaba una anomalía en los contactos de Marta Solano: un número de teléfono que había aparecido por primera vez en su agenda dos días antes de la publicación del artículo, que le había enviado un mensaje pidiéndole confirmación de detalles de la historia, y que había seguido en contacto con ella de manera aparentemente inocua durante las semanas siguientes.
El número correspondía a un periodista freelance de Málaga llamado Joaquín Saura.
Saura tenía treinta y ocho años, trabajaba para varios medios regionales y había contactado a Marta diciendo que quería hacer una pieza complementaria sobre el entorno inmobiliario de la Costa del Sol. Marta, que era generosa con los colegas jóvenes, le había dado más información de la que debería.
Lo que Soto encontró fue que el número de Saura, en las cuarenta y ocho horas posteriores a cada conversación con Marta, había realizado llamadas a un número domiciliado en una empresa de relaciones públicas de Marbella.
La empresa de relaciones públicas trabajaba, entre otros clientes, para Morante.
No era una prueba concluyente. Pero era suficientemente sólido para actuar.
Elena lo presentó a Espinosa esa tarde.
—Joaquín Saura —repitió el capitán. —Lo conozco de vista. Ha cubierto algunos casos en la costa.
—¿Tiene antecedentes?
—No. Es un periodista de poca monta, nada especial. —Pausa. —¿Crees que lo están usando como intermediario sin que lo sepa?
—O con que lo sepa parcialmente. Puede que alguien de Morante le haya ofrecido dinero a cambio de información sobre el trabajo de Solano. No necesita saber para qué la usan exactamente.
—¿Lo detenemos?
—Todavía no. Lo intervenimos. Si hay dinero circulando entre Saura y la empresa de relaciones públicas de Morante, eso sí es procesable.
La autorización para intervenir el teléfono de Saura llegó al día siguiente.
En las primeras cuarenta y ocho horas, el análisis reveló tres transferencias de dinero recibidas por Saura en los últimos dos meses: quinientos euros cada una, desde una cuenta de la empresa de relaciones públicas.
El concepto declarado: 'colaboración periodística'.
Tres mil euros repartidos en pagos pequeños. El tipo de flujo de dinero que en la economía de un periodista freelance podía pasar desapercibido pero que en el contexto de lo que se estaba investigando era exactamente lo que era: pago por información.
Elena llamó a Marta Solano.
—Joaquín Saura.
Una pausa.
—¿Él? —La voz de la periodista tenía algo que no era sorpresa sino la fría decepción de quien esperaba algo peor y obtiene algo simplemente triste.
—Dinero de la empresa de relaciones públicas de Morante. Tres pagos.
—¿Sabe lo que ha hecho?
—Probablemente entiende que ha vendido información. Si sabe exactamente para qué, es otra cuestión.
—¿Vais a detenerlo?
—Cuando tengamos completo el cuadro. Por ahora, es un eslabón más. —Pausa. —Marta. Lo siento.
—No es culpa tuya. —La voz de Solano era tranquila. —¿Puedo publicar cuando esto se resuelva?
—Lo primero. Te lo prometo.