Mareas de Sangre Capítulo 61
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Capítulo 61

Casos pendientes

Había demasiado amarillo.

Elena lo miraba algunas mañanas desde la puerta de su despacho antes de entrar, con el café en la mano, evaluando el estado del tablero con la misma atención con que un médico evalúa los parámetros de un paciente.

No con angustia. Con la determinación práctica de quien sabe que la angustia no resuelve nada y la determinación sí.

Tres meses después del caso de A Coruña y Málaga, la UDEV tenía siete casos activos en los que Elena tenía participación directa o de coordinación.

Tres de trata de personas, dos de crimen organizado con componente financiero, uno de tráfico de drogas con conexiones internacionales y uno de homicidio con posible vinculación con una red de extorsión.

El expediente que estaba sobre su mesa esa mañana de marzo era diferente a todos los anteriores.

Lo había recibido la tarde anterior de Montoya con una nota escrita a mano en el Post-it amarillo que el inspector jefe usaba para lo que consideraba importante: 'Esto tiene urgencia. Léelo antes de mañana.'

Se llamaba 'Expediente Alondra'. Era una desaparición.

Una chica de veinte años de Sevilla, estudiante de Bellas Artes, que llevaba once días sin dar señales.

Sin móvil, sin tarjetas, sin familia directa en la ciudad.

La última vez que la vieron con certeza fue saliendo de un bar del barrio de Triana.

El perfil.

El mismo perfil exacto.

Elena cerró el expediente y miró por la ventana de su despacho. Madrid en marzo tenía una calidad de luz diferente al otoño y al invierno: más alta, más directa, prometedora de algo que todavía no había llegado pero que se notaba que venía.

Llamó a Montoya.

—He leído el expediente Alondra.

—¿Y?

—Necesito más información sobre el entorno portuario de Sevilla. El puerto fluvial del Guadalquivir.

Una pausa breve.

—¿Crees que es el mismo sistema?

—Creo que merece la pena preguntar.

—¿Cuándo puedes salir?

Elena miró el mapa de la pared. La chincheta roja de A Coruña. La chincheta roja de Málaga. La amarilla que todavía no tenía en Sevilla.

—Dame dos días para cerrar lo que tengo aquí. Y el lunes salgo.

—De acuerdo.

Colgó. Se sentó en la silla y abrió el expediente de nuevo. La foto de la chica de Sevilla estaba en la primera página: pelo castaño y liso, ojos grandes, una sonrisa que en la foto de presentación del expediente era la misma que en las fotos de sus redes sociales: abierta, sin reservas.

Isabel Moreno. Veinte años. Bellas Artes. Triana.

Anotó el nombre en el cuaderno.

Era el principio de otra cosa.

Siempre había otra cosa.