Mareas de Sangre Capítulo 56
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Capítulo 56

Europol entra

La conexión con Europol se estableció el miércoles de la semana siguiente. Elena había mandado la solicitud de coordinación a través de los canales de la UDEV y Montoya había movido las piezas en Madrid para que llegara al nivel de respuesta adecuado.

El oficial de enlace de Europol que respondió era una mujer llamada Marta Klausberg, especialista en redes de trata con base en La Haya.

Habló con Elena por videoconferencia con esa eficiencia directa y ligeramente formal de los funcionarios europeos que están acostumbrados a trabajar en varios idiomas y que han desarrollado una manera de comunicarse que prescinde de los rodeos locales.

—El corredor que describe tiene similitudes con una red que estamos investigando desde hace dieciocho meses —dijo Klausberg.

—Llamamos al caso Operación Ámbar. Tiene ramificaciones en Francia, Bélgica, Países Bajos y Alemania.

Las víctimas que llegan al norte de Europa pasan por Bélgica como punto de redistribución.

—¿Tienen identificado al organizador en el norte?

—Tenemos un alias. En el norte lo llaman 'el Receptor'. Creemos que opera desde Amberes.

—El corredor del sur tiene a Quiroga. Podemos vincular a Quiroga con el norte si su información sobre los destinos es correcta. ¿Sería posible comparar las rutas?

—Más que posible. Necesario. Si Quiroga da información sobre los destinos en el norte, puede ser la pieza que nos ha faltado para identificar al Receptor.

La coordinación con Europol transformó el caso de una investigación nacional en algo más grande.

Y con esa ampliación llegaron recursos: acceso a bases de datos que la UDEV no tenía directamente, contactos con unidades policiales en cuatro países, y la posibilidad de construir una investigación que cerrara el corredor en ambos extremos, no solo en el sur.

Elena pasó dos días trabajando con Klausberg de manera remota, construyendo el mapa conjunto de las rutas. Lourdes Cano participó en la parte financiera. Soto en los datos de comunicaciones.

Lo que emergió era un corredor que tenía la estructura de un árbol: raíces en el norte de África, tronco en los puertos del sur de España y el Mediterráneo occidental, ramas que se extendían hacia el norte de Europa. Quiroga era el nudo donde el tronco se dividía en ramas.

La cooperación de Quiroga, cuando llegó, fue más completa de lo que Elena había esperado. El hombre había calculado que la escalada internacional del caso hacía que su posición fuera indefendible sin aportar algo de valor real.

Lo que aportó fueron dos nombres en Bélgica y uno en Países Bajos que la investigación de Europol pudo cotejar con sus datos existentes. El de Bélgica coincidió con una empresa en el radar de la policía federal belga desde hacía dos años.

—¿Es el Receptor? —preguntó Elena a Klausberg cuando le mandó la comparación.

—Es alguien conectado al Receptor. Puede que sea él mismo con un nombre diferente al que conocíamos, o puede que sea un intermediario de alto nivel.

—¿Cuánto tiempo tardaríais en determinar eso?

—Con la nueva información: semanas, no meses.

Elena asintió. Semanas era un avance enorme respecto a donde estaban.

En Madrid, Montoya recibía el parte diario con la expresión de quien empieza a ver que algo que parecía muy complicado está encontrando su forma.

—Buen trabajo, Elena —le dijo en la llamada del miércoles. —Buen trabajo de todo el equipo.

—El equipo —dijo ella. Y lo decía en serio.