Mareas de Sangre Capítulo 49
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Capítulo 49

El ordenador habla

Soto llamó a las once y media de la noche con la voz de quien lleva catorce horas frente a una pantalla y ha encontrado lo que buscaba.

—El ordenador de la finca tiene tres carpetas relevantes que me ha costado descifrar porque estaban con una encriptación básica pero suficiente para ralentizarme.

La primera es la hoja de cálculo que ya viste.

La segunda son comunicaciones cifradas con cuatro interlocutores diferentes.

La tercera es un directorio de 'propiedades'.

—¿Propiedades?

—Así lo llama el archivo. Es un listado de inmuebles. Con coordenadas GPS, descripción del tipo de espacio y una columna que dice 'capacidad'. Hay doce entradas.

—¿Cuántas en el sur de España?

—Cinco. Dos en Málaga, que ya conocemos: la finca de los Montes y la delegación de Almería. Dos más en las provincias de Granada y Jaén. Y una en Cádiz.

—¿Cádiz?

—Un almacén en el puerto de Algeciras. Con anotación: 'Tránsito. Capacidad 10.'

Elena miró el techo de la habitación del hotel.

Algeciras. El puerto de Algeciras era el segundo puerto más grande de España y uno de los mayores de Europa, con movimiento constante de mercancías y personas entre Europa y África.

Era el umbral del Estrecho. Si ibas a sacar personas de España hacia el norte de África o hacia otros destinos fuera del territorio nacional, Algeciras era el punto lógico.

—¿Cuándo fue la última actividad anotada en el almacén de Algeciras?

—Hay una anotación en la hoja de cálculo que dice 'Algeciras. Recepción. Mañana.' La fecha de la anotación es de anteayer.

Anteayer. Las personas que habían movido de la finca de Málaga y del almacén de Almería.

—Mañana era ayer —dijo Elena.

—Sí. Técnicamente, 'mañana' en la anotación era ayer.

Lo que significaba que el almacén de Algeciras había recibido una entrega ayer. Y que si Lucía Andrade estaba entre las personas movidas, podía estar en Algeciras ahora mismo.

Elena salió de la cama.

—Soto. Necesito que localices las coordenadas exactas de ese almacén en Algeciras y que las mandes al inspector de la UDEV de Cádiz ahora. Ahora mismo. Dile que es urgente y que lo coordine con la UDEV de Málaga.

—Tengo el número del inspector de Cádiz. Llamo yo directamente.

—Hazlo.

Llamó a Salinas.

—Salinas. El rastro lleva a Algeciras. Un almacén en el puerto. Mándame a Herrera en coche ahora mismo, salimos hacia allí en cuanto llegue.

—Son tres horas desde donde estás.

—Lo sé.

—¿Quieres que yo también vaya?

Elena pensó. Sí quería. Pero Salinas era el coordinador local y si había que seguir moviendo piezas en Málaga necesitaba que alguien con autoridad estuviera allí.

—Quédate y coordina. Herrera conmigo. Y contacta con la UDEV de Algeciras para que tengan un equipo listo al amanecer. No se mueven sin mí.

Empezó a meter las cosas en la maleta.

Algeciras.

El Estrecho.

Si Lucía Andrade todavía estaba en España, estaba en Algeciras.

Y si no actuaban antes de que abriera el corredor del Estrecho, no iba a seguir estándolo.