Capítulo 48
La llamada de Mateo
El teléfono de Elena sonó a las nueve de la noche, cuando estaba en la habitación del hotel de Almería revisando los datos que Soto había enviado sobre el ordenador de la finca. Era el número de Mateo Iglesias.
Lo dejó sonar dos veces antes de coger. No por protocolo sino porque necesitó un segundo para salir del estado en que estaba, que era ese estado de concentración total donde el mundo exterior desaparece.
—Mateo.
—Elena. —La voz del forense tenía algo diferente al tono habitual. No urgencia exactamente. Algo más parecido a la concentración de quien va a decir algo importante. —Sé que estás en mitad de todo. Pero tengo algo.
—Dime.
—He estado revisando las muestras de ADN del almacén cuatro de A Coruña con los nuevos perfiles que han llegado de las víctimas rescatadas en Málaga. —Una pausa. —Hay una coincidencia que no habíamos identificado antes.
Elena se incorporó en la silla.
—¿Qué coincidencia?
—Una de las muestras del almacén cuatro, la que no coincidía con Irina Kovacs ni con ninguna otra víctima identificada hasta ahora. La hemos comparado con el perfil de ADN de referencia que facilitó la familia de Lucía Andrade al inicio de la investigación.
Silencio en la habitación de Elena.
—Coincide —dijo Iglesias. —Lucía Andrade estuvo en el almacén cuatro. Lo que confirma que pasó por el sistema en A Coruña.
—Ya lo sabíamos con casi certeza.
—Sí. Pero hay algo más. He comparado la muestra con la temperatura de degradación del material biológico, lo que me permite estimar cuándo se depositó. —Pausa. —La muestra de Lucía se depositó hace entre ocho y doce días. No al inicio de su desaparición.
Elena hizo el cálculo. Entre ocho y doce días atrás, contando desde hoy, era después de que el sistema la hubiera tenido durante al menos cinco o seis días. Lo que significaba que Lucía había pasado por el almacén de A Coruña más tarde de lo que pensaban.
—Eso cambia el calendario de sus movimientos.
—Exacto. Lo que a su vez cambia el tiempo estimado que lleva en el corredor sur. Si pasó por A Coruña hace diez días, puede llevar menos tiempo en el sur de lo que calculabas.
Elena procesó esto. Menos tiempo en el sur. Lo que significaba que quizás no había llegado todavía a un destino final. Que todavía podía estar en España.
Carmen Reyes había dicho que Lucía seguía en España.
Ahora el ADN decía que era posible.
—Gracias, Mateo. Esto es importante.
—Ya lo sé. Por eso llamé aunque fuera tarde. —Una pausa más breve. —¿Cómo estás tú?
—Todavía bien.
—¿Sigues en Almería?
—Sí. Mañana no sé. Depende de lo que salga esta noche del ordenador de la finca.
—¿Puedo preguntarte una cosa que no tiene que ver con el caso?
—Puedes preguntar.
—Cuando esto termine, ¿vas a volver a Madrid directamente o tienes tiempo de pasar por A Coruña?
Elena tardó un segundo en responder.
—No lo sé todavía. Depende de muchas cosas.
—Ya. —No había decepción en la voz de Iglesias. Había la comprensión de alguien que entiende el peso de lo que la otra persona lleva. —Llámame si necesitas algo. O si no lo necesitas.
Colgó.
Elena se quedó mirando el teléfono durante un momento. Luego volvió a la pantalla con los datos de Soto.
Lucía Andrade había estado en el almacén de A Coruña hace diez días.
Carmen Reyes había dicho que seguía en España.
El ADN corroboraba que era posible.
El ordenador de la finca de Málaga estaba siendo analizado en ese momento.
Algo iba a aparecer. Tenía que aparecer.
Siguió trabajando.