Mareas de Sangre Capítulo 36
38%

Capítulo 36

La primera noche en Málaga

La noche de Málaga era diferente a la de A Coruña en una manera que Elena tardó un rato en articular: era más ruidosa.

No en el sentido negativo sino en el sentido de que la ciudad no se cerraba a sí misma cuando caía la oscuridad.

Había gente en la calle a las once de la noche con la naturalidad de quien vive en un lugar donde el invierno no cierra las aceras.

Elena cenó sola en un restaurante del barrio de la Trinidad, cerca del hotel donde la jefatura la había alojado.

Pidió pescado y una copa de vino blanco que bebió muy despacio, mirando la calle por el cristal del local.

Pensaba en el muelle siete y en el 'Mar Azul' y en cuándo volvería ese barco si es que volvía.

Llamó a Ferreiro a las diez.

—¿Cómo está Cuevas?

—Controlando. El proceso judicial de Seoane avanza. El fiscal ha pedido el ingreso en prisión preventiva y el juez lo decidirá mañana. —Una pausa. —El ADN del almacén cuatro ha dado dos coincidencias: Irina Kovacs y una segunda chica que todavía no hemos identificado.

—¿Y la cuarta mujer de Barrañán?

—Interpol sigue buscando coincidencia. Puede ser que no esté en ninguna base de datos. —Ferreiro hizo una pausa. —¿Y allí?

—Avanzando. El corredor llega aquí, Ferreiro. Tenemos el punto de llegada. Ahora necesitamos encontrar el punto de almacenamiento y distribución.

—¿Salamanca?

—Quizás. O quizás es más descentralizado de lo que pensamos. Algunas víctimas pueden quedarse en Málaga o sus alrededores.

Colgó y acabó el vino. Luego llamó a Salinas, que seguía en la jefatura.

—¿Hay novedades en el muelle siete?

—Quieto. Herrera está allí con dos agentes. No hay movimiento.

—Bien. Que Herrera avise si algo cambia.

Pagó y salió. Caminó hasta el hotel por el centro, por las calles del casco histórico que a esa hora tenían esa animación de fin de semana que en Málaga era prácticamente permanente. Turistas con mapas, grupos de jóvenes que entraban y salían de bares, parejas en las terrazas.

Pensó en Lucía Andrade. Diecisiete días. En algún lugar de ese espacio entre el norte y el sur. O aquí, en Málaga, o ya más allá.

El hotel estaba en la calle Molina Lario, a cinco minutos de la catedral.

Elena subió a la habitación y abrió el portátil para revisar los correos de Soto.

El analista había estado trabajando desde Madrid con los datos de las empresas de Quiroga y había encontrado algo interesante: en el registro de propietarios de vehículos a nombre de personas vinculadas a sus empresas, había una furgoneta con matrícula de Málaga que había sido detectada en cámara de tráfico en la A-4, entre Madrid y Córdoba, hace diez días.

Diez días atrás. Cuando Lucía llevaba siete días desaparecida.

La furgoneta iba en dirección sur.

Elena miró la pantalla durante un largo rato. Luego cerró el portátil y apagó la luz.

La furgoneta. Dirección sur. Diez días atrás.

Demasiado tarde para interceptarla en esa carretera. Pero no demasiado tarde para encontrar adónde fue.

Mañana.