Mareas de Sangre Capítulo 35
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Capítulo 35

El puerto del sur

El Puerto de Málaga era diferente al de A Coruña en todo lo que no era esencial.

Era más grande, más activo, más expuesto al sol y con esa mezcla de funcionalidad industrial y uso turístico que tiene los puertos mediterráneos: cruceros enormes atracados junto a barcos de carga, el palmeral del paseo portuario junto a las grúas de contenedores, tiendas de souvenirs a dos minutos de los almacenes frigoríficos.

Elena pasó tres horas en el puerto el segundo día, con Salinas y con una inspectora de la Capitanía Marítima llamada Beatriz Torres que llevaba ocho años en el cargo y conocía el puerto con la precisión de quien vive en él.

La inspectora Torres tenía los registros de entrada y salida de las últimas doce semanas. Los revisaron juntas en la oficina de la Capitanía, frente al muelle de contenedores.

—Estos son los que interesan —dijo Torres, señalando una serie de entradas en la hoja de registros. —Barcos de mediano tonelaje con bandera extranjera y carga declarada como materiales industriales. En los últimos tres meses, hay cuatro entradas que coinciden con el perfil.

Uno de los barcos se llamaba 'Mar Azul'.

Bandera maltesa. Había entrado en Málaga dos veces en los últimos tres meses.

En ambas ocasiones, la carga declarada era 'maquinaria de segunda mano'.

Y en ambas ocasiones, según Torres, el barco había permanecido en el muelle más tiempo del que correspondía a la descarga de ese tipo de carga.

—¿Cuánto tiempo más? —preguntó Elena.

—Entre cuatro y seis horas de media. —Torres bajó la voz, aunque no había nadie cerca.

—Hay una cosa más. El 'Mar Azul' solicita siempre el mismo muelle de atraque: el número siete del dique norte.

Ese muelle tiene una particularidad: la cámara de seguridad que lo cubre lleva averiada desde hace cuatro meses.

—¿Y no se ha reparado?

—Se ha solicitado la reparación dos veces. Según el departamento de infraestructuras de la Autoridad Portuaria, hay un problema con el proveedor. —Torres la miró directamente. —Yo no soy de las que creen en las coincidencias excesivas.

—Ni yo. —Elena anotó. —¿Quién gestiona el muelle siete del dique norte?

—La concesión del espacio es de una empresa de servicios portuarios. Se llama Servicios Malagueños de Carga S.L.

—¿Y detrás de esa empresa?

Torres hizo una pausa que hablaba por sí sola.

—No he profundizado en eso. No es mi área.

—¿Pero tiene una idea?

La inspectora Torres miró por la ventana el muelle de contenedores. Desde allí se veía el mar azul y tranquilo del Mediterráneo en noviembre, tan diferente del Atlántico que Elena había dejado atrás.

—Hay un empresario local cuyo nombre aparece en varias concesiones portuarias.

Un hombre con mucha presencia en el sector.

Si me pregunta si he visto ese nombre en algún documento relacionado con esa empresa, tendría que buscarlo.

Pero si me pregunta si ese nombre me sorprendería, la respuesta es no.

—¿Quiroga? —dijo Elena.

Torres la miró con algo que era entre alivio y aprensión.

—No me ha dicho ese nombre yo —dijo.

—No. Lo he dicho yo.

Cuando salieron de la Capitanía, Salinas estaba esperando junto al coche con el teléfono en la mano y una expresión que Elena ya reconocía como la del policía que acaba de recibir información relevante.

—Lourdes Cano tiene algo —dijo.

Volvieron a la jefatura a paso rápido. En la sala de operaciones, Lourdes Cano tenía tres pantallas abiertas y señalaba una columna de datos con el dedo.

—Servicios Malagueños de Carga S.L. —dijo, sin preámbulo.

—La empresa que gestiona el muelle siete del dique norte.

He tirado del hilo a través de los registros mercantiles.

Hay tres empresas intermedias, pero al final del árbol aparece como beneficiario efectivo un holding domiciliado en Luxemburgo. Y ese holding...

—¿Quiroga?

—No directamente. Pero el holding de Luxemburgo tiene a su vez participación en Distribuciones Atlántico Sur S.A. —Lourdes los miró a los dos. —Es el mismo beneficiario. Estructurado para que no se vea.

Elena miró el tablero.

El muelle siete, con la cámara rota. El 'Mar Azul'. Quiroga.

El corredor tenía un puerto de llegada en el sur.

—Necesito vigilancia sobre ese muelle a partir de esta noche —dijo. —Discreta. Sin presencia visible.