Mareas de Sangre Capítulo 29
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Capítulo 29

Rastro sur

El nombre llegó de tres fuentes distintas en las siguientes cuarenta y ocho horas, lo que en el trabajo de inteligencia es el umbral que distingue la coincidencia de la realidad.

La primera fuente fue Montoya, que activó los recursos de Madrid para buscar en las bases de datos.

Había dos hombres llamados Quiroga con actividad empresarial en el sector de la logística portuaria en Málaga.

El primero era Juan Quiroga, de sesenta y dos años, propietario de una empresa de transporte de mercancías por carretera con sede en el polígono industrial El Viso.

Sin antecedentes. Perfil completamente ordinario.

El segundo era Esteban Quiroga Medina, de cincuenta y cuatro años. Y el perfil de Esteban Quiroga Medina no era ordinario en absoluto.

Esteban Quiroga era el propietario de Distribuciones Atlántico Sur S.A.

, una empresa de logística y distribución con sede en Málaga que operaba en varios puertos del sur de España y norte de África.

Era también el propietario de al menos cuatro empresas más, domiciliadas en distintos países de la Unión Europea, que gestionaban desde servicios de mantenimiento portuario hasta importación de productos agrícolas.

No tenía antecedentes penales en España.

Pero sí había aparecido en un informe de la Oficina Nacional de Investigación del Fraude cinco años atrás en relación con posibles irregularidades en contratos de concesión portuaria.

El informe había sido archivado por falta de evidencias suficientes para continuar.

La segunda fuente fue inesperada: Mira, la chica albanesa que había sido rescatada del 'Estrella del Sur' y que el doctor Iglesias había conseguido convencer para que hablara.

Mira había pasado dos años moviéndose de un punto a otro del corredor.

En ese tiempo había escuchado, en conversaciones que no iban dirigidas a ella pero que oyó de todos modos, el nombre 'Quiroga' mencionado dos veces.

Siempre en relación con Málaga. Siempre con un tono de respeto que en ese contexto significaba miedo.

La tercera fuente fue Benigno Losada, llamando desde Carballo al número de Elena a las seis de la mañana del domingo.

—El hombre del que le hablé —dijo Benigno, sin ningún preámbulo.

—El amigo que me mandó el mensaje con el nombre de la empresa en Salamanca.

Antes de desaparecer, me había hablado de alguien.

Un hombre del sur con el que habían tenido contacto.

Lo llamaba 'el andaluz'. Decía que tenía clase, que no era de los que ensuciaban las manos directamente.

Decía que lo conoció una vez, en una cena en Málaga.

—¿Le dio un nombre?

—Quiroga.

Tres fuentes. El mismo nombre.

Elena pasó el domingo organizando lo que sabía sobre Esteban Quiroga Medina en el cuaderno y en la pantalla de Soto. Era suficiente para saber en qué dirección mirar. No era suficiente para moverse sobre él.

Pero había algo más. Algo que le importaba más que el nombre en ese momento.

Lucía Andrade llevaba catorce días desaparecida.

La media de supervivencia en casos de trata activa era difícil de calcular porque dependía de demasiadas variables. Pero Elena sabía que a las dos semanas, si la víctima no había sido movida ya a un destino final, la ventana se estrechaba. Se estrechaba mucho.

Llamó a Ferreiro.

—¿Ha habido algún movimiento en los seguimientos de la red local desde la detención de Seoane?

—Las comunicaciones intervenidas han bajado mucho. Los que quedan en activo están usando sistemas cifrados que necesitamos tiempo para analizar.

—¿Xavier Pedrosa ha dado más información?

—Está en proceso de negociación con el fiscal. Todavía no ha dado datos operativos.

Elena miró el mapa. A Coruña en el norte. Málaga en el sur. Más de mil kilómetros de costa y autopistas entre los dos puntos.

—Ferreiro. Lucía Andrade puede estar en el corredor. Entre A Coruña y donde sea que la lleven. Si el corredor funciona de norte a sur, en algún punto de ese trayecto está.

—Salamanca —dijo Ferreiro. —El punto de redistribución que mencionó Losada.

—Salamanca. O puede que ya haya pasado.

—¿Y si ya ha pasado?

Elena pensó en lo que eso implicaba: Lucía en Málaga, esperando a ser distribuida más lejos. O ya distribuida. O peor.

—Si ya ha pasado —dijo Elena— entonces necesito llegar a Málaga.

—¿Cuándo?

—Lo antes posible.

Colgó y fue a buscar a Montoya para decírselo. Había llegado el momento de pedir el traslado del centro operativo hacia el sur. El caso se movía. Y Elena tenía que moverse con él.