Capítulo 28
Seoane habla
La segunda conversación con Seoane fue diferente.
Se produjo cuatro horas después de la primera, a última hora del sábado, cuando el abogado defensor había recibido la segunda oleada de documentación que el equipo de Soto había preparado durante el día: los registros bancarios expandidos, los análisis de las comunicaciones interceptadas en las últimas semanas y, crucialmente, el resultado preliminar del análisis de ADN de las muestras del espacio oculto del almacén.
Las muestras del almacén contenían ADN de al menos cuatro individuos diferentes. Uno de esos perfiles de ADN coincidía con el de Irina Kovacs.
Irina Kovacs había estado en ese almacén.
El abogado de Seoane pidió una pausa de cuarenta y cinco minutos para 'revisar con su cliente la documentación nueva'.
Elena concedió la pausa y se fue a tomar un café en la cafetería de la planta baja de la jefatura.
Se lo tomó sola, mirando la calle por la ventana, organizando en su cabeza lo que iba a decir cuando volviera a la sala.
Cuando regresaron, la dinámica había cambiado. No dramáticamente, no del modo en que cambia en las películas con una confesión súbita y emocionada. Sino de la manera en que cambia cuando un hombre calculador recalcula y llega a conclusiones diferentes.
—Mi cliente está dispuesto a cooperar dentro de ciertos límites —dijo el abogado. —A cambio de que se considere su posición de manera favorable en el desarrollo del proceso.
—Eso no depende de mí —dijo Elena. —Depende del fiscal y del juez. Pero cooperar siempre es mejor que no cooperar. Eso es lo único que puedo garantizar.
El abogado miró a Seoane. Seoane asintió una vez, muy despacio.
Lo que dijo Seoane en las siguientes dos horas fue suficiente para corroborar la estructura que Elena había estado construyendo, aunque no fue suficiente para llegar adonde Elena quería llegar.
Sí: había participación de sus empresas en el sistema de transporte.
No en el nivel de captación ni de destino, según él, sino en el nivel de logística marítima: algunos de sus barcos habían sido utilizados para transportar personas sin su conocimiento formal, aunque admitió que 'podría haber prestado menos atención de la que debería' a ciertas operaciones.
El lenguaje era el lenguaje del que coopera mientras protege lo que puede.
—¿Quién es el Armador? —preguntó Elena cuando consideró que había dejado pasar suficiente tiempo desde el inicio de la conversación.
Seoane y su abogado se miraron.
—Mi cliente no conoce personalmente al sujeto conocido por ese nombre —dijo el abogado.
—¿Pero sabe quién es?
Nueva mirada entre abogado y cliente.
—Mi cliente tiene una idea basada en conversaciones e informaciones indirectas. No tiene conocimiento probado.
—Sus ideas me interesan.
Seoane apoyó los codos en la mesa y se pasó las manos por la cara. Era el primer gesto no calculado que Elena le veía hacer.
—El hombre al que llaman el Armador —dijo— no es de A Coruña. O no siempre. Coordina el corredor desde el sur. Desde Málaga.
—¿Un nombre?
—Un nombre que oí en una conversación hace dos años. Un hombre que tiene negocios en Málaga y que tiene contactos en el mundo político que le proporcionan protección operativa. —Hizo una pausa. —El nombre que oí fue Quiroga.
Elena lo anotó sin dejar ver en su expresión la magnitud de lo que acababa de escuchar.
—¿Más información sobre Quiroga? ¿Nombre completo, empresa, actividad declarada?
—Solo el apellido. Y que tiene negocios de logística en el puerto de Málaga.
—¿Y qué hace usted con la información que recibe de Quiroga?
—Yo no hablo con Quiroga. —Seoane levantó la vista. —Quiroga habla a través de intermediarios. Siempre.
—¿A través del concejal Pampín?
El abogado se incorporó.
—Mi cliente no tiene información sobre el concejal Pampín.
Pero Seoane no negó. Y su silencio fue una respuesta.
Elena cerró el cuaderno.
—Quiroga. Málaga. Logística portuaria. —Se levantó. —Señor Seoane, si lo que me ha dicho es correcto, cooperar le conviene. Si es falso o incompleto, le perjudica. Considérelo.
Salió de la sala. En el pasillo, llamó a Montoya.
—Rodrigo. Necesito que en las próximas veinticuatro horas me prepares todo lo que haya en bases de datos sobre un hombre llamado Quiroga, posiblemente con negocios de logística en el puerto de Málaga. Todos los Quirogas con ese perfil.
—¿Fiable la fuente?
—Seoane. Que coopera a medias. Pero el nombre tiene consistencia con todo lo demás.
—Te lo tengo en veinticuatro horas.
Elena colgó y miró el pasillo vacío.
Quiroga. El Armador.
El sur.