Capítulo 24
Código rojo
Montoya llamó a las ocho de la tarde con el tono de los peores días.
—Tengo presión desde tres frentes distintos —dijo, sin preámbulo. —El Ministerio, la Delegación del Gobierno en Galicia y el Ayuntamiento de A Coruña. Los tres han llamado hoy al director general. Los tres han mencionado tu investigación.
Elena estaba en la sala de operaciones, revisando el análisis de las comunicaciones del 'Estrella del Sur'. Se levantó y salió al pasillo.
—¿Qué quieren exactamente?
—Información sobre el estado del caso, el alcance de las investigaciones en curso y si hay alguna implicación de personas en posiciones institucionales. Eso último lo han preguntado los tres, con palabras distintas pero el mismo significado.
—Lo que significa que alguien que conoce el estado de la investigación los ha avisado.
—Eso significa exactamente. Elena, necesito saber qué tienes.
Ella valoró en medio segundo cuánto compartir.
—Tengo una red de trata operando desde el puerto de A Coruña con conexiones en el Mediterráneo. Tengo ocho víctimas rescatadas del 'Estrella del Sur', barco que aparece vinculado a una empresa cuya titularidad lleva al hermano de un concejal del Ayuntamiento.
Silencio del otro lado de la línea.
—¿Gerardo Pampín? —dijo Montoya, que había hecho sus propios deberes.
—Su hermano Francisco, como administrador de la empresa. La conexión con el concejal es indirecta pero existe.
—¿Tienes algo probatorio sobre el concejal directamente?
—Todavía no.
—Entonces no lo toques. Absolutamente nada que pueda parecer que vas a por él sin evidencias sólidas. —La voz de Montoya era firme. —Elena, si esto llega a los medios antes de que tengas un caso construido, se convierte en guerra política y el caso se pierde entre los abogados.
—Lo sé.
—¿Sabes también que si el concejal o sus contactos creen que estás a punto de llegar a ellos, puede acelerarse cualquier plan que tengan de mover a Lucía Andrade?
Elena se detuvo en el pasillo.
—Sí. Lo sé.
—¿Cuánto tiempo necesitas para consolidar el caso?
—Una semana. Si tengo los recursos.
—¿Qué más necesitas?
—Acceso a los registros de Galicia Náutica S.L.
directamente, sin pasar por el juzgado local.
Prefiero usar el Juzgado Central de Instrucción en Madrid para los próximos pasos.
Y necesito que el caso se eleve formalmente a nivel de investigación de crimen organizado, lo que nos da más margen operativo.
—Lo del Juzgado Central puede organizarse. Lo de la elevación formal también, pero me lleva veinticuatro horas.
—Acepto veinticuatro horas.
—Y Elena. —La voz de Montoya bajó un tono. —Ten cuidado con los movimientos en la jefatura de allí. La presión que he recibido hoy ha sido demasiado rápida para no tener información de primera mano.
—Hay un filtrón. Estoy en ello.
—¿Tienes sospecha?
—Todavía no. Pero tengo un método para identificarlo.
Colgó y volvió a la sala de operaciones. Ferreiro la miró con una pregunta en los ojos que no verbalizó.
—Mañana por la mañana —le dijo Elena en voz baja— voy a poner en circulación una información falsa. Solo entre el personal de la jefatura que tiene acceso a esta sala. La información será diferente para cada persona. Si esa información llega a la calle, sabremos de quién vino.
Ferreiro procesó esto.
—¿Qué tipo de información?
—Algo que parezca relevante pero que no comprometa el caso si sale. Que vamos a ejecutar un registro en una dirección concreta, por ejemplo. Diferente dirección para cada persona. Si el registro filtrado llega a alguien de fuera, la dirección nos dice quién filtró.
—Es un método clásico.
—Los métodos clásicos funcionan.
Ferreiro asintió.
—¿Confías en mí? —preguntó.
Elena lo miró. Era una pregunta simple con un peso considerable.
—Si no confiara en ti, esta conversación no habría ocurrido —dijo.
Fue a su mesa y abrió el cuaderno. Escribió cuatro versiones de la misma información falsa, con cuatro direcciones distintas, para distribuir mañana de manera aparentemente casual entre los cuatro miembros de la jefatura local que tenían acceso a la sala de operaciones.
Uno de ellos era un topo.
Mañana lo sabría.