Capítulo 21
Noche en el puerto
La operación de abordaje del 'Estrella del Sur' fue coordinada desde el Centro de Coordinación de la Guardia Civil del Mar en A Coruña en un tiempo récord que habría sido imposible sin la combinación de la urgencia del caso y el peso de la firma de la jueza en el auto.
A las nueve de la noche, dos patrulleras de la Guardia Civil del Mar interceptaron el carguero a nueve millas náuticas de la costa.
Elena no pudo ir al abordaje. No era su jurisdicción sobre el agua. Se quedó en el Centro de Coordinación, de pie frente a las pantallas de radio y GPS, escuchando las comunicaciones con las patrulleras. Ferreiro estaba a su lado. Soto, detrás, registrando todo.
El abordaje fue tenso pero sin incidentes graves. El capitán del 'Estrella del Sur', un hombre llamado Dmitri Andreev, de nacionalidad ucraniana, protestó verbalmente pero no opuso resistencia física. La tripulación, diecisiete personas, fue reunida en cubierta.
El registro empezó a las nueve y cuarenta y dos.
Elena escuchaba las comunicaciones con esa tensión silenciosa que es la peor, la de esperar noticias que pueden ser de cualquier tipo.
El sargento Morales, que dirigía el equipo de abordaje, iba narrando lo que encontraban con la frialdad profesional de quien ha visto suficientes barcos como para no sorprenderse con facilidad.
—Bodega principal: materiales cerámicos, coincidente con el manifiesto declarado. Bodega secundaria: maquinaria de segunda mano, no declarada pero sin elementos de alerta. Cámara de frío: vacía. Zona de camarotes de tripulación: en orden.
Elena cerró los ojos.
—Hay un espacio —dijo Morales, y algo en su voz cambió. —Hay una trampilla en el suelo de la bodega secundaria. Estamos abriendo.
Silencio en el Centro de Coordinación. Solo la estática de la radio.
—Aquí hay gente —dijo Morales, y ahora su voz tenía esa tensión que no es alarma sino la concentración máxima antes de actuar. —Repito: hay personas en el espacio bajo la trampilla. Solicitamos asistencia médica urgente en cubierta.
Elena abrió los ojos. Miró a Ferreiro.
—¿Cuántas? —dijo al micrófono.
—Contando... —Pausa. —Ocho. Hay ocho mujeres. Estado de salud aparentemente variable, algunas en buen estado, otras con signos de hipotermia y deshidratación.
—¿Hay identificación?
—Están siendo evaluadas por el médico de abordo. —Otra pausa, más larga. —Inspectora. Hay una de ellas que ha preguntado por su nombre. Dice que se llama Irina.
Elena dejó escapar el aire que no sabía que había estado reteniendo.
—¿Y Lucía? ¿Hay una Lucía entre ellas?
La pausa fue más larga esta vez.
—Negativo. Entre las ocho mujeres no hay ninguna que responda a ese nombre o coincida con la descripción que tenemos de Lucía Andrade.
Ocho mujeres. No Lucía.
Elena apoyó los nudillos en la mesa de control frente a ella y miró las pantallas. El alivio de que Irina estuviera viva se mezclaba con el peso renovado de que Lucía seguía sin aparecer.
—El capitán Andreev y toda la tripulación quedan detenidos. —Su voz era firme cuando habló al micrófono. —Traigan el barco a puerto. Quiero acceso a toda la documentación de navegación en las últimas cuatro semanas.
—Entendido.
Ferreiro puso una mano brevemente en su hombro y la retiró. Era un gesto contenido, de los que no necesitan palabras.
—Irina está viva —dijo.
—Irina está viva —repitió Elena. —Y hay siete mujeres más que alguien estará buscando. Mañana a primera hora necesito un equipo de traducción e intérpretes. Vienen de varios países, a juzgar por lo que describe Morales.
—Lo organizo ahora.
La noche siguiente fue de trabajo continuo.
El 'Estrella del Sur' atracó en el puerto de A Coruña a las once y media.
Las ocho mujeres fueron trasladadas a una unidad médica habilitada de urgencia en el hospital Juan Canalejo.
Dos de ellas necesitaron atención urgente por hipotermia.
El resto estaban físicamente en condición aceptable pero en estado de shock psicológico.
El capitán Andreev declaró ante Elena a las dos de la mañana, con abogado presente.
Habló en inglés con tono monocorde, sin emociones visibles.
Dijo que no sabía nada de ningún cargamento humano, que él solo transportaba lo que el propietario del barco le indicaba, y que el espacio bajo la trampilla no estaba en los planos que él conocía del barco.
Mentía. Elena lo sabía. Pero tenía suficiente experiencia para saber que no iba a sacarle más esa noche.
Lo que sí le sacó, sin que él se diera cuenta de que se lo estaba dando, fue el nombre del propietario del barco.
El 'Estrella del Sur' pertenecía a una sociedad marítima domiciliada en Malta. Pero la sociedad de Malta pagaba sus honorarios de gestión a una empresa española de logística marítima.
La empresa española se llamaba Galicia Náutica S.L.
El hermano del concejal Pampín.