Mareas de Sangre Capítulo 16
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Capítulo 16

El político

El sábado no era día de descanso. Los sábados en el puerto lo eran todavía menos, porque el movimiento de mercancías no conoce festivos y las operaciones que convenía observar sin que nadie lo advirtiera eran más fáciles de camuflar en los días en que la vigilancia oficial baja un peldaño.

Elena pasó la mañana en la sala de operaciones con Soto, revisando los datos de las intervenciones telefónicas.

Xavier Pedrosa había hecho tres llamadas en las últimas cuarenta y ocho horas que eran de interés: una a su tío Javier, en la que mencionaba que 'había estado la policía de Madrid' y que 'todo estaba controlado'; una segunda llamada a un número no identificado que duró diecisiete segundos y en la que solo se podía escuchar a Xavier decir que sí dos veces; y una tercera llamada al número no identificado, esa mañana, en la que se escuchaba decir, en voz muy baja: 'No la van a parar. Esta inspectora no va a parar.'

La última llamada era importante por dos razones. Primera: confirmaba que Xavier sabía más de lo que había admitido en el interrogatorio. Segunda: daba a entender que había reportado la presencia de Elena a alguien con autoridad sobre él. Alguien que estaba preocupado por la investigación.

El número no identificado correspondía a un teléfono de prepago que había sido activado hacía cuatro meses y que no tenía ningún registro de uso anterior a esas llamadas.

Soto estaba rastreando la celda desde la que se había hecho la llamada de esa mañana. El análisis de metadatos indicaba que el teléfono se había conectado desde una zona que abarcaba el centro de A Coruña y parte del barrio de Os Mallos.

—Dame el triángulo exacto de celdas —le dijo Elena a Soto.

—Lo estoy calculando. Dame veinte minutos.

En esos veinte minutos, Elena fue a hablar con Ferreiro, que estaba trabajando en su mesa con un café frío y dos carpetas abiertas.

—¿Has encontrado algo sobre los viajes de Pampín?

—Algo. —Ferreiro abrió una de las carpetas.

—Gerardo Pampín ha realizado en los últimos dos años cuatro viajes al extranjero declarados como viajes de representación institucional.

Dos a Bruselas, para reuniones de la Comisión Europea de Asuntos Marítimos.

Uno a Hamburgo, para una conferencia de puertos europeos.

Y uno a Málaga, en abril de este año, para lo que declaró como una 'jornada de cooperación interportuaria'.

—Málaga —repitió Elena.

—Málaga. El viaje duró cuatro días. El programa oficial solo tenía actividades el primer día. Los tres días siguientes no están documentados en la agenda institucional.

Elena miró al techo durante un segundo.

—¿Quién organizó el viaje?

—La secretaría del Ayuntamiento, formalmente.

Pero hay un correo interno que Cuevas encontró en los registros públicos del Ayuntamiento, algo que se publicó por error en el boletín de transparencia y que todavía no ha sido retirado, en el que se menciona que el viaje a Málaga fue coordinado a través de una empresa de eventos llamada Conexión Sur.

—¿Conexión Sur?

—Empresa domiciliada en Málaga. Se dedica supuestamente a la organización de eventos corporativos y congresos. Lleva tres años operando.

Elena escribió el nombre en su cuaderno.

—¿Y quién está detrás de Conexión Sur?

—Dos socios. Uno es un hombre sin antecedentes relevantes, perfil de empresario local. El otro... —Ferreiro hizo una de sus pausas calculadas. —El otro se llama Enrique Vals, y tiene antecedentes por falsificación de documentos y un proceso sobreseído por blanqueo de capitales hace cinco años.

—Un proceso sobreseído. —Elena anotó el nombre. —¿Por qué sobreseído?

—El fiscal retiró los cargos por insuficiencia de pruebas. El abogado defensor en ese caso fue... —Ferreiro la miró. —Una abogada de Málaga llamada Carmen Reyes.

Soto gritó desde su terminal al otro extremo de la sala.

—¡Tengo el triángulo de celdas! El teléfono de prepago que recibió las llamadas de Xavier Pedrosa se conectó esta mañana desde un triángulo que incluye la calle Mayor, el Paseo del Parrote y el comienzo de la calle de Juana de Vega.

Elena se acercó al mapa que Soto tenía en pantalla. El triángulo indicado incluía varios edificios institucionales.

También incluía el edificio del Ayuntamiento de A Coruña.

Los tres miraron el mapa en silencio.

—No es una prueba —dijo Elena finalmente.

—No —coincidió Ferreiro.

—Pero es suficiente para mirar en esa dirección.

Sacó el teléfono y llamó a Montoya. Esta vez sí iba a contárselo. El caso había llegado a un punto en que guardar demasiado en la libreta era más peligroso que compartirlo.

—Rodrigo. Tengo una novedad que va a complicar las cosas.

—¿Cuánto?

—Nivel político local. Posiblemente más arriba.

Una pausa.

—Dame cinco minutos, me salgo de una reunión.

Elena esperó de pie junto a la ventana, mirando el cielo de A Coruña. La lluvia había parado pero el cielo seguía siendo de ese gris compacto que sugería que era solo una tregua.

Pensó en Lucía Andrade. Diez días desaparecida. Diez días.

El tiempo que quedaba, si es que quedaba tiempo, se estaba acabando.