Marea indómita Capítulo 16
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Capítulo 16

La habitación del hostal está en penumbra, solo iluminada por la luz anaranjada de una farola del puerto que se filtra entre las cortinas entreabiertas.

El aire huele a sal, a madera y al propio aroma de sus cuerpos.

Jimena está arrodillada sobre la cama, completamente desnuda, con el pecho aplastado contra el colchón y la cara hundida en la almohada de nuevo.

Mar la penetra por detrás con un ritmo profundo y posesivo, sujetándola con fuerza por las caderas mientras toma el control.

Jamás pensó que verse así de sumisa, iba a gustarle tanto.

Cada embestida hace que el cuerpo de Jimena se sacuda hacia delante.

Sus gemidos quedan ahogados contra la almohada, que muerde con fuerza entre los dientes, mientras Mar gruñe por lo bajo, con la voz ronca de deseo.

Sus manos se clavan en la carne de las caderas de la arquitecta, atrayéndola hacia sí con cada golpe de pelvis.

Los dedos de Mar entran y salen húmedos, empujando hasta el fondo, haciendo temblar todo el cuerpo de Jimena.

—Joder, Jimena… así, córrete —murmura Mar entre dientes, sin dejar de penetrarla con fuerza.

Jimena solo puede gemir. Siente las tetas aplastadas contra las sábanas, los pezones duros rozando la tela, y el clítoris hinchado. Mar se inclina sobre ella, cubriendo su espalda y le muerde el hombro con fuerza antes de susurrarle al oído, sin dejar de follarla:

—¿Te gusta que te lo haga así, eh?

Jimena asiente desesperada contra la almohada.

Un gemido largo y ahogado sale de su garganta cuando Mar acelera el ritmo, follándola más rápido.

El sonido húmedo de sus cuerpos chocando llena la habitación.

Mar desliza una mano por debajo del cuerpo de Jimena y le pellizca un pezón, tirando de él mientras sigue embistiéndola.

Con la otra mano le agarra el pelo y tira hacia atrás, obligándola a levantar la cara de la almohada.

—Quiero oírte —ordena—. Dime a quién pertenece este coño.

—A ti… joder, Mar… es todo tuyo —jadea Jimena, con la voz rota de placer.

Mar sonríe con satisfacción y la suelta, dejando que Jimena vuelva a hundir la cara.

La capitana se incorpora un poco, sujetándola por la cintura con ambas manos, y empieza a follarla con estocadas largas y poderosas, saliendo casi por completo para volver a hundirse en ella hasta el fondo.

Cada vez que entra, Jimena siente cómo se abre para ella, cómo su cuerpo la acepta por completo, caliente y resbaladizo.

—Así… así… no pares —suplica Jimena.

Mar le da una palmada fuerte en el culo, luego otra, y otra más. La piel de Jimena enrojece bajo sus manos mientras la capitana gruñe de placer al ver cómo tiembla su carne con cada impacto.

—No sé cómo lo has conseguido, pero… me vuelves loca —dice Mar, acelerando todavía más el ritmo.

El sudor resbala por la espalda de ambas. Jimena tiene los nudillos blancos de tanto apretar las sábanas. Siente que está al borde. Mar lo nota en cómo el coño se le contrae. Desliza una mano hacia delante y le frota el clítoris hinchado, en círculos rápidos.

—Aguanta un poco, arquitecta —le ordena Mar, ralentizando el ritmo solo para torturarla—. Quiero que te corras cuando yo te diga.

Jimena solloza de placer, mordiendo la almohada con fuerza. Su cuerpo tiembla, al límite. Mar sigue follándola, rozando todos los puntos sensibles dentro de ella. Le separa más las rodillas con las suyas, abriéndola completamente, y vuelve a penetrarla con fuerza.

—Ahora —gruñe Mar—. Córrete para mí.

Jimena estalla, y el orgasmo la atraviesa como un relámpago.

Grita contra la almohada. Su coño se contrae violentamente alrededor de los dedos de Mar, que sigue follándola sin piedad mientras dura el clímax.

Las piernas de Jimena tiemblan sin control.

Mar la sujeta con fuerza para que no se desplome.

—Eso es… —susurra Mar, sin dejar de moverse dentro de ella, alargando el placer.

Cuando los espasmos de Jimena empiezan a calmarse, Mar sale de ella lentamente.

La gira con facilidad y la coloca boca arriba.

Jimena tiene los ojos vidriosos, las mejillas enrojecidas y los labios hinchados de tanto morder la almohada.

Mar se tumba sobre ella, besándola con hambre, mordiéndole el labio inferior y metiéndole la lengua.

Baja por su cuerpo, besando y mordiendo cada pedazo de piel que se encuentra: cuello, clavícula, el hueco entre sus pechos…

Se detiene en sus pezones, chupándolos con fuerza, tirando de ellos con los dientes y luego lamiendo en círculos lentos.

Jimena arquea la espalda, gimiendo, y le agarra la cabeza para apretarla más contra su pecho.

Mar continúa bajando, dejando un rastro de besos húmedos por su vientre hasta llegar a su coño empapado y sensible.

Sin darle tregua, Mar le separa los muslos con las manos y hunde la cara entre sus piernas. La lame con avidez, saboreando su corrida, metiendo la lengua dentro de ella y luego subiendo a chuparle el clítoris. Jimena enreda los dedos en el pelo corto de Mar, tirando de él mientras gime sin control.

—Mar… joder… sí… ahí……

Mar gruñe contra su sexo e introduce dos dedos. La folla mientras le chupa el clítoris sin piedad. Jimena se retuerce, pero Mar la sujeta por las caderas, inmovilizándola contra la cama.

—No, no. Pienso arrancarte otro gemido —dice, antes de continuar.

Y lo hace. El segundo orgasmo llega más rápido, más intenso. Jimena grita, arqueándose, apretando la cabeza de Mar contra su coño mientras se corre en su boca. Mar no para hasta que Jimena queda temblando, exhausta.

Solo entonces Mar sube y la besa, compartiendo su propio sabor. Jimena la recibe con desesperación, clavándole las uñas en la espalda.

Mar sonríe y se tumba de espaldas, abriendo las piernas.

Jimena no necesita más invitación. Se arrastra hacia abajo y empieza a devorarla con ganas.

Primero lame su coño, de abajo arriba, saboreando sus jugos.

Luego se concentra en el clítoris, chupándolo con suavidad al principio y después con más fuerza, usando la punta de la lengua para trazar círculos rápidos.

Mar gruñe, sujetándole la cabeza con una mano mientras mueve las caderas contra su boca.

Jimena introduce la lengua y sus dedos, follándola con ritmo constante.

—Más fuerte —exige Mar.

Jimena acelera el movimiento de los dedos y le chupa el clítoris con fuerza, succionando y lamiéndolo a la vez.

La capitana se corre con un gemido ronco, apretando los muslos alrededor de la cabeza de Jimena y empujando hacia arriba, mientras Jimena sigue lamiendo hasta que Mar la tira hacia arriba, jadeando.

—Eres una puta delicia, Jimena Alarcón —le dice en medio de una sonrisa.

Un segundo después, desliza la mano entre las piernas de Jimena otra vez, encontrándola todavía húmeda y sensible. La acaricia con lentitud, rozando el clítoris con la yema de los dedos.

Mar se incorpora y se coloca entre sus muslos. Guía su mano hacia ella y vuelve a penetrarla, esta vez más despacio. Empieza a moverse con embestidas largas y profundas, mirándola a los ojos. Jimena le rodea la cintura con las piernas y le clava las uñas en los hombros.

—Así… más despacio… —susurra Jimena—. Quiero sentirte un poco más.

Mar obedece un momento, follándola con un ritmo deliberado, casi perezoso, mientras baja la cabeza y le chupa un pezón. Luego cambia el ángulo, levantando las caderas de Jimena con las manos para encontrarse en su interior con más profundidad. Jimena gime más alto.

Mar saca sus dedos casi por completo y los vuelve a meter de un solo golpe. Repite el movimiento varias veces, y cada vez Jimena se estremece. Luego se detiene, todavía dentro, y le frota el clítoris con el pulgar.

Jimena se corre con un gemido, contrayéndose alrededor de ella, mientras Mar se corre también por la propia excitación, jadeando contra el cuello de Jimena.

Después de unos segundos se tumba a su lado, pero no la suelta.

Pasa una pierna sobre la de Jimena y le acaricia el vientre.

Besa su frente, luego sus labios y sonríe mirándola a los ojos.

—¿Crees que podrás seguir despierta un poco más? —le pregunta Mar, pegada a sus labios.

—Puedes probarlo.

Y Jimena, mordiéndose el labio, se deja llevar.