Capítulo 11
Jimena Alarcón jamás habría imaginado que besaría los labios de una mujer a la que considera su enemiga declarada.
Ni que hubiera caído en sus redes en cuestión de pocos días.
Sin embargo, ahí están, cara a cara en la habitación del hostal donde se aloja Jimena.
Mirándose a los ojos mientras el ruido exterior parece atenuarse.
Todo ha ocurrido con una velocidad sorprendente después de la conversación que mantuvieron en el chiringuito.
Ahora, Mar sostiene el rostro de Jimena con ambas manos.
Sus dedos fuertes presionan con delicadeza las mejillas de la arquitecta mientras sus labios se mueven con avidez.
Jimena responde y abre la boca para permitir que la lengua de Mar explore la suya con determinación.
Está segura que el alcohol tiene la culpa de sus actos.
Percibe el sabor cítrico del cóctel que compartieron antes y siente el calor del cuerpo de la capitana pegado al suyo.
Las manos de Jimena recorren la espalda de Mar, agarran la tela y tira de ella hacia arriba para quitársela.
—Esto es una locura —murmura Jimena contra los labios de Mar.
Mar sonríe brevemente y mordisquea el labio inferior de Jimena.
—Una locura que las dos queremos al parecer.
Mar empuja a Jimena hacia la cama. La arquitecta cae sentada en el borde del colchón.
Mar se arrodilla frente a ella y besa su cuello con lentitud mientras sus manos desabotonan la blusa de Jimena.
Desliza la prenda por los hombros y la deja caer al suelo.
Los labios de Mar recorren la clavícula expuesta y descienden hacia los pechos.
Toma uno de los pezones entre sus labios y succiona con fuerza.
Su lengua lo rodea y lo estimula sin prisa, mientras Jimena arquea la espalda y suelta un gemido bajo.
Poco después, sus manos bajan hasta la cintura de Jimena, desabrochan el pantalón y tiran de él junto con la ropa interior.
Jimena levanta las caderas para facilitarle la tarea.
Ahora permanece completamente desnuda sobre la cama, y pronto, su piel se eriza por la excitación y por la brisa fresca que entra desde la ventana.
—Date la vuelta —ordena Mar.
Jimena obedece. Gira sobre el colchón hasta quedar boca abajo.
Apoya las rodillas y los antebrazos, eleva las caderas y ofrece su cuerpo.
Mar se termina de desnudar con rapidez. Se posiciona detrás de Jimena, arrodillada entre sus piernas abiertas.
Sus manos recorren la espalda de Jimena con lentitud y descienden por la curva de sus nalgas.
Separa las piernas de Jimena un poco más con las rodillas y admira la vista que tiene delante.
Mar desliza una mano entre los muslos de Jimena y acaricia sus labios vaginales con los dedos.
Nota cómo se encuentra mojada y caliente.
Introduce dos dedos lentamente y los mueve dentro y fuera con un ritmo cadencioso mientras su pulgar roza el clítoris en círculos.
Jimena gime contra la almohada y empuja las caderas hacia atrás para buscar más contacto.
Mar acelera el movimiento de sus dedos y los curva para alcanzar el punto sensible en el interior.
Con la otra mano agarra la cadera de Jimena y la mantiene en posición.
Se inclina hacia delante, besa la espalda de Jimena y muerde su piel mientras sus dedos entran y salen con un ritmo constante y profundo.
Jimena siente cómo el placer crece en oleadas.
Sus músculos internos se contraen alrededor de los dedos de Mar y su respiración se vuelve entrecortada.
La capitana retira los dedos de repente y Jimena protesta con un gemido de frustración.
Mar se agacha más, se pone en posición, separa las nalgas de Jimena con ambas manos y recorre la abertura vaginal con la lengua de abajo hacia arriba.
Introduce la lengua dentro y la mueve con habilidad mientras sus labios succionan.
Jimena aprieta la almohada con las manos y jadea con fuerza.
Mar sube la lengua hasta el ano de Jimena, lo lame en círculos lentos y precisos y luego regresa al clítoris.
Utiliza toda la boca para estimularla sin descanso.
Sus manos masajean las nalgas y los muslos de Jimena y la mantienen abierta y expuesta.
—Por favor, Mar… —suplica Jimena con la cara hundida en la almohada.
Mar se incorpora de nuevo y pronto cambia de estrategia.
Usa sus dedos otra vez, y los introduce con mayor profundidad.
Su otra mano rodea la cadera de Jimena y alcanza el clítoris.
Jimena siente que el orgasmo se acerca, mientras Mar coloca una mano en la nuca de Jimena y presiona su cara contra la almohada, controlando la posición, mientras sigue penetrándola con los dedos.
—Dámelo —exige Mar y acelera el ritmo.
Jimena alcanza el orgasmo con fuerza. Se contrae alrededor de los dedos de Mar y grita contra la almohada. Mar no detiene el movimiento. Continúa con caricias más suaves para prolongar el placer hasta que Jimena se relaja por completo.
Con una sonrisa en los labios, Mar da la vuelta a Jimena y la besa en la boca, compartiendo el sabor íntimo.
Luego la coloca otra vez boca abajo. Ahora Mar se tumba parcialmente sobre ella y presiona su cuerpo contra el de Jimena.
Introduce los dedos de nuevo desde atrás y la penetra con un ritmo intenso y sostenido.
—Quiero oírte más —dice Mar mientras empuja los dedos en más profundidad.
Jimena gime con mayor intensidad y mueve las caderas al encuentro de cada embestida. Mar utiliza la mano libre para pellizcar un pezón y tirar de él con delicadeza a la vez que presiona la cara de Jimena contra la almohada otra vez y controla el ritmo con autoridad.
—Dime que quieres más —le gruñe Mar con la voz entrecortada por el esfuerzo.
—Sí, joder… Fóllame más fuerte —responde Jimena, más excitada todavía.
Mar obedece. Añade un tercer dedo y frota el clítoris con la palma de la mano.
Jimena llega a un segundo orgasmo, más intenso que el anterior.
Todo su cuerpo tiembla y se estremece, y cuando recupera algo de fuerza, se gira y empuja a Mar hacia la cama.
Ahora es Jimena quien se coloca sobre Mar y la besa con urgencia.
Sus manos exploran el cuerpo de la capitana: acaricia sus pechos, desciende por el abdomen y llega hasta su sexo húmedo.
Introduce dos dedos en Mar y los mueve con rapidez mientras besa sus labios con pasión.
Mar gime y abre las piernas para facilitarle el acceso. Jimena baja la cabeza, regalándole besos húmedos hasta llegar a su clítoris y lamerlo mientras sus dedos entran y salen de su coño. Mar agarra el pelo de Jimena y empuja su cabeza contra ella con necesidad.
Poco después, Mar alcanza el orgasmo con un gemido largo y profundo. Se contrae alrededor de los dedos de Jimena y su cuerpo se arquea. Pero Jimena no se detiene. Se coloca detrás de Mar, que ahora está boca abajo. Separa sus piernas y juega bajo las mismas reglas que la capitana ha hecho antes.
Llegan al límite después de varios orgasmos más, y Mar termina derrumbada sobre Jimena, antes de besar su hombro.
—Dios… no quiero parar —sonríe Jimena.
La brisa marina sigue entrando por la ventana y refresca sus cuerpos calientes.
Jimena siente el peso de Mar sobre ella y cierra los ojos un instante, consciente de la locura que están cometiendo.
Mar, por su parte, recorre con los dedos la curva de la cintura de Jimena y nota cómo su piel responde todavía con pequeños estremecimientos.
El placer compartido las ha dejado saciadas, pero no satisfechas, y por eso, Mar vuelve a la carga.
Sus manos descienden otra vez y la explora despacio, dándose el gusto de ver cómo su cuerpo responde a cada caricia. Jimena suspira y se abre a ella una vez más. La capitana introduce los dedos y las estimula a las dos con movimientos lentos y profundos.
El tiempo parece detenerse en esa habitación hasta que una nueva oleada de placer recorre sus cuerpos.
Finalmente, exhaustas, se tumban de lado, frente a frente. Mar pasa una pierna por encima de Jimena y mantiene el contacto. La conversación que tuvieron horas antes parece lejana, pero el conflicto subyacente sigue ahí. Sin embargo, en este a las dos les parece importar una mierda.
El deseo ha abierto una puerta que ninguna sabía que estaba ahí, ajenas a la transformación que acaba de ocurrir en esa habitación.
Jimena y Mar, enemigas convertidas en amantes por una noche, dejan que el sueño las alcance poco a poco, conscientes de que al amanecer tendrán que enfrentar las consecuencias de lo que acaba de pasar.