Marea (Costa Vasca 3) Capítulo 9 — LA CUADERNA #2
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Capítulo 9 — LA CUADERNA #2

—Yo desembolsé las indemnizaciones millonarias de aquellas tres familias de mi propio patrimonio personal —continuó Zabala, inclinándose levemente hacia el viejo marinero—.

Yo compré el dictamen favorable de los peritos judiciales de la Marina Mercante para que no te retiraran la libreta marítima de patrón de altura ni te sentaran en el banquillo de los acusados de la Audiencia Provincial por tres delitos de homicidio imprudente.

Yo te entregué este buque y su gemelo en Mauritania para que pudieras seguir paseando por el puerto de Getaria con la cabeza alta sin que los viejos arrantzales supieran que eras un armador arruinado que solo seguía a flote gracias a mis transferencias bancarias.

Etxabe arrojó la colilla al agua sucia del dique y levantó los ojos hacia Zabala con una mezcla de amargura infinita y dignidad herida.

—El *Gure Itsasoa* tiene los motores auxiliares encendidos y los tanques de combustible llenos hasta el último litro, Zabala.

Mi tripulación está compuesta por marineros de confianza que saben callar y obedecer órdenes en la mar.

Soltaremos amarras en cuanto la marea comience a vaciar el estuario y pondremos rumbo directo a las coordenadas fijadas para el encuentro con el *Hegoi*.

—Si la patrullera de la Guardia Costera portuguesa o la lancha rápida de asalto de MAOC-N intentan interceptarte antes de que alcances las aguas internacionales —ordenó Zabala con tono categórico—, arrojas los doscientos kilos de cocaína señuelo por la borda y permites que te aborden sin oponer resistencia armada.

Asumirás la autoría exclusiva del transporte de estupefacientes y declararás ante el juez de instrucción que el manuscrito jamás estuvo en tu poder ni tuviste conocimiento de su existencia.

A cambio de tu silencio absoluto, mi equipo de penalistas se encargará de que tu reclusión no supere los dieciocho meses en un centro penitenciario de régimen abierto y tus nietos recibirán su asignación mensual de manera ininterrumpida en su cuenta bancaria de San Sebastián.

Etxabe se puso en pie con un esfuerzo visible, cargando el peso de su cuerpo sobre la pierna izquierda sana y mirando a Zabala con los ojos vacíos de quien ha aceptado su propio destino.

—El mar no reconoce amos ni señores, Zabala, aunque tú creas que se puede gobernar el océano con transferencias de fondos soberanos y contratos mercantiles.

Puedes comprar a los peritos de Madrid y a los políticos de Lisboa con tus sociedades pantalla, pero a la marea no se le puede comprar con dinero: lo que le robas a la memoria del mar, tarde o temprano, la marea te lo cobra con intereses de sangre.

—Asegúrate de que el *Hegoi* entrega la caja de cedro con el manuscrito a la goleta maltesa en el punto exacto de la dorsal, Jon —sentenció Zabala, dándose la media vuelta sobre la chapa de cubierta sin conceder la menor importancia a sus palabras—.

El resto de la historia es una simple operación matemática.

Y en las matemáticas del poder, la marea nunca ha tenido voz ni voto.

A las cuatro y cuarenta de la tarde, Zabala ingresó por el acceso subterráneo reservado de la sede central del Fondo Soberano de Inversión en la avenida da Liberdade.

El ascensor acorazado de alta velocidad, protegido por un lector de huella dactilar y reconocimiento de iris, lo condujo sin paradas intermedias hasta la planta vigésima, donde se ubicaba el despacho principal de la dirección jurídica y corporativa.

Isabel Carvalho lo aguardaba de pie junto al imponente ventanal panorámico que dominaba el parque Eduardo VII y la silueta del castillo de San Jorge.

Sobre su mesa de trabajo de cristal templado descansaban tres carpetas de piel granate con el sello dorado del fondo, junto a una hilera de monitores donde se visualizaban en tiempo real las cotizaciones de los bonos soberanos emitidos en los mercados secundarios de Londres, Zúrich y Singapur.

—La rueda de prensa matinal ha cumplido con precisión milimétrica su objetivo de contención institucional —anunció Carvalho, ofreciéndole una carpeta que Zabala abrió sobre sus rodillas mientras tomaba asiento en una butaca de cuero blanco—.

Los principales diarios económicos de Lisboa, Madrid y Fráncfort han reproducido de forma íntegra nuestra querella contra Tomás Ferreira.

El Juzgado Central de Instrucción Criminal ha admitido a trámite la acusación por desfalco y ha cursado la orden de detención internacional a través de los canales de Interpol.

Procesalmente, cualquier documento o soporte digital que Ferreira intente aportar a partir de este momento carece de validez probatoria inmediata, al considerarse material presuntamente manipulado por un prófugo de la justicia.

Zabala examinó el borrador final del contrato de compraventa privada que Carvalho le extendió con un gesto elegante de la mano.

—¿El comprador del Golfo ha formalizado el depósito de garantía en la cuenta fiduciaria? —preguntó Zabala con frialdad analítica.

—Cuarenta y cinco millones de euros han sido consignados y bloqueados en una cuenta de custodia fiduciaria en el Banco Nacional de Abu Dabi a favor de nuestra sociedad instrumental en las islas Caimán —confirmó Carvalho con una sonrisa satisfecha y profesional—.

La cláusula de liquidación final es jurídicamente vinculante: los fondos se transferirán de manera irrevocable en el segundo exacto en que el perito tasador independiente del comprador, que viaja a bordo de la goleta maltesa *Siren*, verifique la autenticidad material del *Libro de Mareas*, el estado de conservación de sus sellos notariales de 1684 y la ausencia de inscripciones de dominio en el registro internacional de obras de arte sustraídas.

Zabala repasó cada una de las cláusulas del documento con la pericia técnica de quien domina las complejidades del derecho mercantil transnacional.

—El certificado de procedencia helvética que confeccionamos en Ginebra en 2001 superará cualquier examen pericial ordinario —aseguró Zabala—.

La firma del perito tasador que figura en el expediente de adquisición corresponde a un especialista en manuscritos antiguos que falleció formalmente hace cuatro años en una residencia médica de Lausana, por lo que la fiscalía española jamás podrá citarlo a declarar en sede judicial para impugnar la legalidad de la transmisión inicial.

—El único factor de riesgo imprevisto sigue siendo la inspectora Sarasola y los datos que su equipo informático haya podido extraer de la memoria de Ferreira antes de su ingreso en prisión —advirtió Carvalho, cruzándose de brazos y adoptando un tono de prudencia jurídica—.

Si la Ertzaintza y el FBI logran que un juez de enlace internacional autorice un registro de emergencia en la plataforma del Fondeadero antes de que la goleta complete el transbordo, el fondo se verá envuelto en una crisis institucional que forzaría la intervención del Banco Central Europeo.

Zabala levantó la mirada y clavó sus ojos grises en los de Carvalho con una frialdad implacable.

—El Fondeadero estará completamente desalojado de material sensible dentro de treinta y seis horas, Isabel.

El contenedor con el archivo histórico de transacciones ya ha salido de Santa Apolónia y la goleta maltesa cargará el manuscrito en alta mar sin necesidad de fondear en ningún puerto continental.

Cuando los inspectores de MAOC-N pongan un pie en la plataforma de Cabo Verde, solo encontrarán bidones de gasóleo vacíos y manifiestos de pesca legal.

Para entonces, el *Libro de Mareas* estará navegando hacia el Mediterráneo oriental, los bonos soberanos estarán cancelados y esta entidad habrá concluido la operación más lucrativa de su historia sin haber dejado una sola huella punible ante los tribunales penales europeos.

A las siete de la tarde, cuando la noche cerrada y gélida cubría por completo el estuario del Tajo y las luces de los muelles se reflejaban sobre las aguas negras, Zabala regresó a su despacho clandestino de la rúa do Alecrim.

Se despojó de su abrigo de lana, lo colocó en el perchero de pie junto a la puerta acorazada y tomó asiento tras la mesa de caoba.

Extrajo de su bolsillo interior un teléfono móvil desechable con tarjeta prepago adquirida mediante intermediarios en Gibraltar y marcó una secuencia de dieciséis dígitos a través de una pasarela de encriptación de voz por salto de frecuencia aleatoria.

Al otro lado de la línea, la voz de su enlace operativo de contrainteligencia en Madrid respondió con un código de autenticación:

—Línea de seguridad operativa activa. Adelante.