Marcus (Corneadores nº 2) Capítulo 5
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Capítulo 5

Estar bajo el agua no me había quitado las ganas. Me senté en el sofá con el teléfono y abrí el enlace.

El vídeo empezaba en negro un segundo y después era la habitación.

El marido había cortado todo lo que no le ponía: ni la ducha, ni el salón, ni las presentaciones.

Directo a ella a cuatro patas, el culo alto, yo detrás clavándosela.

Las caras de ellos no salían. Las había pixelado o había encuadrado de cuello para abajo.

La mía sí. El cuerpo, sí. Mi polla entrando y saliendo de aquel coño blanco.

El audio era una mierda de micro de cámara y se entendía igual. La cama. Ella. Yo, bajo.

El primer plano era el que se espera en un vídeo así: el coño abierto, yo clavándome dentro, los muslos, el liguero. No pensé en el condón. Pensé en cómo se la estaba comiendo y en que él había dejado el plano justo ahí, temblando un poco, como le temblaba la mano cuando grababa.

Después venía la palmada en el culo. El ruido llenó el piso. Él se había quedado un segundo de más en ese golpe. Claro. Con eso se va a correr cuando ella no esté en casa.

Luego la cara de ella, pixelada, y la frase, que el micro sí había pillado:

—Me la está metiendo toda.

Se la decía a él. Al que estaba detrás de la cámara. A mí me duró en la habitación; aquí duraba cuatro segundos y casi se oía al marido tragar saliva.

Pausé.

Me quedé con el pulgar encima de la pantalla, la polla apretándome el pantalón, mirando ese fotograma pixelado.

No era un vídeo bonito. La luz de la habitación de alquiler, el micro de mierda, el encuadre que se iba cuando el marido se emocionaba.

Y aun así funcionaba. Se veía cómo se abría para mí.

Se oía a ella. No era una película. La prueba de que ha pasado.

Pasé dos planos más sin sonido. Uno de lado, mi mano en la cadera. Otro, más corto, donde se me veía la cara. A ellos no. A mí sí. Bien pensado, si lo van a guardar.

Tenía la polla dura y el pantalón corto se me había quedado pequeño.

Podía sacármela y machacármela con el vídeo.

No lo hice. Si empiezo a correrme con los vídeos de los maridos, mañana estoy igual que ellos, pegado a la pantalla.

Él se va a hacer pajas como un mono con esto.

Es su mujer. Es su archivo. Yo aquella noche ya me la follé. Esta es una cita más.

Abrí PlaySwingers. Descarté dos hilos de los de siempre. Uno con fotos de hotel de hace tres años. Otro de un tío que ponía “buscamos ya” y no había presentado a la mujer. Los que ponen ya quieren charla que les caliente y adiós.

El perfil que me llamó la atención se llamaba Pareja007.

Edad de él, 46. Edad de ella, 44. Verificado. Icono verde. Última conexión ese mismo día.

La primera foto no tenía cara. Ella de cintura para abajo, en la cama, las piernas abiertas, un coño depilado y una polla clavada hasta el fondo.

La foto parecía básica, pero el ángulo dejaba claro que no era el marido quien se la estaba metiendo.

El plano era de esos que no dejan duda de lo que buscan.

La segunda, ella a cuatro, con un tío que sería el marido, abriéndole las nalgas para que se viera el sitio por donde otro la estaba follando.

La tercera, primer plano: polla gruesa, labios abiertos, los huevos aplastados contra ella.

La cuarta, los dos de pie, de cuello para abajo.

Él, más bajo que yo, barriga de los cuarenta y tantos sin gimnasio, la mano en la cadera de ella.

Ella, cuerpo de mujer hecha. Tetas. Culo. Ni veintitrés ni modelo de perfil.

Había un álbum detrás, no solo portada. Entré. Cinco o seis fotos más, todas sin cara. Ella de rodillas, una polla en la boca, la mano del otro en su pelo. Otra: el marido sentado en una silla, ella encima de un tío que no era él, mirando hacia la cámara.

Me detuve en la foto de ella de rodillas más de lo que hacía falta. Cuarenta y cuatro años. Boca. En aquella foto no parecía estar representando.

El texto no era una lista. Estaba trabajado, de los que llevan tiempo en la web y ya no venden la moto de “somos muy normales”.

Decían que llevaban un par de años quedando con chicos para ella, que él estaba siempre y que le ponía verla con otro, sobre todo si el otro era grande y se notaba la diferencia.

Un tío que se la follara bien y tuviera las ideas claras.

Condón. Discreción. Fotos sin cara y así iban a seguir.

Si había feeling, se podía repetir; si no, se salía por la misma puerta.

Al final, en un párrafo más corto, el marido había puesto que era bicurioso, pero que ella era el centro.

Ahí paré.

Ella era el centro. Lo de bi curioso me da igual mientras no interfiera. Con tenerla abierta delante de él, me llega.

Abrí el apartado de mensajes, ya que no estaban online para hablar en el chat.

Escribí despacio, como escribo siempre que inicio un nuevo contacto.

He visto el perfil. Me gusta. Si os gusta el mío, quedamos. Estoy a una hora; me desplazo sin problema.

Lo mandé. Ellos tenían más de una veintena de verificaciones. El perfil me gustaba y las fotos decían claro lo que buscaban.

Pensé en el “bicurioso”. Mientras no se me tirase encima a la primera y me pidiera que lo follara, no había problema. Si se arrodillaba y abría la boca, ya se vería. Yo iba a follarme a la mujer. El resto era ruido.

***

Al día siguiente, desde el teléfono, volví a entrar mientras paraba un rato a comerme un bocadillo. El hangar olía a hidráulico y a pan. Me senté en el banco, el tupperware en las rodillas, las manos todavía sucias.

Pareja007 había respondido.

Nos gustaría mucho conocerte. Tienes el perfil que solemos buscar y tus verificaciones son geniales. Incluso tenemos conocidos en común. Si te parece, podemos hablar mejor por Telegram: @pareja007

Conocidos en común. En esta web eso sale a menudo y a veces es verdad. No pregunté quién. Si era alguien a quien yo ya me había follado a la mujer, ya saldría. Si no, tanto mejor.

Entré otra vez al perfil. Ella tenía algo de barriga, sin estar gorda, un poco de celulitis y tetas naturales. Cuerpo de mujer de verdad. Seguramente, hijos.

Abrí Telegram. Les mandé un saludo corto, a ver qué pasaba. Cerré.

La fuga del racor hidráulico seguía ahí, mancha nueva en el panel. Trapo. Llave. La junta salió hecha una mierda. Recambio, apreté, alambre de seguridad, y a esperar a ver si lloraba otra vez.

No lloraba. Trabajo acabado.

El saludo, enviado. Eso todavía estaba por iniciar.