Marcando las normas (Wild Warriors 2) CAPÍTULO 56
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CAPÍTULO 56

Marcando las normas

Aaron

E scucho la puerta de casa justo cuando estaba a punto de irme a la cama. A la cama a dar vueltas, básicamente.

Me dirijo hacia la entrada y abro la puerta con la intención de mandar a mi hermano a la mierda. Lleva todo el día riéndose de mí porque, según él, soy un pringado de manual por no haberle contado a Blue que he sido yo el que ha organizado el día. Un día para ella.

—No estoy de hu… —Mi frase queda a medio pronunciar cuando observo a Blue al otro lado y, por si su mera presencia no me aturdiese lo suficiente, lo hace con esos malditos pantaloncitos cortos que quiero arrancarle a bocados.

«Céntrate, idiota».

—¿De humor? Es una pena, yo que traía un arsenal de chistes y un puñado de trucos de malabarismos para hacerte reír —ironiza ella.

Es una mujer tan increíble…, y está aquí, en el rellano de casa. En el rellano…

—Pasa —la invito—. Tú y tus chistes sois bienvenidos.

—Hemos venido solo por el champú caro, que conste.

—Mi champú se siente halagado por ello. —Tiro de sarcasmo.

No me culpéis, ¿vale? Es del todo imposible que esa chica se cuele en mi casa con esa prenda que hace que mi mente retroceda diez días atrás y no imagine todas y cada una de las formas en las que se la he quitado.

—¿Y Juniper? —pregunto.

—Está abajo con tu hermano y Cassie, se han quedado con ella. Asher le está haciendo sopa. Parece ser que es su favorita. Esa niña es una traidora que se deja comprar por un puñado de verduras y fideos. No lo entiendo.

Dejo escapar una risilla mientras se acomoda en el sofá y me dirijo hacia la cocina.

—¿Café? ¿Té? ¿Vino? ¿Cerveza?

—Pues sí que tienes cosas ahí. Yo tengo agua y da gracias —me explica señalando la nevera—. Me vale con un té, frío, a ser posible. Me temo que hoy he comido demasiado.

—¿Y eso? —Me giro, saco dos vasos y vierto el té de melocotón en ambos antes de caminar hacia el salón. Tomo asiento en el suelo, como he hecho otras tantas veces en su casa—. ¿Un día ajetreado?

—¿Recuerdas que te dije que nunca había tenido un día para mí?

Hace meses de esa conversación… —tantea y aparta la mirada para observar cómo las pequeñas cortinas blancas ondean con la brisa fresca que entra de la calle.

No sé qué estará pensando ella, sin embargo, yo recuerdo con total nitidez la forma en la que nuestros cuerpos se amoldaron frente a una ventana muy distinta y en un apartamento diferente—.

¿Sabes? Pensaba que mi cabeza me estaba jugando una mala pasada.

Estaba tan concentrada en las actividades, en Diddy y Sloane que no me di cuenta.

Que pensé que todo era fruto de mi imaginación.

—Me llevo el vaso a los labios y saboreo el dulzor del melocotón mezclado con el amargor del té.

»Hasta que me percaté de que ese chico con el periódico eras tú.

También el que vi reflejado en el cristal cuando me probé aquellas horripilantes gafas de sol o el que mi amiga buscó con la mirada cuando clavó el hacha en la diana y se cubrió con el menú.

Estabas allí porque fuiste el que organizó ese día.

Un día para mí, Aaron —sentencia justo antes de dejarse caer de rodillas en el suelo.

Mi mano va en su busca y mi cuerpo con él, porque no quiero que se haga daño. Porque la protegería con todo lo que tengo para que así fuese.

Blue no se aleja ni sortea mi contacto. A pesar de que lleva muchos días esquiva, hoy parece que frente a mí tengo a otra versión, a otra chica.

—Me dijiste que no sabías lo que te gustaba pero que te encantaría descubrirlo —recito y rememoro aquella conversación ya bastante lejana en la que hablamos de todo y de nada, intentando resolver el mundo sin buscarle sentido al mismo.

Me alzo de hombros—. Supongo que hacer cosas que se salgan de lo habitual con otras más cotidianas era un buen punto de partida.

—¿Por qué? —pregunta ella yendo directa al grano.

Porque esa es la Blue que conozco, la que se enfrenta a todo y ya se verá lo que pasa. Al menos, cuando nadie puede salir herido en el proceso.

—Porque te lo mereces —respondo con total honestidad.

Nuestros dedos se han encontrado a mitad del camino.

A pesar de todo, la siento lejos, demasiado—.

Porque ya está bien de que entregues, de que des todo lo que tienes hasta quedarte sin nada.

Porque ya es hora de que dejes de cuidar de los demás para que alguien cuide de ti, Blue.

Los ojos comienzan a llenársele de lágrimas.

Podría decirle que no debe llorar, que no lo haga, sin embargo, no pienso cortar ninguna de sus emociones porque no me disgusta que llore, forma parte de ella, de lo que es, y no quiero que se reprima.

Todo lo que tenga para entregarme lo recibiré con los brazos abiertos.

—Yo… —titubea y sé lo que viene a continuación. Es esa grieta, esa herida—. Estoy asustada, Aaron. Muy muy asustada.

—Lo sé, cariño. —Me adelanto hasta que mis rodillas tocan las suyas.

El contraste es abismal, mientras que su piel es blanca y nívea, la mía es más morena.

Mientras que sus piernas son pequeñas y firmes, las mías son gruesas y musculosas.

Y, aun así, no siento que haya nada más perfecto en el mundo que nosotros dos—. Y no es malo tener miedo.

—No, no lo entiendes —murmura y se acomoda un poco más.

Está cogiendo fuerzas para lo que viene a continuación—.

Nunca le he temido a los retos, siempre me he enfrentado a las situaciones tal y como se presentan.

He asumido que hay cosas buenas y otras no tanto y que no importa, solo hay que enfrentarse a ellas como llegan.

Mi familia me abandonó cuando me quedé embarazada porque fue la gota que colmó el vaso, porque eso solo ratificaba lo mala hija que era.

El padre de Juniper desapareció poco después y, aun así, seguí adelante.

Me enfrenté a todo lo que vino por mi hija.

Porque estaba rota y sola, claro, pero tenía que luchar por ella porque ya no solo estaba yo, había una persona…

, una personita que dependía de mí. Me enfrenté a todo por ella, sin importar nada.

Sin importar yo misma. Y de ahí mis normas porque…

—Las normas protegen —finalizo por ella.

No porque me lo haya dicho, de hecho, nunca lo ha hecho y, sin embargo, no ha sido necesario porque lo sé. Simplemente lo sé.

Cuando Blue alza la vista encuentro la sorpresa reflejada en su semblante.

—Sí —susurra—. Ese es mi lema, el que llevo por bandera.

Por eso, Aaron, por eso decidí alejarme.

Alejarme de ti —matiza como si yo no hubiese llegado ya a esa conclusión—.

Porque no importa que me rompas el corazón, que me abandones, que no me elijas, no importa que me hagas daño porque sabré ponerme en pie, sacaré fuerzas de donde no las tengo y lucharé por lo que más quiero en mi vida.

Por mi hija. Podré hacerlo porque ya lo he hecho antes —reitera—.

Sin embargo, si le rompes el corazón a ella, capitán…

No sabré cómo reconstruirlo. No podré enfrentarme a eso.

Cabeceo afirmando despacio, dejando que sus palabras se asienten en mí. No como una acusación, porque sé que no es esa su intención, sino como una verdad que ya conocía y que, aun así, necesitaba oír salir de su boca.

—Lo sé —digo al fin—. Y precisamente por eso yo también tengo miedo. —Alza la vista dando a entender que mi confesión no encaja con lo que esperaba—. Yo también lo tengo, Blue.

Frunce el ceño, confusa, y entonces es cuando la memoria me golpea con fuerza. No es nueva. Nunca lo ha sido. Lleva conmigo desde aquella conversación, desde la forma en la que me miró entonces, firme y rota a partes iguales.

—¿Te acuerdas de lo que me dijiste? —tanteo en voz baja—.

Aquella vez, cuando hablábamos de tu familia y de lo gilipollas que eran.

Sigo pensando lo mismo y no voy a cambiar de idea.

—Entreabre los labios y esboza una pequeña sonrisa—.

«Aprendemos a vivir con esto, capitán. Solo tienes que saber con qué te quedas, a quién eliges.

Puedes vivir pensando en lo que fue o tal vez puedes simplemente vivir» —recito despacio, sin quitarle los ojos de encima.

Blue traga saliva y sé que su cabeza se ha transportado a ese día.

Yo ahí ya estaba enamorado de ella. Ya lo estaba.

»Eso me dijiste tú —continúo—. Me diste ese consejo, y yo lo acepté.

Lo interioricé. Porque yo también sé lo que es fallarle a las personas que más quieres, sé lo que es no estar a la altura y también sé lo que es aprender de los errores, Blue.

—Sabe que hablo de mis padres. De mi infancia.

De Asher—. Y hoy, cuando te vi ahí fuera, cuando te vi reír con Cassie y Sloane, cuando entendí que ese día era para ti y que te lo merecías más que nadie, supe que ya había elegido.

Había elegido seguir a tu lado a pesar del miedo. A pesar de las dudas.

»No te organicé este día porque quiera entrar en tu vida a empujones ni porque quiera ocupar un lugar que no me corresponde. Lo hice porque te elijo a ti frente a cualquier otra cosa. Con miedo. Con normas. Con Juniper por delante de todo. —Me acerco un poco más, lo justo para que no haya duda.

»No me da miedo equivocarme contigo —confieso—.

Me da miedo no estar a la altura de lo que tú y tu hija merecéis.

No voy a hacerle daño a Juniper, no voy a convertirme en alguien que aparezca y desaparezca, no voy a ser un recuerdo que duela.

Por eso decidí ir despacio con vosotras, Blue.

Por eso quise estar ahí sin estar. Porque te quiero desde hace mucho tiempo. Muchísimo.

Sus ojos vuelven a humedecerse, solo que esta vez no rehúye los míos.

—Las normas protegen —susurra.

—Sí —asiento—. Y también aíslan. No estoy aquí para romper ninguna de ellas, estoy aquí solo por si algún día decides saltarte alguna, que no lo hagas sola.

Que entiendas que puedes hacerlo conmigo a tu lado.

—Extiendo la mano entre los dos, abierta, sin exigir nada, y ella la agarra con fuerza.

Se le escapa un gemido y un par de lágrimas más.

»No quiero que vivas anclada en lo que podría salir mal —le explico, devolviéndole sus propias palabras—. Quiero que, cuando estés preparada, simplemente vivas. Y, si me eliges en ese camino, prometo no olvidar nunca a quién estoy eligiendo también.

Blue baja la mirada hasta donde nuestros dedos se entrelazan frente a nosotros. Vuelven a encajar, de la misma forma en la que lo hicieron nuestros cuerpos y también nuestros corazones.

—Yo te elijo a ti. Te elegiría a ti siempre, Blue, y no importa si tú no lo haces, porque, de todas formas, me voy a quedar.

Y sé que la reconciliación no llega con besos ni con certezas absolutas.

Llega así. Con dos personas eligiendo quedarse, aun con miedo.

Sobre todo, con miedo.