CAPÍTULO 45
Pasado pisado
Aaron
—¿Y a se ha dormido?
Hemos bajado al apartamento de Blue porque Juniper se durmió en mis brazos.
No hizo falta contarle un cuento, tampoco arroparla, se quedó dormida poco después de arrebujarse en mi pecho, con un dedo enredado en el mechón de pelo y del todo relajada.
Cuando cruzamos el umbral de la puerta, abrió los ojos y me preguntó si podía ser yo el que la llevase a su habitación. ¿Cómo iba a negarme ante tal petición?
—Como un lirón.
Cruzo de un par de zancadas el salón y tomo asiento al lado de Blue. Me tiende una copa de vino blanco y la acepto a pesar de que no suelo beber y menos un día antes de un partido.
—¿Y bien? ¿Todo listo para mañana?
Ladeo la cabeza y la observo darle un largo sorbo a la bebida. Está tensa, nerviosa y su actitud dista mucho de la chica extrovertida que es siempre.
—¿Vamos a hablar del enfrentamiento de mañana?
—¿No te apetece?
Dejo la copa de vino sobre la mesa, y ella sigue mis movimientos sin dudar. Yo hago lo mismo con los suyos.
—La verdad es que no —sentencio y bajo la vista hasta ese pantalón corto—. Te lo has puesto a propósito, ¿verdad?
Blue suelta una risilla y mi comentario parece haber causado el efecto deseado.
—Puede —responde sin andarse por las ramas—. Nunca lo sabrás.
—¿Estás segura de ello?
—Tan segura como de que te caíste y acabaste con la cabeza y el cuerpo metidos en una portería.
Extiendo las manos para hacerle cosquillas, y ella se levanta de pronto marcando distancia.
Ya sé lo que le sucede, entiendo lo que ocurre, quizá he sido demasiado osado al comprarle a Juniper su caja de los logros, no por el hecho en sí, sino por lo que representa.
Sin embargo, no me arrepiento de ello y no pienso hacerlo jamás.
Considero que Juniper necesita acordarse cada día de que puede con todo y que hay muchas cosas buenas por las que vale la pena luchar, que no todo es gris o negro y que cada día está lleno de oportunidades y es imprescindible que lo pueda recordar.
—¿Por qué lo haces? —pregunta ella trayéndome de regreso al presente.
Podría deciros que me pilla desprevenido, que no esperaba que lo formulase, que íbamos a dejar que todo eso pasase sin más. Conozco a Blue lo suficiente como para saber que no es de las que se andan por las ramas, es directa en todos los sentidos, y esto solo reafirma mi forma de verla.
De quererla.
—Porque os merecéis eso y más. Juniper se lo merece. Necesita que alguien la valore y tú, Blue, tú también. No tienes que cargar con todo sola. De hecho, no debes hacerlo. Me niego a que lo hagas.
—Y no lo hago.
—¿Estás segura de ello? —repito mi pregunta anterior solo que esta vez lo hago con otro fin, uno mucho más real, más doloroso—. No niego que los Caldwell te ayuden, porque lo hacen.
—Joder, sí —apunta ella cortando mi discurso.
Asiento para darle a entender que estoy de acuerdo.
—Lo sé. Y también sé que te privas de muchas cosas, que has sacrificado tu vida y has entregado todo por esa niña.
—Es lo más importante que tengo, Aaron. —Alza un dedo increpándome con él. Ahí está la mujer guerrera que lucha contra todos y todo por lo que más quiere.
No sabéis lo orgulloso que me siento cuando escucho esa clase de afirmaciones, porque Juniper se merece a una madre como Blue, y Blue se merece… Blue se merece todo lo bonito que pueda haber en este mundo. Esté yo a su lado o no.
—Lo sé.
Sujeta la copa entre las manos y se la lleva de nuevo a los labios.
En su mirada veo el brillo de la emoción y las cargas que soporta.
La soledad, la presión, las injusticias, hacer malabarismos con la vida para llegar a todo, las interminables jornadas de trabajo…
, pues claro que se merece ser feliz. Más que nadie.
—Por eso no entiendo cómo es posible que todo haya terminado así —murmura ella y se aleja en dirección a la ventana—.
No entiendo cómo es posible que mis padres, mi madre…
—Los hombros se le tensan y me dirijo hasta donde se encuentra.
No invado su espacio, solo la acompaño, porque precisa hacer esto sola, necesita soltar esa carga y la entiendo, porque yo también lo he necesitado.
La culpa, el dolor, el miedo, el arrepentimiento, son sentimientos que no se ven, pero que dejan una huella pesada.
Muy pesada—. No entiendo cómo pudieron abandonarme a mi suerte. Sin más.
Aparta la mirada de la ventana y de la noche de Vancouver y observa el pasillo por el que hace minutos Juniper y yo nos perdíamos como si necesitase recordar que lo más importante de su vida está a un par de metros de distancia.
—No hay explicación para ciertas cosas, Blue. Por más que te empeñes.
No hace mucho me dio pinceladas de su vida.
Un secreto suyo por uno mío y un «que les jodan» que nos hizo sentir un poco mejor.
Hoy. Esta noche. En este instante… me está explicando todo.
Me está haciendo partícipe de ese dolor y de su lucha.
Sí, frente a mí tengo a una villana principesca de tomo y lomo.
—Me dejaron sola. Embarazada de tres meses, abandonada a mi suerte y no les tembló el pulso cuando me echaron de casa. Mis hermanos apartaron la vista, yo pensé…, pensé que me ayudarían, que darían un paso al frente por mí, y no lo hicieron. No lo hicieron —repite.
—Yo tampoco lo hice —le recuerdo.
Chasquea la lengua con desaprobación.
—No es ni por asomo lo mismo.
—No, por supuesto que no. Hablo de que a veces nos paraliza el miedo. Y que conste que no los defiendo, a ninguno de ellos. Los odio sin siquiera conocerlos. Por lo que te han hecho. Por abandonarte, por abandonaros a las dos.
La mirada de Blue se enternece.
—No digas eso. Yo no los odio. —Su afirmación me pilla con los pantalones bajados—.
Al principio lo hacía, ¿sabes? —Deambula por el salón y da vueltas alrededor del sofá, sé por qué lo hace, necesita moverse para aclarar sus ideas o para tener valor para contarlo todo.
Para dejarlo salir por fin—. Porque… ¿Cómo abandonas a tu hija embarazada?
, ¿a ese bebé que viene en camino y que se supone que es una bendición?
¿Cómo dejas que estén solas a su suerte?
—Niega en repetidas ocasiones intentando racionalizar sus propias palabras.
La imagino dándole vueltas una y otra y otra vez a todo esto, buscando respuestas que no iba a encontrar porque, en ocasiones, es más sencillo de lo que parece—.
Al principio pensé que era yo, que era mi culpa, que me lo había buscado sola por no ser cuidadosa.
Estuve meses en los que me odié tanto tanto, Aaron…
—confiesa y mis manos buscan su cuerpo, necesito abrazarla, necesito que sienta mi calor, el latido furioso de mi corazón.
Quiero que sepa que estoy aquí pase lo que pase—.
Entonces miraba hacia abajo y veía esa barriga que iba creciendo y redondeándose poco a poco —murmura contra mi pecho y siento la vibración de sus palabras en cada parte de mi ser—.
Y dejaba de buscar culpables, de ahondar en los motivos, de intentar encontrar respuestas porque por ella haría lo que fuese.
Aun sin conocerla. Me juré que la protegería contra cualquier daño, contra cualquier persona.
Que gastaría todo mi esfuerzo y mis energías en cuidarla como no me habían cuidado a mí.
Y que ella siempre sería mi elección. Por encima de mí misma, Juniper sería mi prioridad.
»Me quedé en la calle. Cassie y sus padres me abrieron la puerta esa noche.
Y la siguiente y la siguiente y la siguiente.
Juniper nació mientras compartía habitación con Diddy.
Me compraron una cama, a Juniper le compraron una cuna y nos colmaron de felicidad.
Vivimos unos años bajo ese techo hasta que todo empezó a enderezarse, hasta que pude ver la luz al final del túnel.
La estrecho todavía más contra mi cuerpo. Siento el frío del suyo y sé que es por culpa de los recuerdos.
—A pesar de todo. —Se separa de mí, aunque con los brazos todavía sujetos a mis costados, lo hace solo para mirarme a los ojos mientras se sincera, se abre, me muestra toda esa parte que le duele y que la ha hecho sentir sola y llena de vulnerabilidad—.
A pesar de haber perdido a mis padres y a mis hermanos, no cambiaría nada.
Nada de nada. Porque gracias a eso supe lo qué era de verdad tener una familia.
Y no hablo solo de Maddie y Carson, de Diddy, Noah y Xavier.
Hablo de Juniper, de que ella ha convertido en hogar todo.
—Extiende los brazos y señala el espacio.
Ahora es este, pero bien podría ser cualquier otro—.
De la lección de vida que me dio al nacer, de cómo llegó para revolucionar mi mundo, para enseñarme que cada día aprendo algo nuevo con ella: una sonrisa diferente, un abrazo mejor que el anterior, una palabra, un gesto, un beso o un refrán que nos inventamos.
Una norma que nos protege. Una persona que llega y tambalea tus cimientos.
—Me posa una mano en la mejilla y me sonríe con ternura.
Sé que ella también lo siente, sé que también nota esto que hay entre los dos, sin olvidar que necesita más tiempo porque es prudente.
Es madre. Joder, es una puñetera reina de verdad.
»Lo que escribí en aquel papel antes es cierto, Aaron. Sí que me gustas. Me gustas de verdad.
Pero… Sé que hay un «pero». Lo percibo. Lo noto. Lo siento en cada parte de mi ser.
Aun así, no pronuncio palabra alguna sobre ello, porque estamos aquí. Los dos. Y porque estoy dispuesto a aceptar cualquier cosa que me dé.
Y a quedarme.
Eso también.
Entonces Blue se pone de puntillas y sus labios rozan los míos, enreda los dedos en mi pelo y su lengua se aventura en busca de la mía. Y se me olvida todo porque he llegado al paraíso. Y quiero quedarme para siempre en él.