Marcando las normas (Wild Warriors 2) CAPÍTULO 43
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CAPÍTULO 43

Dando de qué hablar

Aaron

—H ola.

Cuando Sloane cruza la puerta de casa de los Caldwell seguida de Cassie y de Blue, no me queda ninguna duda de lo bien que han congeniado las tres.

No es solo por la forma en la que se ríen, gesticulan o comparten bromas que solo ellas entienden, sino por la manera en que se miran, con cariño y con paz. Esa…, esa es la clave.

Busco a mi hermano con la vista para encontrarlo observando la escena como estaba haciendo hace unos instantes. La media sonrisa que muestra es indicio de que ha llegado a la misma conclusión.

—Un poco más tarde que yo —replico para buscarle las cosquillas.

—Cállate —musita empujándome.

Siempre me fascinará la forma en la que Ash y yo nos entendemos sin palabras. Es una conexión innata que siempre hemos compartido y que espero que tengamos toda la vida.

—Deja de comértela con los ojos —lo empujo.

—No eres el más indicado para dar esa clase de consejos, señor besucón.

Y es entonces cuando se pasea por la cocina enredando los brazos en su espalda y lanzando besos y mordiscos al aire. Le patearía el culo, pero me temo que los Caldwell no verán eso con buenos ojos.

—¿Se puede saber qué hace? —pregunta Noah situándose a mi izquierda y observando la escena entre perplejo y divertido.

—El tonto —replico yo, y la carcajada que suelta Gillian hace que Noah la mire embobado.

Lo entiendo, ¿vale? Quizá en otras circunstancias me reiría de él, que no con él, por ser tan intenso.

Sin embargo, a día de hoy y teniendo en cuenta que soy incapaz de actuar como una persona racional cuando Blue pulula por los alrededores, solo puedo palmearle la espalda y darle la enhorabuena—.

Bienvenido al club de los enamorados —agrego.

Ash me escucha y nos guiña un ojo mientras coloca la cesta del pan en el centro de la mesa.

Juniper y Carson están bailando por la cocina y eso me saca una sonrisa. Esa niña es increíble, tanto como lo es su madre.

—Amigo, yo inauguré ese club. —Y se marcha de allí con esa altanería propia de alguien que sabe que tiene razón. Mucha razón.

—No me cabe la menor duda —añado, y él se ríe indicándome que ha escuchado mi comentario y la mordacidad del mismo.

Me gusta esto, ¿sabéis? Me gusta formar parte de esta familia.

Cuando Ash… Bueno, cuando Ash comenzó a venir a cenar a casa de Carson y Maddie cada sábado, cuando Cassie le proporcionó eso que nunca tuvo y de lo que nunca pudo disfrutar y me invitaron por primera vez, sentí cierto recelo.

Entendedme, no es que pensase que me iban a tratar mal o que iban a hacerme sentir fuera de lugar, es que me daba pánico sentir todo lo contrario.

Me he aferrado durante tantos y tantos años a la idea de que nuestra familia pudiese ser así, que pudiesen compartir estas bromas desenfadadas, que todos ayudásemos o aportásemos algo en cada comida compartida, que hubiera muchas palabras que dijesen algo y miles en las que sobrasen porque la compañía ya nos daba todo lo necesario, que el pánico se apoderó de mí.

Entonces llegué, me acogieron como si siempre hubiese pertenecido a este lugar, a ellos, sin hacer preguntas, sin dudas, sin indagar en el pasado o prever el futuro, y fue tan cálido y reconfortante como natural.

A día de hoy no me imagino otro lugar para pasar los sábados por la noche que no sea aquí. Con estas personas que tanto me importan. Con Ash. Con Blue y Juniper.

La busco con la mirada y la encuentro empujando a Xavier en dirección a Sloane. No es necesario que me den ningún tipo de información porque es evidente lo que esas dos buscan.

—¡Mamá! ¡Papá! —grita Cassie, que se acerca a sus padres. Juniper aparta la vista y la clava en la recién llegada—. Ella es Sloane. —Y les guiña un ojo con complicidad.

¿Lo veis? Esa es la clase de gestos que no necesitan palabras porque todos sabemos lo que pretende mostrar.

«Tu futura nuera», grita cada gesto velado.

Me acerco a Blue y la rodeo con los brazos, apoyando la cabeza sobre su hombro. Me encanta esto, me encanta tenerla cerca y me gusta todavía más que me permita estar a su lado.

—Nada de romanticismos de esos, chico bueno —me advierte.

—Por supuesto que no —le explico y me defiendo—. No sé de dónde sacas esas conclusiones, me he tropezado y por pura casualidad mis manos han acabado rodeándote la cintura y la barbilla ha terminado en tu hombro. No hay nada romántico en ese gesto, Blue. Me temo que estás fatal si así lo crees.

Ladea la cabeza y el piercing de la nariz le brilla a causa de la luz de la lámpara de techo. Es tan guapa, joder, tan perfecta…

Y tan mía…, aunque ella no lo sepa.

Mi hermano siempre me ha dicho que es un cabrón con suerte por haber conocido a Cassie. Os juro que entiendo a lo que se refiere.

—¿Sabes a qué me recuerdas cuando te pones así de digno? —pregunta Ash de pronto desde el otro lado de la cocina, apoyándose en la encimera con una sonrisa cargada de malicia. Lo que es indicativo de que es un cotilla de manual.

Levanto la vista, todavía con Blue entre los brazos.

—No sé si quiero preguntar.

—¡Oh, calla! Si él no quiere, lo haré yo —contrataca Blue.

Ya sabemos por qué estos dos se llevan tan bien.

—¿Sabes que mi hermano casi se mata en el hielo? —añade—. Y, aun así, marcaste —me recuerda.

Xavier gira la cabeza como un resorte, otro que está pendiente a lo que sucede a su alrededor.

—Espera, espera…, ¿cómo que casi se mata?

Pongo los ojos en blanco.

Noah se suma al gesto.

—Esto promete.

Ash se aclara la garganta, encantado de tener público. Por supuesto, cómo no.

—Partido en casa, contra los Bears —empieza y sabe que tiene la atención de todos, incluso la de Carson, que sigue bailando con Juniper—. Íbamos fatal. De esos días en los que el disco nos rehuía como una plaga y el hielo parecía tener algo personal contra ti: una deuda pendiente o algo así.

—No le hagáis caso —murmuro.

—No —replica testarudo—. Te vi patinar como si fuera tu primera semana con cuchillas nuevas. Parecías un potrillo recién nacido.

Las risas se extienden por la cocina, y yo pongo los ojos en blanco. No me hace maldita gracia.

Quizá un poco.

—¿Qué pasó? —le anima Xavier.

—Últimos minutos del segundo periodo —prosigue Ash—. Aaron robó un disco en nuestra zona y salió disparado. Todo perfecto hasta que decidió cruzar por delante de la portería rival.

—Nunca hagáis eso —interviene Noah, conocedor del asunto y fan número uno.

—Exacto —asiente Ash, que alza el pulgar para darle su beneplácito—. Se le enganchó la cuchilla con una marca del hielo, perdió el equilibrio y desapareció de mi campo de visión. De forma literal.

—Porque se cayó —puntualiza Blue.

—Porque se estampó —la corrige mi hermano encantado con ello—. De cabeza. Dentro de la portería.

Xavier suelta una sonora carcajada.

—¿Dentro dentro? —pregunta Noah, se ha llevado un trozo de pan a la boca, solo le falta la cerveza. Podrían ser comentaristas.

—Dentro dentro —confirma Ash—. El portero no sabía si parar el juego y llamar a emergencias o descojonarse en su cara.

La segunda opción, seguro.

—Me levanté rápido —me defiendo.

—Te levantaste como pudiste —asegura—. Con el casco torcido y cara de querer asesinar a alguien. Sobre todo, si alguien se reía de ti.

—Eso sí me lo creo —añade Noah.

Ash sonríe y continúa:

—El árbitro no pitó. El disco seguía moviéndose. Yo lo recogí en la banda derecha y, cuando levanté la cabeza, ahí estaba él. Salía de la portería rival con el pecho hinchado, parecía que acabase de renacer.

—¡Aleluya! —grita Blue aplaudiendo.

—Eso fue instinto —susurro más bajo a la vez que le pellizco el culo.

Ella se revuelve y se ríe.

Ash me mira un segundo antes de seguir, con algo más serio en la voz.

—Eso fue cabezonería. Te pasé el disco sin pensar.

—Y yo tiré —añado.

—Y marcó —cuenta Ash—. Todavía con media grada riéndose y la otra mitad sin entender nada.

Xavier aplaude una vez, encantado con la anécdota.

—Ese gol lo vi —apunta desde el otro lado, con Sloane a su derecha—. ¡El del tío que se cayó dentro de la portería! Fue épico, que conste.

Noah niega con una sonrisa admirada.

—Eso es cine.

—Eso es Aaron —responde Ash—. Se cae, se levanta y te clava un gol sin que te lo veas venir.

Me encojo de hombros, pero no puedo evitar sonreír.

—¿Veis? —digo—. Ni en el hielo ni fuera de él hay nada romántico en tropezarse.

Blue resopla contra mi cuello y se gira para colocarme las manos sobre los hombros unos segundos que me saben a poco.

—Claro que no —responde—. Igual que ahora.

Ash nos señala con el dedo, triunfal.

—Exactamente eso —explica—. Siempre acaba igual, en el sitio correcto, aunque llegue dando tumbos.

La afirmación flota en el aire. Blue frunce el ceño porque ha entendido lo que mi hermano quería decir. Yo, por mi parte, no lo niego, porque es cierto que estoy en el lugar correcto siempre y cuando ella esté en él.

—¿Qué estáis tramando vosotras dos? —pregunto haciendo alusión a la escenita que está montando Cassie y obviando al resto de la familia, que sigue riéndose de mí por haberme caído.

—¿Nosotras? —Ladea una vez más la cabeza y enreda las manos en mi nuca. No me aparta, al contrario—. No sé de qué hablas. Es una cena porque, como siempre dice Diddy, hay que cenar, y los Caldwell cocinan de lujo.

—No como otras —sentencia Noah, que pasa por allí y cotillea de todos lados.

—Eres lo peor —se defiende Blue.

Noah se alza de hombros y avanza hasta donde se encuentra Gillian, le da un beso en la nariz, y ella le pellizca el culo.

—Y así es como se me quita el apetito —susurra Blue.

A pesar de todo, no pierde el buen humor y sé que está bromeando. Me gusta que lo haga.

—Vale, tortolitos. —Todos, y cuando digo todos es todos, prestamos atención a las palabras de Maddie, que pone los ojos en blanco cuando se percata de que ninguno hemos entendido que se refería a Noah y Gillian, pues por lo visto los pellizcos han dado paso a algunas cosas más—.

A la mesa y las manos quietecitas —les advierte.

—¿Eso es una broma sexual? —pregunta Juniper.

La cara de Carson cambia de color de pronto. Noah abre la boca, Ash boquea porque está en shock, y Cassie…, Cassie se parte de la risa.

—Porque hoy Caleb le ha dicho a mamá y a Aaron que si estaban haciendo bromas sexuales y creo que Noah y Gillian también las hacen. Porque también se besan y esas cosas. —Los señala mientras lo explica de una forma de lo más convincente.

—No, cariño, eso no es una broma sexual —le explica Carson con toda la paciencia del mundo.

—Mamá, no me lo has explicado bien, sigo sin entenderlo. ¿Puedo pedirle a la profe que me lo explique?

Me percato de cómo Blue abre los ojos, aterrorizada, porque algo así pueda suceder.

—No —se adelanta soltándome, la agarra de la mano y la saca de la habitación.

—Eso es así siempre —señala Xavier para que todos nos entendamos—. Los líos en esta casa se resuelven fuera de la cocina, no lo comprendo, con lo que nos gusta a todos saber cómo acaban las cosas.

—¡Van a acabar con mi puño en tu cara! —le grita Blue al otro lado, porque se ha enterado, vaya si lo ha hecho.

Me río. Es imposible no hacerlo.

—Con violencia también terminan de vez en cuando —asegura Xavier mientras arrastra la silla para indicarle a Sloane que tome asiento.

Vaya…, vaya con el caballero.

—¿Siempre os comportáis de esa forma? —pregunta Sloane, que toma asiento.

Sin embargo, y a pesar de todo, no noto que esté asustada y quiera salir huyendo, más bien muestra una curiosidad innata.

—Ah, no, ¡qué va! Somos todavía peores —explica Noah.

A lo que todos respondemos con una serie de asentimientos para que entienda que es real.

—Tenemos un chat —cuenta Cassie.

—Un chat en el que nadie me ha metido —concluyo haciéndome el ofendido.

—Porque hablamos de ti —explica Cassie como si tal cosa.

Busco a mi hermano, que ya ha tomado asiento y se ha cruzado de brazos. Sonríe presuntuoso el muy cabronazo. Lo que significa que es verdad.

—Por lo que veo, todos hablan de mí —ironizo y me cruzo de brazos yo también.

—Mira qué llorica —me acusa Noah entre risillas. No se molesta siquiera en disimular cuando me señala con el dedo y se ríe como una cabra montesa—. Cuando formes parte de la familia de forma oficial, entonces estarás en ese grupo.

—Te aconsejo que no entres, Aaron —explica Gillian—. Dos días y tuve que abandonarlo. Te sacarán de tus casillas. Hasta fotos de huevos peludos se envían.

—Mamá, yo quiero estar en ese grupo con huevos peludos.

—Carson se atraganta. Se atraganta de verdad.

Es decir, escupe incluso el agua que estaba tomando, y Maddie le da una servilleta antes de que el estropicio sea todavía mayor—.

Los huevos no son peludos. Nunca he visto unos huevos peludos —insiste Juniper, que, por lo visto, acaba de entrar y ya se está liando de nuevo.

—A ver, sí que los hay, peque —rumia Asher.

Me temo que Blue y su mirada indican que quiere cortarle la cabeza.

—¿Dónde? Quiero verlos —insiste.

Ash apunta a Xavier con el dedo índice.

—¿Yo? No, perdona, los míos están perfectos.

—Se refiere a perfectamente peludos —señala Noah, que a él poco le hace falta para entrar al trapo y avergonzar a todos los presentes.

—¿Podemos dejar de hablar de huevos peludos? —insiste Maddie, que reparte servilletas.

—Gracias —indica Asher, que es un gilipollas, eso sí, educado.

—¿Eso tampoco puedo preguntarlo en el colegio?

—¿Sabías que tu madre es una excelente dibujante? —inquiere Cassie.

Blue cambia de color, y yo me parto de risa al verla.

—¿Mamá? Pues espero que se le dé mejor que cocinar porque… puajjj .

—Oh, vaya, gracias. No estoy presente, podéis seguir metiéndoos conmigo. Solo me encargaré de vengarme y no os gustará.

—Bah, no te tenemos miedo.

Blue le da una colleja a Noah, que es el que tiene más cerca y el que ha pronunciado esas palabras.

—¿Te ha gustado esa? Porque tengo más.

Me carcajeo, es que no puedo evitarlo, y Sloane lo hace conmigo.

—¿Están un poco…? —Simula una mueca de locura que todos, absolutamente todos, pillan.

—Y esto acaba de empezar —sentencia Xavier a su lado—. Y, bien, ¿quién es el siguiente?

—Ah, yo, yo tengo una pregunta. —Juniper alza la mano—. ¿Te vas a besar con Sloane?

Todos los presentes rompemos a reír. Todos excepto Xavier, que se ha puesto colorado.

Aquí se cuece algo.