CAPÍTULO 24
Correr es de valientes
Aaron
—E yyy, Art, ¿cómo va la cosa? —Ash se cuela en la casa de su vecino gritando, tal y como hace siempre. Una parte de él quiere molestar a Art y la otra quiere ponerlo sobre aviso para que sepa que no está solo y no se asuste.
—Yo me encargo de la cocina —agrego mientras Ash se pierde por el pasillo.
Escucho cómo Art lo llama patán y cómo el otro lo amenaza con tirarle el bastón por la ventana para que tenga que gatear hasta la cocina y, tras eso, escucho un golpe y el aullido de Asher.
Apuesto lo que sea a que ese bastón acaba de terminar sobre la espalda de alguien que se lo ha buscado solito.
La puerta del baño se cierra y, mientras mi hermano ayuda al viejo Art a ducharse, me dedico a recoger las cosas que hay desperdigadas.
Lavo y seco platos, coloco cubiertos, reviso la nevera, preparo la lista de la compra y saco la basura.
Cuando regreso, ya están en la cocina, y el rey de la misma ya está preparando algo que podamos comer, por lo que veo, patatas al horno con pollo a la plancha.
—Ni siquiera sé por qué sonríe todo el rato. ¿Se ha comido un payaso o qué? —pregunta Art, que tamborilea los dedos sobre la mesa al compás de la música que Ash ha puesto en el teléfono.
—Es el amor, lo tiene trastornado.
—Si no dejáis de meteros conmigo, os añadiré tanto picante que no volveréis a sentir la lengua en vuestras vidas.
—Asher se gira y nos señala con el mismo cuchillo con el que está pelando las patatas—.
Visto así, es algo beneficioso para mí. Si no habláis, no tendré que soportar vuestros lloriqueos.
Los tuyos por bañarte y los tuyos por Blue.
Ya sabía yo que este tema tenía que salir a la palestra y también sabía yo que mi hermano me la iba a devolver por lo sucedido meses atrás. ¿Qué? Es muy divertido cuando el foco de atención es otro.
—¿Blue?
—Ah, Art, es que no te lo he contado. —Se gira de nuevo. Tiene una patata enorme en la mano izquierda y sigue hablando a la vez que la pela. Para que digan que no podemos hacer dos cosas a la vez—. Aaron hizo cosas indecentes hace unos días con la mejor amiga de Cassie.
¿Qué? ¿Cómo cojones se ha enterado?
—¿Cómo de indecentes? —indaga Art.
—¿De qué lado te vas a poner? Piénsatelo, porque puedo quitar tu nombre de la lista de asientos reservados para familiares —bromeo.
—Tu hermano me dará los suyos.
—Por supuesto que sí. —Cabecea el mismo mientras añade romero sobre la guarnición antes de meterla en el horno.
—De su lado, sin lugar a dudas.
—Y no solo eso, Art. —Se acerca al fregadero y se lava las manos con toda la parsimonia del mundo—. Aaron está pillado por esa chica. Muy muy pillado—. Bienvenido al club de los enamorados —susurra bajito para que solo yo lo escuche y recuerde esa conversación.
Como si pudiese olvidarla. Como si pudiese olvidar algo de lo que ha sucedido.
—Sigo sin estar lo suficientemente borracho —le recuerdo.
Ash suelta una risilla, y Art se incorpora, apoyando el cuerpo en el bastón. Me acerco con la intención de ayudarlo y me da una colleja.
—Puedo solo, no soy tan viejo.
—No, desde luego que las collejas las repartes como el más joven.
—Y no quieras averiguar la destreza que tiene con el bastón —añade Ash, que se lleva la mano al muslo. Vale, ese es el lugar del impacto.
Me carcajeo sin perder al viejo de vista. Se acerca a la despensa y saca una botella de vino que coloca sobre la mesa.
—Si tenemos que ser de esa clase de hombres que beben para poder sincerarse, lo seremos.
—¿Ya estás buscando una excusa para empinar el codo? —lo provoca Ash.
Se aleja cuando Art intenta propinarle otro golpe, y yo me cruzo de brazos disfrutando del momento. Cuanto más se entretenga con él, menos seré yo el foco de su atención.
—Es la única forma que tengo de tolerar tu presencia. Eso y los somníferos. Empezaré por algo más sencillo —le suelta.
Mi hermano, para sorpresa de nadie, se toma el comentario bien. Art se limita a servir tres vasos y a repartirlos entre los presentes. Me lo llevo a los labios y lo saboreo.
—Mmmm, Donahue nos va a matar —concluyo.
—Es evidente que ninguno de los presentes se lo va a contar —ironiza el viejo.
Asentimos porque en eso tiene razón.
—¿Y bien?
—¿Y bien qué? —Lanzo balones fuera.
Muevo el vaso para que comprendan que no es suficiente y derramo un poco de vino sobre la mesa en el proceso.
—Le encanta hacerse de rogar —rumia Ash sin perder el buen humor.
Suelto un largo y sonoro suspiro. ¿Qué más da? ¿Por qué no puedo contárselo? Son familia.
—Al principio pensaba que era mera atracción sexual —confieso yendo directo al grano—. Ya no estoy nada seguro de eso.
—¿Cómo es esa chica?
No dudo ni un instante.
—Es irónica, fuerte y sé que carga con mucho peso a su espalda.
—Aparto la mirada y los recuerdos de nosotros tres en el salón de casa la última semana acuden a mi mente sin más—.
Tiende a observarlo todo con calma y tranquilidad.
Sin embargo, sé que es solo una fachada, porque está evaluando cada detalle, observa el mundo con recelo y no le faltan motivos después de todo lo que ha vivido.
—Una ceja de mi hermano se alza porque no sabe hasta qué punto hemos compartido cosas.
Está sola, quisiera decirle, muy sola—. ¿Y sabes qué?
Que, a pesar de llevar esa carga encima, de soportarlo todo con estoicidad, de tener tres trabajos, una hija y mil responsabilidades, se permite cuidar de todos lo que la rodean.
De acordarse de ti y comprarte una taza porque sí, de llevar pasteles a casa de los Caldwell o de enviar mensajes a sus amigos para saber cómo están.
Es así de detallista, de increíble —finalizo.
Alterno la mirada entre uno y otro y, antes de que se rían de mí por ser esa clase de tío ridículamente pillado por una chica, me termino el contenido del vaso y lo dejo caer sobre la mesa con un ruido sordo.
—Me has dejado sin palabras —anuncia Ash, que también le da un largo sorbo al vino hasta terminárselo.
—Deberías volver todos los días porque es imposible que este enclenque se calle nunca. —Lo apunta con el dedo, y Ash estrecha a Art contra su cuerpo dándole un abrazo.
Puede que Asher parezca un tipo duro, pero es igual de increíble que Blue.
—No es malo sentirse así, mírame a mí. —intercede el susodicho—. Solo tuve que admitirlo y ya está.
—Ese no es el problema.
—Entonces, ¿cuál es?
—Blue está siempre de coña, siempre bromea, y no quiero… —titubeo—. No quiero que esto solo sea un pasatiempo. Lo quiero todo con ella.
—¿Todo todo?
—Todo —afirmo con rotundidad.
—Pues estás jodido porque no estoy seguro de que Blue busque nada de eso. —Alzo la mirada y analizo las facciones de mi hermano mientras se rasca la mandíbula, pensativo—. Imagino que la parte difícil es…
—Demostrárselo —finaliza Art—. Las palabras son preciosas, dulces y acarameladas, Aaron. Te hacen flotar, sin embargo, son los hechos los que marcan la diferencia.
—Demostrárselo —repito para mí mismo.
—El viejo tiene razón —afirma Ash.
—Por supuesto que tengo razón, pero no porque sea viejo, sino porque vosotros dos sois dos gilipollas de manual.
Uno que evitaba comprometerse con la única chica que daba la cara por él, la única que tuvo las agallas de luchar incluso cuando todo estaba en su contra.
Y el otro —añade mientras me apunta con el dedo índice— que solo tiene que luchar por lo que quiere.
No por él, no por el amor, sino por la familia, porque esa chica, si tiene una hija, es lo más importante para ella.
—Juniper es maravillosa.
—Por supuesto que lo es —secunda Asher a la vez que le explica de forma somera los problemas que tiene en el colegio.
—Esta semana hemos leído juntos —les cuento.
—¿Cómo? No tenía ni la menor idea —rumia Asher, que se sirve otro vaso.
—Porque no tiene que contártelo todo, patán.
Es el más cotilla de los tres. —Art lo comparte conmigo como si fuese un secreto—.
En fin, tengo que ir al lavabo. —Se levanta, y Ash hace por acompañarlo—.
¿También quieres sujetármela mientras meo?
Joder —farfulla el muy cascarrabias mientras se aleja por el pasillo.
Me carcajeo, y mi hermano aprovecha el momento para sentarse junto a mí. Nos colocamos de lado, sus rodillas chocan contra las mías y me coloca una mano tras la nuca y tira de mí hasta que nuestras frentes se tocan.
—Es especial —agrego.
—Lo son, las tres. —Asiento contra su frente, con los ojos cerrados.
—He investigado, he leído y quiero formar parte de eso. No me da miedo.
Mi hermano suelta una exhalación.
—El problema no eres tú, Aaron. El problema es Blue.
Me alejo unos centímetros y me veo reflejado en sus iris.
—¿Por qué?
—Porque va a hacerte papilla. —Su puño derecho choca contra su palma izquierda para darle más énfasis al asunto.
—Ya lo veremos.
La comisura de los labios de Asher se levanta.
—¿Masturbarla en el local? ¿Qué clase de hermanito tengo?
Es mi turno para alzar una ceja.
—¿Acaso tú estabas haciendo bolillo, joder?
Soltamos una risotada a la vez que negamos.
Terminamos de cenar y regreso a casa. Dejo que el ascensor me lleve hasta la planta de Blue y me acerco como el imbécil que soy para escuchar los sonidos que pueda haber dentro.
Tiene el televisor encendido y alguno de esos programas de cotilleos de fondo.
Me planteo tocar y sentarme a su lado, solo compartir este instante, sin embargo, sé que si lo hago, no voy a dejarla ver el televisor.
Y la idea me tienta más de lo que creéis.