Marcando las normas (Wild Warriors 2) CAPÍTULO 14
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CAPÍTULO 14

Una sex symbol

Aaron

N o me sorprendo en absoluto cuando entro en la cafetería y encuentro a Blue rodeada del resto del equipo.

Tampoco cuando todos ellos la observan embobados, hasta Ben, que se supone que es el que más a su rollo va y que, en ocasiones, en muchas de ellas, parece que el resto del mundo no exista para él.

Está más que claro que Blue existe y mucho.

Me tomo mi tiempo antes de avanzar y acercarme hasta donde se encuentra el grupo.

No estoy celoso, no vayamos a empezar, es solo que…

llevo toda la mañana pensando en ella, ¿vale?

Y no me mires de esa forma porque apuesto a que no te sorprende en absoluto que así sea.

Anoche no pude descansar, no dejaba de darle vueltas a todos los problemas que se acumulan a mi alrededor: mi padre y sus incesantes llamadas, mi hermano y la relación con Prescott, Blue y su reunión en el colegio, Juniper y las dificultades con las que se encuentra cada día, Caleb y su matrimonio y yo mismo y la imposibilidad de pensar con claridad cuando tengo a mi vecina cerca.

Como veis, el barco hace aguas por todos lados y no parece que nada de eso se vaya a resolver en poco tiempo.

Así que, sí, me mantengo al margen unos segundos, disfrutando de la forma en la que le sonríe a Kai cuando le suelta algún piropo de los suyos o a Evan, que tal vez le esté explicando lo de sus clases de baile secretas que todos conocemos y que omitimos a conciencia.

De la manera en la que sirve cafés y les dibuja corazones u hojas de trigo y esas cosas.

O de cómo regala sonrisas confiadas a todos y cada uno de ellos, dando a entender que son mucho más que unos jugadores con los que comparte algunos ratos en este estadio.

Blue tiene la capacidad de mirarte como si formases parte de su vida desde siempre.

Tiene la habilidad de hacerte sentir en casa.

—¡Aaron! —grita desde la distancia atrayendo mi atención y la de todos los presentes—. Acércate —me pide y ante mis ojos mueve una taza vacía. Una taza que pone: «Sí, capitán».

Contengo la sonrisa mientras me aproximo.

Algunos de mis compañeros mueven la cabeza para saludarme cuando ocupo la butaca que está junto a Caleb.

Mi hermano está al otro lado, bastante lejos de donde me encuentro, con el teléfono en la mano, cuando alza la vista solo me sonríe, y yo asiento a modo de saludo.

—No era necesario que me observases desde lejos, a mí me gusta mucho más cuando te tengo cerca. —Blue me guiña un ojo con picardía, y yo, bueno, podéis imaginar lo que sucede, ¿no?

Me gusta que me busque las cosquillas y, a su vez, me da mucha vergüenza que lo haga.

Nunca he tratado con una chica como ella.

Todas las mujeres con las que he salido eran sobrias, serias y para nada espontáneas.

Eran un calco de lo que es mi madre: el aburrimiento personificado.

Y es por eso por lo que Blue me tiene tan cautivado.

Nada con ella es forzado, brilla con luz propia y eclipsa a todo el que tiene a su alrededor.

Todavía no entiendo cómo es posible que no tenga a una fila de tíos haciendo cola suplicando por su atención, aunque, si miro a mi alrededor, está claro que en este caso sí que la tiene.

Le doy una colleja a Kai, que parece babear por ella.

—Auuu, ¿a qué ha venido eso?

Se masajea la nuca clavando los ojos marrones en mí.

—Se me ha resbalado la mano —me defiendo.

Caleb se ríe a mi lado.

—¿Hasta mi nuca?

—Puede que también se me resbale la pierna —lo amenazo entre bromas.

O no tan de broma…

Kai me sonríe y entonces vuelve a clavar la vista en Blue. Suelto un suspiro de alivio cuando ella pasa de largo y deposita la taza con la bebida justo enfrente de donde me he sentado.

—Tal y como a ti te gusta: dulce, especiado y hecho por mí.

Sí, es así justo como me gusta.

—¿Y esta taza? —le pregunto dándole vueltas para observar el diseño.

—La he visto esta mañana de camino al trabajo y he pensado en ti, espero que no te moleste. —¿Nervios?, ¿eso que escucho son nervios?, ¿en Blue? Debo de estar imaginándomelo.

—Yo pertenezco a la segunda línea ofensiva, Blue, si encuentras una taza para mí no me importaría que me la dieses. O quizá podemos tener una cita e intercambiar esos regalos. En privado.

Me arrepiento de inmediato de no haber dejado que mi pierna se resbalase de verdad.

Joder, es que este chico no pierde la oportunidad.

Comprendo cómo se sentía mi hermano cuando nos acercábamos a Cassie, y el problema es que yo mismo me reí de él.

Ya veis cómo cambian las tornas porque no me hace maldita gracia este asunto en cuestión.

Me llevo la taza a la boca y saboreo el contenido de la misma. Un poco por disfrutar del café que me ha preparado Blue y otro poco por morderme la lengua y no soltar algo que me delate ante todos los presentes.

—Tranquilo, capitán, si sigues apretando las manos así contra la taza, no te va a durar ni un solo día —rumia Caleb a mi lado.

Parece que algunos de los presentes me conocen mejor de lo que pensaba.

—¿Te lo estás pasando bien? —le pregunto a mi hermano, que acaba de situarse a mi lado, empujando a Kai a su paso.

—Me temo que todavía no ha empezado lo mejor —sentencia con un deje de provocación.

—Bueno, veo que no se aprecia mi compañía por aquí hoy, así que yo casi que me marcho.

Suelto una risilla y me termino el contenido de la taza.

—Vamos, Kai, no te enfades —añade Caleb, que también se pone en pie.

—Es que ya no se puede ligar con un poco de dignidad.

—¿Dignidad? —interviene Blue soltando una risotada a su paso—.

Por favor, Kai, ¿sabes que te comería de un solo bocado?

—inquiere ella, y la media sonrisa que a mi hermano se le da tan bien regalar aparece en esta ocasión en su cara.

Y yo me pondría de rodillas ante ella para que fuese el destinatario de la misma.

—Justo como a mí me gustaría —añade.

No lo culpo, que conste, porque me temo que ese ha sido el primer pensamiento que se ha colado en mi cabeza. Ella comiéndome de un bocado o, mejor aún, yo devorándola a ella.

Me pregunto si gemirá con fuerza. Si será de las que gritan cuando la embistes o, por el contrario, será comedida y silenciosa. Me juego lo que sea a que Blue forma parte del primer grupo. Llamadlo intuición masculina o lo que coño sea.

—Venga, vamos a entrenar. Dejad a Blue en paz, que tiene mejores cosas que hacer. —Los empujo hacia la salida y aguardo hasta quedarnos a solas.

—Sí. —Recorre mi cuerpo con descaro. Todavía no me he puesto el uniforme, solo el jersey del equipo y llevo pantalones vaqueros y zapatillas de deporte—.

No hay nada mejor que hacer que observarle el culo al capitán del equipo —agrega como si ese pensamiento hubiese pertenecido a ella y solo a ella.

Boqueo unos segundos porque no sé si ha pretendido que lo escuchase o simplemente ha pensado en voz alta.

—¿Por qué me miras así, Aaron? Tienes un culo muy mono. Seguro que puedes cascar nueces con él. ¿Haces pesas? ¿Lo ejercitas de una forma especial? ¿Te importaría que lo tocase para descubrirlo?

Sacudo la cabeza y el pelo se me mueve. Observo cómo le brilla el piercing de la nariz y cómo su sonrisilla se amplía conforme interiorizo la provocación y dejo que fluya entre los dos.

Permanezco quieto, porque una parte de mí quiere contestarle, quiere acercarse, sujetarle la mano y colocarla sobre mi culo, y la otra, la sensata, la responsable, me recuerda que estamos en el estadio, en la cafetería, en su puesto de trabajo y que no quiero que se meta en ningún problema, así que, para sorpresa de nadie, me muevo en dirección a la salida sin perder la compostura.

Lo que se está convirtiendo en un hábito.

Ella provoca, y yo cedo…, hasta que deje de hacerlo, claro.

Me regodeo en ese pensamiento mientras me cuelo en el vestuario. Me regodeo todavía más en el hecho de que ese pensamiento cobre vida. Y me deleito en cómo sería tenerla para mí y solo para mí.

Y me paso todo el entrenamiento bien jodido, porque dejar que Blue se cuele en mis pensamientos es el mayor desafío que existe.

Y Asher me deja claro que también lo sabe. Porque lo vivió en sus propias carnes.