CAPÍTULO 13
Una de ex, por favor
Blue
Cassie:
Blue, ¿estás bien?
Xavier:
¿Qué ha pasado?
Noah:
Dime un nombre y una dirección, yo me encargo del resto.
Cassie:
Nada de asesinatos.
Noah:
Ya está mi hermana cortándome el rollo.
Xavier:
Me ofrezco de coartada.
L eo todos los mensajes de esta panda de tarados en medio de la cafetería del Truenorth Ice Dome y es inevitable sonreír, lo hago a pesar del agotamiento que llevo encima.
—Una botella de agua —me pide Sloane, que se sitúa justo enfrente de donde me encuentro.
Guardo el teléfono y se me traba en el delantal. Maldita sea mi mala suerte.
—Juro que no estaba leyendo los mensajes de mi familia.
Una ceja se le alza, y le regalo mi mejor cara de niña buena, y no debo de ser la más experta del mundo en hacerlo, porque es evidente que no se lo traga. Tal vez sea porque Sloane Archer es más lista de lo que yo pensaba y, creedme, pensaba que lo era un rato largo.
—¿De verdad crees que me preocupa lo más mínimo que leas los mensajes de tu familia en un espacio de tiempo en el que no hay nadie merodeando por aquí?
—Niega—. Me preocuparía más que te acabases las reservas del whisky .
O de la ginebra. Por cierto, paso de esa agua de mierda, ponme algo más fuerte que se pueda disimular.
—¿Un mal día? —tanteo como si tal cosa.
—Un mal año, ese es el resumen de mi vida.
—¿Quieres contármelo? Puedo ser una excelente camarera y una mejor psicóloga. Te haré precio especial. —Sonrío condescendiente.
Pillo un vaso del mueble que tengo justo detrás, le pongo una rodaja de limón, una cereza roja y otra verde y le sirvo dos dedos de ginebra, porque, si alguien me asegura que lleva un mal año, es lo mínimo que puedo hacer por esa persona.
Lo máximo sería regalarle unas vacaciones pagadas en algún lugar paradisiaco lleno de tíos fornidos y sexis que estén a su servicio y, de paso, comprar otro billete e irme yo también.
—Gracias por el ofrecimiento. —Me devuelve la sonrisa—. ¿De cuánto tiempo dispones?
Observo todo a nuestro alrededor. Hay dos mesas ocupadas, una de ellas con algunos directivos de los Wild Warriors que tienen pinta de haberse comido una docena de pomelos podridos o de no haber cagado en semanas, lo que prefieras, y en la otra, un par de jugadores que me saludaron cuando llegaron y, ojo, no por ser la amiga de Cassie, sino por ser la chica divertida y espontánea que sirve los mejores cafés del mundo. Solo cito sus palabras, que conste.
—De todo el que necesites, puesto que no hay nadie que precise de mis servicios. Nadie más que tú. Por ahí se cuenta que se me da de lujo eso de dar consejos.
A mi mente acude Aaron y no debería o sí, porque, ¡joder!
, no he dejado de pensar en él desde ayer.
He considerado escribirle un mensaje y, de hecho, lo he intentado en alguna que otra ocasión.
Sin embargo, siempre termino arrepintiéndome y borrándolo porque si se marchó de esa forma quizá fue porque…
, porque todos terminan haciéndolo siempre.
Me trago ese pensamiento y el malestar que lo acompaña y lo encierro en lo más profundo de mi ser. Abajo, dentro. Lejos.
—Hace poco más de un año que me divorcié. —Frunzo el ceño, vale, tema sensible donde los haya—. Y no, no me mires así, estaba deseando quitarme a ese puto lastre de encima. Es lo que se resume como un bueno para nada. —Auchhhh, eso me dolería si yo fuese ese tío.
—Pues felicidades, supongo.
—Gracias, supongo. —Me guiña un ojo y se lleva la copa a los labios.
En su defensa diré que, si yo me quitase ese peso de encima, estaría celebrándolo cada maldito día—.
El caso es que no me deja en paz. Es de lo más persistente a pesar de que he intentado por activa y por pasiva explicarle que no siento nada por él.
De hecho… —añade, se acerca a mí y mira hacia ambos lados.
Se avecina un secreto, amigas mías—, nunca sentí nada por él, nada más allá de algo sexual. Era bueno en la cama.
Pagaría porque Cassie estuviese aquí y se atragantase ante esta confesión, yo, por el contrario, «vivo por y para los cotilleos» y todos lo sabemos.
—¿Cómo de bueno?
En fin, no puedes esperar lanzar esa afirmación con esa rotundidad, y que yo actúe como una persona recatada, cosa que es evidente que no soy.
—Demasiado para lo gilipollas que es en el resto de aspectos.
Chasqueo la lengua.
—Ya sabes lo que se rumorea por ahí. —Me acerco y apoyo la barbilla sobre la palma de las manos—. A veces el envoltorio promete el cielo hasta que descubres que por dentro solo hay humo.
Y sí, esa es, con toda probabilidad, otra de mis frases hechas. Algún día se la diré a Juniper para que aprenda a distinguir a los fantasmas, y no me refiero a los muertos, los vivos son todavía peores. Ya me entendéis.
—Pues este tenía un envoltorio precioso. Solo eso.
—Ya, suele pasar —aventuro.
—No sé cómo hacerle entender que no estoy disponible.
—¿Sales con otra persona? —indago.
—No. No me apetece…, ya sabes, meterme en ese tipo de líos. Necesito libertad, conocerme, disfrutar y no atarme a nadie. ¿Has escuchado alguna vez esa frase de «si yo hubiese sabido esto, no me habría metido»?
—En muchas ocasiones —admito.
—Pues eso.
Se termina la copa y me tiende el vaso.
—¿Otra?
Niega.
—No quiero ser la jefa borracha de la cafetería que sale en las noticias. Apuesto a que no sería de las divertidas, me limitaría a explicar que he perdido diez años de mi vida con un imbécil que no merecía la pena. Y más imbécil por mi parte pensar que sí.
—Ese podría ser un buen titular, yo compraría la revista.
—Cotilla —me suelta con mordacidad.
Le tiendo el puño para que entienda que sí soy eso.
—En fin, gracias por contármelo y, si necesitas que le dé una paliza o que escondan un cadáver, tengo gente que estaría más que dispuesta a ello.
—¿Tus amigos? —Asiento.
—Son como mis hermanos. Noah es un poco matón, pero en el fondo es buena gente, y Xavier…
¿Habéis pensado que Xavier podría hacer buena pareja con ella? Porque a mí se me acaba de ocurrir y, en fin, sin desmerecerlo en la cama, cosa que me da absoluto cringe , ya puestos, le serviría como escudo ante ese gilipollas del que habla.
—¿Te has quedado sin palabras?, ¿tú? —Me señala.
—Se me acaba de ocurrir una idea. Una muy loca.
—Vale.
—¿Vale?
—¡Yo qué sé! Llevo tanto tiempo siguiendo un camino marcado que cualquier cosa que me propongan, pues allá que voy.
—¿Y si es algo pervertido y cochino?, ¿algo sumamente marrano relacionado con unos huevecitos peludos?
—Qué asco —sentencia Sloane, lo bueno…, no, ¡qué digo lo bueno!, lo mejor es que se ríe y me contagia.
—Tengo la solución perfecta para ese tío del que quieres deshacerte.
—¿Tengo que buscar una coartada?
—Más o menos.
Alzo las cejas en varias ocasiones y me descubro riendo por ello. Esto se pone interesante. Porque sí, ese es el resumen.
—Pues nada…
Me suena el teléfono y lo ojeo por encima.
Sloane:
Alguien me ha propuesto un plan loco que todavía desconozco, ¿quieres ser mi coartada?
Sonrío, de hecho, más que sonreír, me carcajeo.
Blue:
Me he escondido para que mi jefa no sepa que estoy respondiendo el mensaje porque no quiero perder este empleo, pero, vamos, cuenta conmigo para lo que sea.
Sloane:
Eres una buena amiga.
Blue:
Has tardado mucho en darte cuenta.
Dejo mi teléfono al lado y nos sonreímos con complicidad. Me cae bien, ¿vale? Y nada tiene que ver con que me haya dado el trabajo y con lo guay que es esta chica.
—Supongo que nos veremos por aquí —me suelta.
—Y supongo que también podremos vernos por ahí —añado para que entienda mi ofrecimiento.
Ella asiente a la vez que se marcha en dirección a la mesa de los chicos para hablar con ellos un poco.
Sujeto el teléfono y abro una conversación privada.
Blue:
Xavier, necesito tu ayuda.
Xavier:
Ya era hora, joder. ¿Bolsas negras y biodegradables?
Blue:
Nada de asesinatos. Pero gracias por pensar en el medioambiente.
Me envía un par de caras llenas de lágrimas, y yo le envío algunos besos.
Xavier:
Por ti, lo que sea.
Sonrío pérfida porque no sabe la que le voy a liar y lo mucho que Cassie y yo vamos a disfrutar de ello.
Blue:
Cassie, rezo para que estés sentada.
Videollamada entrante de Cassie.
Y la acepto justo antes de meterme en la despensa del estadio.