CAPÍTULO 12
Los Maddox
Aaron
—¿S e puede saber qué haces aquí a estas horas?
Por el tono, el pelo y las marcas de la almohada en la mejilla, mi hermano acaba de despertarse de la siesta.
—Qué hacemos aquí —suelta Caleb, que se cuela en la casa de Ash sin ser invitado.
—¿Os habéis fugado del colegio o qué?
Asher se hace a un lado para que yo también pase dentro y, cuando lo hago, alzo la mano y le muestro seis latas de cerveza.
—La cosa mejora por momentos —agrega.
Me da un par de palmadas en el hombro, y yo lo empujo hasta hacerlo a un lado. Es un buen tío, lejos de lo que puedan contar las noticias o de la cantidad de cosas que se inventen sobre él, últimamente más porque les encanta hacer montañas de granos de arena, es un buen tío de veras.
—¿Y Cassie? —pregunto dejando las cervezas sobre la mesa de centro.
—Me ha dado la noche libre. Algo de una cena con los hermanos.
—¿Y no estás invitado? —rumia Caleb.
—Lejos de lo que puedas pensar, he sido yo el que ha rechazado la oferta.
Alzamos una ceja, perdonadnos que nos pongamos escépticos.
—Vale, me han dejado fuera del plan porque aseguran que estamos todo el día juntos. No entiendo a qué se refieren, no lo estamos, joder.
Caleb se acerca hasta él y le palmea la pierna a modo de consuelo.
—Bienvenido al club de los enamorados.
—Alguien debería avisar de que nos volvemos gilipollas —agrega Asher.
—Y de que no nos importa que nos tilden de eso —agrega Caleb.
—No nos importa en absoluto —sentencio yo.
Se hace el silencio en la estancia cuando me percato de que lo he verbalizado en voz alta. Dos pares de ojos se clavan en mí y me observan sin saber cómo reaccionar ante la frase que he expuesto con total naturalidad.
Porque lo he hecho.
—¿Cómo? —pregunta Caleb, que vuelve a inclinarse, solo que esta vez lo hace con la intención de sacar tres latas y repartirlas entre todos.
—No estoy lo suficientemente borracho como para dar explicaciones.
Y, como somos de esa clase de tíos que respetan los sentimientos —y las vergüenzas ajenas—, entienden mi postura y la respetan.
—Donahue nos matará si se entera de que estamos bebiendo un día antes del partido —interviene Ash, que, a pesar de todo, se lanza a por la cerveza sin pensárselo dos veces. ¿Reglas a él? Pues eso.
Porque sí, mañana jugamos en casa contra los Nashville Glacier Bears y, ya veis, deberíamos estar repasando partidos, jugadas y analizando a nuestros contrincantes como los jugadores responsables que somos, como el capitán responsable en el que me he convertido, y no pensando en la forma en la que hablar con mi hermano y mi mejor amigo y explicarles que me siento atraído por la mejor amiga de Cassie. O como evitar el tema.
Lo de hoy ha sido…, ha sido una pasada, ¿vale? Estaba allí con ellas, pasamos muchas horas juntos, reímos, compartimos confidencias…, mientras intentaba no ruborizarme cada vez que Blue me provocaba con su lengua afilada y luchaba contra la necesidad de tocarla. De tocarla a todas horas, joder.
—Bueno, es una suerte que ninguno de los aquí presentes vaya a contárselo y es una suerte mucho más grande que el capitán del equipo sea el que ha traído las cervezas —acota Asher con ese deje de sabelotodo que le sale innato y que no sé si alabar o recriminarle.
—Siempre podemos echarle la culpa a él —formula Caleb y las comisura de los labios se le alzan a la vez que el dedo pulgar para señalarme.
—O siempre puedo dejaros en el banquillo. Es fácil, solo tengo que mover algunos hilos y…
—Cállate. —Me empuja mi hermano y un poco de la cerveza me mancha el pantalón de chándal.
—Gracias a eso oleré como un borracho.
—Asumirlo es el primer paso —bromea Ash.
Guardamos silencio y nos dedicamos a observar cómo centellean las luces de los edificios que tenemos justo enfrente.
Incluso se distinguen las siluetas de algunas parejas dentro de las casas.
En la cocina, en el salón, delante del televisor o limpiando unos zapatos.
¿En serio? ¿La gente los domingos por la noche se dedica a eso?
A mi cabeza acude la imagen de Blue con ese pijama minúsculo que me encantaría quitarle con la boca, descalza y bailando.
Lo dije de veras. Cuando le confesé que me daba miedo yo mismo, lo dije en serio, porque cada vez me cuesta más contenerme cuando la tengo cerca.
—¿Qué estás pensando? —me interrumpe Asher.
No estoy preparado para contarle nada. Recuerdo que él actuó de la misma forma cuando empezaba a sentir algo por la que, en aquel momento, era su «niñera».
Lo recuerdo porque la miraba de otra forma, porque no la evitaba, no huía y a la vez sí que lo hacía, y ahora lo entiendo todo.
Comprendo que actuase de esa forma porque estaba acojonado por lo que sentía, yo, en cambio, estoy acojonado por lo que pueda sentir ella.
—¿Sabías que Juniper es disléxica? —lanzo la pregunta sin más.
Ash se recuesta en el sofá y aparta la vista.
Su mandíbula se aprieta como cada vez que tocamos algún tema serio, no porque tenga nada en contra de las chicas, porque estoy casi seguro de que las considera de la familia, sino porque no hay nada que ablande más el corazón de mi hermano que una niña pequeña. Empatiza con ellos, supongo.
—Cassie no habla demasiado de eso.
—Porque es una tía respetuosa —intercede Caleb, y todos asentimos ante sus palabras.
—Es su sobrina, aunque no las una la sangre, lo es, y Blue…, Blue es como su hermana. Me gustaría saber a quién salvaría primero si el suelo se abriese bajo los pies —se burla.
—Ya está otra vez intentando quitarse de encima a Xavier —me carcajeo y le doy otro trago a mi cerveza.
—No es tan mal tipo, las cuida y las protege. Lo admiro por ello. No le importa nada, solo su gente. La familia es lo primero, y me lo han dejado claro a lo largo de estos meses.
Asiento para que entienda que no puedo estar más de acuerdo y, sin embargo, ese malestar se me instala de nuevo en el fondo del estómago, ese que me recuerda lo mal que lo hice. Lo mucho que me equivoqué. Es un peso invisible que no se ve, pero sí que se siente.
—Blue es una tía increíble. —Y es probable que me quede corto con el adjetivo utilizado.
Es el turno de mi hermano de cabecear afirmando.
—Es una luchadora. Trabaja de sol a sol y nunca pierde la sonrisa, salvo cuando pasan este tipo de cosas…
—¿Hablas del cole? —tanteo.
—¿Qué me he perdido? —interviene Caleb y es normal que lo haga, dados los derroteros por los que nos estamos yendo.
Se lo resumo brevemente y, para sorpresa de nadie, Asher estaba enterado de la conversación de anoche a pesar de que fue él el encargado de entretener a la pequeñaja para que Blue pudiese contar lo que sucedía en petit comité .
—No entiendo una puta mierda lo que sucede. El colegio está al tanto de sus dificultades y, en vez de facilitarle las cosas, solo le ponen piedras en el camino. Hace lo que puede, todos ellos lo hacen. Blue lucha con uñas y dientes por sacar adelante a su hija. Sola.
Sola.
Una palabra compuesta por cuatro letras que encierran mucho dentro de ella. Vulnerabilidad, cansancio, silencio. Y garra. Trago con fuerza porque me cuesta digerir el nudo que se me forma en el fondo de la garganta.
—No debería hacer esto sola —pronuncio sin dudar.
—No hay ningún tipo dispuesto a apoyar. No está, nunca ha estado —explica mi hermano haciendo alusión al padre de Juniper.
Desvío la vista para encontrar la de Caleb fija en Ash y sé que todo esto también le duele a él, porque es esa soledad la que siente su mujer. La que le recriminó, la que le advirtió, la que desgastó la relación.
Pienso en Blue. En su expresión cuando cree que nadie la observa.
En la forma en que protege a su hija. En cómo lucha contra todo sin pedir ayuda.
En cómo me mira cuando se olvida de que debería mantener las distancias.
En cómo me provoca, y yo caigo rendido ante sus palabras sin saber bien cómo navegar entre esas aguas.
—Al menos os tiene a vosotros —susurra Caleb apartando la vista y clavándola en esos mismos edificios que hace minutos era yo el que repasaba.
—La familia que se elige es incluso más importante que esa en la que se nace —Asher lo pronuncia con total y absoluta convicción y, en otras circunstancias, meses atrás, es probable que se lo habría rebatido porque yo estaba convencido de que todos merecemos una segunda oportunidad y no me di cuenta de que, intentándolo, casi lo pierdo a él. A lo que más quiero.
—Caleb… —murmullo y atraigo la atención de mi amigo y también la de mi hermano—. No te desanimes, estoy seguro de que Jackie solo necesita tiempo para procesar todo esto.
—No —niega—. No quiero que procese nada porque tiene razón al estar enfadada conmigo.
—Ash guarda silencio porque, aunque él no estuviese presente, sí que está al tanto de lo que le sucede.
Caleb y él también se llevan bien, y es lo suficientemente inteligente como para saber cuándo callar y cuándo intervenir—.
No he sabido estar a la altura y no seré yo el que le suplique que vuelva conmigo cuando no me lo he ganado.
Su determinación me sorprende y me hace sentir cierto orgullo.
—¿Qué piensas hacer, Cal? —inquiere Ashery me alegra que sea esa la pregunta que haya formulado.
—Lo que debería haber hecho hace tiempo. —Hace una pausa e intercala la mirada entre ambos—. Luchar por lo que se quiere, ¿no? Al fin y al cabo, somos jugadores de hockey , ¿verdad? —Asentimos—. Jugamos sin miedo, nos mantenemos fieles.
Me quedo observándolo unos segundos. Caleb siempre ha sido el primero en lanzarse a defendernos ante cualquier injusticia, es un tío honorable, con la cabeza sobre los hombros y hoy no iba a ser distinto. Más firme. Más decidido. Más que listo para dejarse de excusas.
—Y, cuando caemos, nos levantamos —agrega Asher, cruzándose de brazos—. Eso también va en el contrato. En uno que me acabo de inventar sobre la marcha. —Las comisuras de los labios se le alzan de una forma apenas perceptible.
Caleb suelta una risa breve, rota por el cansancio, por la culpa, por el amor que todavía le pesa encima. Por las dudas de que todo pueda salir bien.
—Exacto —murmura.
No añadimos nada durante un rato. Las luces de los edificios de enfrente parpadean como si se burlaran de nuestras vidas caóticas, imperfectas y desordenadas.
Allí dentro, familias enteras se reparten tareas, ven películas malas de domingo, discuten por tonterías y se reconcilian antes de irse a dormir.
Y nosotros aquí, tres tíos enormes, bebiendo cerveza a escondidas del entrenador y hablando de amor atrapados en una sesión de terapia clandestina.
—¿Y tú? —Caleb me devuelve la pelota sin disimulo—. ¿Qué vas a hacer?
Me da un vuelco el estómago ante su pregunta.
—¿Sobre qué? —Intento ganar tiempo fingiendo que no sé perfectamente a qué se refiere.
Asher me lanza una mirada inquisitiva. A él tampoco se le escapa una.
—Parece que mi hermano esquiva balones, ¿no? —bromean entre ellos. A mí no me hace maldita gracia—. Todavía recuerdo cuando intentaba sonsacarme información de Cassie —alega ignorando por completo que estoy delante.
—Y recuerdo a la perfección que eras experto en esquivar balas —añado provocándolo.
Ash se ríe y lo hace de veras. Es feliz. Cassie consigue que lo sea, y es una faceta a la que no estoy del todo acostumbrado y que, sin embargo, me alegra poder compartir con él.
—Tienes razón —admite.
Asher asiente despacio, con la seriedad que solo usa cuando quiere que me quede grabado lo que dice.
Me vuelvo hacia la ventana. La imagen que me llega no es la de los edificios ni las luces ni las parejas dentro.
Solo veo a Blue. Con su pijama diminuto. Con la música sonando demasiado alto. Con Juniper riendo a carcajadas. Con esos gestos que se le escapan cuando baja la guardia y cree que no la estoy observando. Y, joder, yo siempre la estoy observando.
Una mirada que me ha estado jodiendo la cabeza todo el puñetero día.
Asher me da un golpecito con la lata y me trae de regreso al presente.
—Estaremos aquí, supongo.
—¿Supones? —inquiero haciéndome el ofendido.
—Suponemos —intercede Caleb dándole la razón a mi hermano y levantando su lata a modo de brindis improvisado.
—Por los que luchan —declara.
Asher se une.
—Y por los que dejan de huir.
Los miro a ambos. Levanto la mía.
—Y por las personas que te cambian la vida casi sin darte cuenta.
Chocamos las cervezas. El sonido resuena en la estancia con un eco metálico y cálido.
Caleb se hunde en el sofá. Asher bosteza. Yo me quedo observando la ventana, sintiendo algo parecido a un nuevo punto de partida encendiéndose bajo la piel.
No sé qué haré mañana. No sé qué pasará con Blue. No sé si estoy listo para que me importe tanto alguien como me empieza a importar ella.
Sin embargo, no me aterra en absoluto averiguarlo.