CAPÍTULO 4
La chica de la cafetería
Aaron
D ejo la mochila en una de las sillas y me acerco a la barra donde, para sorpresa de nadie, Blue está sumida en una conversación con Kai. No me extraña que este chico haya llegado antes solo para disfrutar de las vistas. Y la sensación que me recorre no me gusta en absoluto.
«Asúmelo, Maddox, te encanta todo de mí».
—Hola. —Me acerco a ellos y me sitúo al lado de Kai, que no para de hablar como si siguiesen siendo dos y no tres.
—¡Hola! —me saluda Blue alzando las cejas y sonriendo con amplitud—. ¿Un café?, ¿un Martini?, ¿un antiinflamatorio o unas vendas de esas con las que os envolvéis las muñecas para evitar lesiones?
Suelto una risilla.
—Me conformaré con un café. Y después iremos viendo, según la necesidad del momento. —«¿Según la necesitad del momento?». ¿Qué frase de mierda es esa, Aaron?
—A mí la necesidad me pide una cita —suelta Kai.
Pongo los ojos en blanco porque este chico es un caso aparte.
—¿Crees que soy el segundo plato de nadie, Kai?, ¿es eso? —le pregunta directamente Blue y su tono es serio. No parece estar de broma, al contrario.
Kai, cómo no, titubea. Yo permanezco en silencio porque Blue me impone. Es algo extraño, porque tiene un humor muy peculiar; en ocasiones sé que me está buscando las cosquillas y bromea. En otras, diría que quiere valorar mis respuestas para saber a qué atenerse con ellas. O conmigo.
O quizá lo malinterpreto todo, a saber.
—¿Qué? ¿A qué te refieres?
Las comisuras de los labios se le alzan, es un gesto apenas imperceptible, sin embargo, me doy cuenta de ello porque sí, estoy en ese punto en el que me fijo en todos y cada uno de los detalles.
Como en su pijama de anoche, lo bien que le sentaba, la coleta que se le movía al ritmo de las caderas o la mirada de ternura infinita que le dedicaba a Juniper.
—Estoy al día de todos los cotilleos, y aquí —añade mientras hace un barrido por la estancia con la cafetera en la mano— todos sabemos que a Kai Morrison no hay nada que le guste más que ligar.
Y yo, querido amigo, no soy secundaria de ninguna obra, soy la estrella de la película.
Así que… —indica acercándose, y Kai se tensa, creo que espera un guantazo.
Yo también lo espero—, si no voy a ser la protagonista de la película, no me invites al casting .
Observo cómo se marcha en dirección a…, no sé ni en qué dirección. Lo que sí sé es que me es imposible apartar la mirada de ella mientras se aleja.
—Esa mujer es una puta reina —suelta Kai sin ponerse ni rojo. Uno de los dos ha tenido el valor de pronunciarlo, todo hay que decirlo. Me giro y le doy una colleja—. Auuu, ¿qué he hecho?
Intentar ligar con ella.
—Soltar tacos.
—Te pareces a Donahue, Aaron, joder —suelta mientras se pasa la mano por la nuca.
—Me lo tomaré como un cumplido.
Guardamos silencio al ver cómo Blue se acerca y coloca una taza frente a mí. La llena poco a poco y el humo del café envuelve mis sentidos.
—¿Te pone el olor a café, Maddox? —me pregunta.
El brillo travieso de su mirada me eriza el vello de todo el cuerpo.
Ni siquiera sé qué responder cuando me pregunta cosas como esa, solo permanezco en silencio porque me descoloca de una forma a la que no le encuentro explicación alguna.
Y nunca he sido así con ninguna tía. Anoche, cuando le conté que no había nadie que me interesara, lo decía en serio o, al menos, todo lo en serio que se podía decir porque, de hecho, la única tía por la que siento fascinación es por ella y ni siquiera entiendo cómo ha sucedido esto.
Si me preguntáis cuándo empecé a ver a la mejor amiga de mi cuñada como algo más que una chica divertida y real, no sabría responderos. Solo sucedió, que no es poco.
—En fin, tengo que irme. He quedado con Evan, tenemos cosas importantes que hacer.
—¿Como qué? —curiosea Blue.
—Si quieres saberlo, tendrás que darme una cita —le responde él.
¿Veis? A esa clase de contestaciones me refiero. Kai es un tío seguro de sí a pesar de su anterior negativa y, creedme, puede que yo me lo hubiese hecho encima si me soltase esas palabras, mientras que para este chico es como si simplemente le hubiese dado la hora.
—Me lo pensaré.
—¿De veras?
—No, pero eres monísimo cuando te dan alas.
—Que sepas que eso me ha herido el corazón.
—¿En serio? —pregunta ella a su vez sin perder el buen humor.
—No —le responde Kai regalándole un guiño con el que cualquier tía ya se habría bajado las bragas.
Lo que me lleva al siguiente pensamiento: Blue no es cualquier tía. Es única y diferente y… Paradme, por favor, que no puedo seguir comportándome así. Soy patético.
—Y, bien, ¿no tienes nada que añadir? —me pregunta cuando nos quedamos a solas.
Muchas cosas.
—¿Qué tal nuestro paciente?, ¿sobrevivió a la primera noche?, ¿le habéis suministrado los calmantes que os recetó el mejor cirujano de Vancouver?
Blue deja la cafetera a un lado y apoya ambas manos sobre su barbilla.
Desde esta posición soy capaz de ver ese piercing que se hizo hace poco y todas y cada una de sus pecas.
La forma en la que se le reparten por la nariz y por las mejillas hasta terminar escondiéndose en su melena color negro azabache.
Me pregunto si tendrá más, si le cubrirán la espalda y podré hacer trazos con los dedos por ella, si tendrá en el abdomen y en el pecho o en los muslos.
Aparto la mirada antes de ruborizarme. ¿Qué coño me sucede?
—No dudes de mis habilidades como enfermera, se rumorea que soy la mejor.
—No me cabe la menor duda.
—¿Estás ironizando conmigo?
Cabeceo negando.
—No. —Me río—. Estoy casi seguro de que, cualquier cosa que te propongas, tú lo harías mejor que nadie.
Ladea la cabeza y me estudia. Cuando lo hace no sé cómo comportarme.
No sé si soltar un chiste malo, alguno inventado o contar una anécdota para romper la tensión.
Es solo que, a veces, me encantaría saber lo que se le pasa por la cabeza y, sobre todo, cuándo ese pensamiento puede estar enlazado a mí.
—¿Incluso jugar a hockey ?, ¿crees que se me daría bien eso? —Asiento—. ¿Y detective privado?, ¿periodista de los cotilleos? —rumia—. ¿Cuánto puede ganar alguien que tiene un trabajo tan divertido como ese?
—¿No estás contenta con el tuyo?
—Sin desmerecer a la hostelería… —Se acerca todavía más y me pregunto cómo reaccionaría si mis labios y los suyos se rozasen por accidente.
¿Colaría?—. Estoy agotada con tanto turno de trabajo, Aaron.
—Y no hay ni rastro de su habitual tono de broma.
Puede que no sepa leer sus pensamientos, aunque sí sus cambios de tono—.
No recuerdo cuándo fue la última vez que pude tener un día para mí, para hacer lo que más me apetece.
—¿Qué es lo que más te apetece?
—No lo sé, pero me encantaría descubrirlo —suelta—.
Y que conste que estoy sumamente agradecida por trabajar aquí, es genial y los chicos me tratan bien.
Todavía no ha venido tu padre, ¿quieres que le escupa en la bebida de tu parte?
Puede que eso rompa mil y una normas y que sea motivo de despido, ahora bien, valdrá la pena solo por ver su cara mientras… Ya sabes.
Me guiña un ojo y finge beberse el contenido de un vaso invisible con una bebida todavía más invisible.
—No, gracias. —Sacudo la cabeza imaginando la escena.
—Qué pena, le he preguntado al hermano equivocado.
—¿Habláis de mí? —Asher toma asiento en la otra butaca, justo la que Kai ha dejado vacía, y tengo que admitir que, con tan solo su presencia, algo dentro de mí se calma.
—Tu hermano no quiere hacer ninguna trastada. Sigo sin saber cómo es posible que compartáis genética. —Nos señala de forma alternativa.
Ash alza una ceja sin entender nada de lo que sucede.
—Vale, sí, todos los líos llevan mi nombre. —Se apunta con ambos pulgares el torso, y se me escapa un resoplido.
—Quiere escupirle a Prescott en el café si se pasa por aquí.
Ash suelta una carcajada, cómo no, si es que hasta a mí me hace reír.
—Vale, sí, a eso también me apunto. Deberías grabarlo, solo para dejar constancia.
—¿Lo ves? —Blue extiende las palmas de las manos hacia mí—. Él sí que sabe ser divertido.
Finjo que no me importa ni lo más mínimo su comentario, porque sí, lo hace.
Sé que soy un poco… ¿cuadriculado?, ¿recto?
, ¿serio?, ¿carca? Y, de veras, sé bromear y sé divertirme y pasármelo bien, solo que me cuesta porque tengo muy arraigado eso de ser el hermano protector y responsable que nunca hace nada mal y no la lía.
Tal vez debería soltarme la melena, de forma literal.
—Si lo haces, yo también quiero verlo —me apunto.
Las comisuras de Blue se alzan poco a poco hasta que esboza una gran sonrisa y lo peor de todo no es ese gesto, es su mirada pícara.
Esa mirada. Dios. Esa mirada…
—Ya sabía yo que tú también guardas dentro de ti a un chico malo… —ronronea ella acercándose hasta que me da un pequeño golpe con el dedo índice en la nariz—. Aunque a mí me gusta mucho más eso de corromper al bueno.
Me quedo plantado en el sitio. Es a este tipo de comentarios a los que me refiero. ¿Está bromeando?, ¿va en serio? Por favor, decidme que va en serio.
—Uhhhh —silva Ash a mi lado dándome una palmadita en la espalda—. Te ha dejado sin palabras.
Blue se marcha de nuevo, y yo, una vez más, me quedo ahí, observándola, sin poder apartar la vista de ella. De toda ella.
—No lo entiendo —suelto sin pensar.
—¿De qué hablas? —inquiere Asher a mi lado.
No respondo, solo me bebo el café de un trago, dejo un billete sobre la barra y me marcho antes de demostrarle que yo también sé ser malo y no me importaría en absoluto serlo con ella.