CAPÍTULO 54
(Día de la desaparición de Fany)
E l chasquido de la puerta al abrirse anunció la llegada de Toni.
Dejó la pala de pádel y la bolsa de deporte en la banqueta del recibidor y respiró el reconfortante aroma a masa horneada y tomate frito que impregnaba la casa.
Desde los altavoces de la cocina llegaba el bajo pegadizo y la energía ochentera de “ Cosmic Girl ” de Jamiroquai, rompiendo la calma de la noche.
Toni se asomó al salón y saludó a sus hijos con una palmadita afectuosa.
—¡Hombre, que bien vivimos! ¿Cómo van esos deberes, chicos? —preguntó a Marc y Pau, que apenas despegaron la vista del televisor para devolverle el saludo.
Se dirigió a la cocina, donde Júlia, ataviada con un delantal donde se leía «La mejor cocinera del mundo» —un regalo de los niños por el día de la madre—, terminaba de picar unos tomates sobre la tabla de cortar para preparar una ensalada fresca.
En la encimera, una imponente pizza casera, con los bordes perfectamente moldeados y rebosante de queso, aguardaba lista para entrar al horno.
—Buenas noches, cocinera —dijo Toni, acercándose por detrás para besarle cariñosamente el cuello.
Júlia se giró con una sonrisa, bajando ligeramente el volumen de la música con el codo.
—Buenas noches. ¿Qué tal ese partido de pádel? ¿Has ganado al menos un set?
Toni soltó un bufido de cómica resignación, apoyándose contra el quicio del mueble.
—Ni rozarlo, Júlia. Xisco me ha dado una paliza soberana. Ese chaval tiene diez años menos que yo, está en una forma física envidiable y me ha hecho correr de lado a lado como un pollo sin cabeza. Definitivamente estoy perdiendo facultades a pasos agigantados.
—Bueno, mirándolo por el lado bueno, al menos nos queda el consuelo de envejecer juntos —bromeó Júlia, guiñándole un ojo mientras aliñaba las hojas de lechuga.
—Ese es el mejor de los premios —sonrió él, contagiado por su buen humor.
Júlia se secó meticulosamente las manos en el delantal y se soltó la pinza del pelo, dejando caer su melena sobre los hombros.
—Bueno, me voy a la ducha corriendo antes de que me dé el bajón —anunció Júlia.
—¿Te ayudo en algo antes de que subas? —se ofreció Toni.
—Sí, haz el favor de pedir a los niños que pongan la mesa. Y en diez minutos metes la pizza en el horno, que ya está precalentado a doscientos grados.
—Oído cocina, no te preocupes —asintió Toni—. ¡Ah! Se me olvidaba decirte que después de cenar iré al Coll de Sóller. Esta noche es perfecta para ver los cráteres de la Luna.
—A veces creo que quieres más a ese dichoso telescopio que a mí —bromeó Júlia mientras él se reía negando con la cabeza.
Júlia le dedicó un guiño cómplice, se quitó el delantal y salió de la cocina camino de la planta superior.
En cuanto se quedó solo, Toni se dio un golpe seco en la frente con la palma de la mano.
—¡Mierda, Fany! —murmuró para sí mismo.
Con el 27 de junio a solo tres semanas de distancia y la cena en el aire, se había prometido llamarla a última hora de la tarde para decirle que el encargado de sala, el amigo con el que ella había hablado, todavía no le había llamado al móvil.
Quería comentárselo por si tenía noticias suyas o por si se le ocurría algún plan B de última hora.
Sacó el teléfono del bolsillo, buscó su contacto y apretó el botón de llamada.
El terminal emitió un tono sordo y, de inmediato, saltó la locución automática indicando que el teléfono estaba apagado o fuera de cobertura. Toni arrugó el entrecejo, retiró el aparato del oído y miró la pantalla.
«Bueno, nada... Se habrá quedado sin batería— pensó encogiéndose de hombros.
Borró la llamada del historial del teléfono y guardó el teléfono, abrió la nevera para extraer una cerveza bien fría y dio un trago reconfortante. Acto seguido, asomó la cabeza hacia el salón para dar la voz de alarma a sus hijos.
—¡Pau, Marc moved el culo! A poner la mesa, que la pizza entra al horno ya mismo.
Entre las protestas amortiguadas de los chicos, Toni colocó la pizza sobre la rejilla central, cerró la puerta del horno y ayudó a repartir los vasos sobre el mantel.
Apenas unos minutos después, el sonido de los pasos de Júlia bajando la escalera anunció que la cena familiar estaba lista para empezar.