Mar de fondo CAPÍTULO 52
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CAPÍTULO 52

E l murmullo del laboratorio quedaba amortiguado al otro lado de la puerta del despacho de Toni que sacó su teléfono móvil, buscó el contacto de Fany y presionó la tecla de llamada directa.

Al tercer tono, la voz risueña de la joven resonó al otro lado de la línea.

—¡Toni! Qué sorpresa. Dime que no te has vuelto loco buscando sitio para el aniversario.

—Casi, Fany; llamé esta mañana a Mar i Cel y resulta que el veintisiete de junio tienen el salón reservado entero para una boda privada. Y en Fera la cosa está todavía peor: me han dicho que no les quedan mesas disponibles para cenar hasta finales de verano.

—¿En Fera? Venga ya, no me digas... —protestó Fany con una risa espontánea—.

Vaya por Dios. Pero ni se te ocurra darte por vencido.

El encargado de sala del Fera es el padre de un chaval al que le di clases particulares el año pasado y gracias a las sesiones intensivas que hicimos aprobó la PBAU y pudo entrar en la carrera que quería. El padre me debe un favor.

Toni alzó las cejas —¿Hablas en serio, Fany? Tampoco quiero que te comprometas o que parezca un abuso por mi parte...

—Que no es ningún abuso, hombre. Le voy a dar un toque esta tarde a ver si me puede desbloquear una mesa para el veintisiete de junio como un favor personal. En cuanto hable con él, te digo cosas.

—Te debo una enorme, Fany. De verdad, muchísimas gracias. Y, por favor... ni una palabra en el instituto.

—Tranquilo, mi boca está sellada. Cuida a Júlia.

Miércoles, 22 de abril, 18:00 h. Hospital Son Espases, Palma.

(43 días antes de la desaparición de Fany)

El teléfono de Toni vibró sobre la mesa del laboratorio justo cuando terminaba de revisar el último lote de analíticas de la tarde. Al ver el nombre de Fany en la pantalla, echó un vistazo rápido al pasillo para asegurarse de que no había nadie cerca y descolgó de inmediato.

—¡Fany!

—¡Toni! Oye, perdóname mil veces por la tardanza. Estoy liadísima con la organización del viaje de estudios de los alumnos de cuarto. Me voy con ellos a París la semana que viene Y por fin he podido mirarte lo del Fera.

—¿Y qué te ha dicho? ¿Hay alguna posibilidad?

— Hablé con el encargado de sala, pero resulta que está de baja médica. Se reventó el menisco jugando un partido de pádel y lo han tenido que operar de urgencia.

—Madre mía, vaya mala suerte... —lamentó Toni.

—Sí, una faena. La baja se le junta con la recuperación y no se reincorpora al trabajo hasta finales de mayo.

Pero en cuanto le hablé de ti y de lo que significaba esa cena, me dijo que ni me preocupara.

Como tu aniversario es el veintisiete de junio, hay margen de sobra.

Me prometió que en cuanto vuelva al restaurante lo arregla él personalmente y te encuentra un hueco sí o sí para esa noche.

—Menudo alivio, Fany... Me tenías en ascuas —admitió Toni, dejando escapar un suspiro de puro agradecimiento.

—Le he dado tu número de teléfono directamente —añadió la chica con un tono alegre y confiado—.

Me dijo que en cuanto pise el restaurante a finales de mayo te llamará él mismo a tu móvil para confirmarte la cita y coordinar la mesa.

Así que tú tranquilo, que esa cena del veinte aniversario está más que apalabrada.

Oye, por cierto... ¿y el regalo? ¿Ya has pensado qué le vas a comprar?

Toni se quedó unos segundos en blanco y se pasó la mano libre por la nuca con una mueca de franca culpabilidad.

—Uf... ni me lo nombres, Fany. Estaba tan sumamente obsesionado con conseguir la mesa y cerrar el tema del restaurante que se me ha olvidado por completo pensar en el regalo.

Fany soltó una carcajada fresca al otro lado de la línea.

—¡Ay, los hombres! De verdad, si es que no se os puede dejar solos con estas cosas.

Tranquilo, no te me agobies que eso lo arreglamos en un momento.

Vamos a hacer una cosa: estos días en el instituto voy a buscar cualquier excusa para tantear a Júlia.

Le sonsacaré disimuladamente qué le hace ilusión o si le tiene echado el ojo a algo especial, sin que sospeche nada de nada.

Y cuando vuelva del viaje, si te parece bien, nos escapamos una tarde juntos y te acompaño a comprarlo.

—¿De verdad harías eso por mí? —preguntó Toni, sorprendido por la iniciativa.

—¡Claro que sí, tonto! Me encanta ser tu cómplice. Así nos aseguramos de que no le regales una sartén o un robot de cocina —bromeó Fany entre risas— . Venga, cuidado con lo que le dices a Júlia y no vayas a meter la pata en casa.

—Tranquila, ni una palabra. Pásalo bien en París, Fany, y muchísimas gracias de corazón.

—¡Hablamos a la vuelta! Un abrazo, Toni.

Toni colgó con la tranquilidad de quien por fin ve encarrilado su gran plan romántico.