CAPÍTULO 51
E l hospital a esa hora era un hervidero de gente. Toni salió del ascensor y se dirigió al mostrador central de información. Tras la mampara de cristal, Cati tecleaba con gesto concentrado.
—Hola, Cati, buenas tardes —la saludó Toni apoyándose suavemente en la barra.
—¡Hola, Toni! Dime.
—Solo quería avisarte de que me han dicho “los informáticos” que el sistema ya funciona bien. En un rato estarán disponibles en la red del hospital todas las analíticas del día para que admisión pueda gestionarlas sin problema.
—¡Ay, menos mal! Llevamos toda la mañana a pedales con el dichoso servidor. Gracias por avisar, Toni.
Toni le dedicó un gesto amable y se giró dispuesto a encaminarse hacia la cafetería. Justo a su lado, una chica joven de melena oscura examinaba un volante impreso con la mirada distraída. Toni se detuvo en seco. Aquel rostro le resultó extrañamente familiar.
—¿Fany? —preguntó, probando suerte.
La chica se volvió hacia él con un ligero gesto de extrañeza y prudencia en la mirada.
—¿Sí...? —respondió de forma dudosa, entornando los ojos.
—Soy Toni —sonrió él con cercanía, señalando la bata con un gesto divertido—. El marido de Júlia Serra. Nos conocimos el verano pasado en la fiesta que montó Sacra en su casa.
El rostro de Fany se iluminó al instante, relajando la expresión rígida.
—¡Ah, claro! ¡Toni, perdona! —se rio ella, dándose un toque en la frente— . Es que verte de blanco y fuera de contexto me ha despistado por completo. ¡Qué alegría!
—No te preocupes, es normal —se río Toni con ella—. ¿Qué haces por aquí? ¿Todo bien?
—Sí, perfectamente. Una cita médica de revisión rutinaria, nada de qué preocuparse —explicó Fany guardando el volante en su bolso de mano.
Toni la observó durante un segundo. Una idea, madurada durante semanas, cobró forma de repente en su cabeza.
—Oye... ¿Tienes prisa? —dijo Toni pensativo—. Justo iba ahora al bar a pedirme un café. ¿Te apetece acompañarme cinco minutos? Me vendría de maravilla pedirte consejo….
Fany no lo dudó un segundo y le dedicó una sonrisa fresca.
—¡Por supuesto! Un café me viene genial ahora mismo. Te sigo.
Se dirigieron juntos hacia la cafetería del hospital, encontrando una mesa alta de mármol cerca de los ventanales que daban al patio interior. Tras pedir dos cafés, Toni esperó a que Fany le diera un primer sorbo antes de ir directo al grano.
—A ver, te cuento —empezó Toni, cruzando los brazos sobre la mesa con tono cómplice—. Júlia me habla muchísimo de ti en casa durante las sobremesas y sé de muy buena tinta que eres la experta oficial del grupo en descubrir restaurantes nuevos y sitios chulos en Palma.
Fany soltó una carcajada encantada, acomodándose en la silla.
—Me declaro culpable de todos los cargos! Me apasiona buscar sitios con encanto. ¿Qué estás tramando?
—El veintisiete de junio cumplimos veinte años de casados —confesó Toni con un destello de ilusión en la mirada—.
Veinte años no se celebran todos los días, y como cae en sábado, quiero prepararle una sorpresa enorme a Júlia.
Llevarla a cenar a un sitio realmente especial, romántico, elegante...
y tal vez culminar la noche reservando una suite en algún hotel bonito para no tener que pensar en volver a casa.
Pero quiero que sea algo distinto a lo de siempre, y ahí es donde entras tú.
—¡Me encanta, Toni! ¡Pero qué detallazo! —exclamó Fany entusiasmada, llevándose las manos al pecho—. Júlia se va a morir de amor, de verdad. A ver, déjame pensar... Para esa ocasión necesitas algo que combine buena gastronomía y un ambiente idílico.
Fany arrugó el entrecejo un segundo, buscando en su archivo mental, y de inmediato se le iluminó la mirada.
—Tengo las dos opciones perfectas para ti.
La primera es el Fera, en pleno centro de Palma: un jardín secreto precioso, una luz súper íntima y una cocina mediterránea con toque asiático de estrella Michelin.
Y la segunda opción, si queréis algo con vistas al mar y la posibilidad de quedaros a dormir allí mismo, es el restaurante del Hospes Maricel en Cas Català.
La terraza sobre las rocas para una cena al anochecer de junio es imbatible, y las habitaciones son un sueño.
Toni la escuchaba atentamente, sacando su teléfono para tomar nota de las recomendaciones.
—Menudo acierto haber coincidido y poderte pedir consejo, Fany. Tienen una pinta espectacular los dos —agradeció Toni con una franca sonrisa de alivio—. Les echo un ojo esta misma noche desde casa cuando Júlia se duerma.
—Te van a encantar, Toni, te lo garantizo. Y tranquilo, mi boca es un buzón: Júlia no sabrá absolutamente nada de esto por mí. Si quieres mi contacto para cualquier duda.
—¡Perfecto! —responde Toni con una sonrisa en la cara—Te hago una llamada perdida y así tú también tendrás el mío.