CAPÍTULO 50
(Dia de la desaparición de Fany)
L as notas épicas de “ We Are the Champions ” de Queen retumbaban en los altavoces del vehículo a un volumen rozando el límite.
Iris sonreía por el espejo retrovisor, contagiada por la euforia de su hijo.
De pronto, la música de la radio bajó automáticamente de volumen y la pantalla táctil del salpicadero comenzó a parpadear con una llamada entrante: Gonzalo.
Iris pulsó el botón de descolgar desde el volante.
—Dime, Gonzalo. Estás en manos libres, voy conduciendo con Borja.
—¡Papá! —gritó el niño abalanzándose hacia el espacio entre los dos asientos delanteros—. ¡Que el míster me ha puesto de titular para el partido del sábado! ¡Voy a salir desde el primer minuto!
—¡Qué grande, campeón! ¡Sabía que lo conseguirías! Enhorabuena, luego me lo cuentas todo con detalle, ¿vale?
—¡Vale! —exclamó Borja, volviendo a dejarse caer sobre el asiento de atrás con una sonrisa de oreja a oreja.
El tono de Gonzalo cambió sutilmente, adoptando un matiz de cansancio que buscaba sonar a disculpa.
—Iris, te llamaba porque, sintiéndolo mucho, esta noche no voy a ir a cenar a casa. Me voy a quedar a dormir en la casita de Sencelles.
Iris frunció levemente el ceño mientras ponía el intermitente.
—¿En Sencelles? ¿Pasa algo?
—Se ha vuelto a romper el sistema de riego automático —explicó Gonzalo con fluidez, sin dudar un solo instante—.
Hablé con el fontanero y me ha prometido que se acercará a última hora de la tarde para ver si lo puede dejar arreglado.
Y ya que tengo que esperarle allí, voy a aprovechar la noche para revisar a fondo todo el papeleo de las empresas de mi padre.
Tengo que decidir de una vez si al final me hago cargo de ellas directamente o si creamos un holding empresarial para controlarlo todo.
Si no me pongo ahora a solas, no lo hago nunca.
—Vaya por Dios... Menudo plan para un jueves —suspiró Iris con resignación cotidiana—. ¿Y qué vas a cenar? Allí no hay nada en la nevera.
—No te preocupes. Cuando termine el fontanero me acerco un momento a S’Arquitecte , pido una pizza para llevar y me la como allí tranquilo entre carpeta y carpeta.
—Está bien. No te desveles mucho con los números. Hablamos mañana.
—Un beso a los dos. Pásame a Borja otra vez antes de colgar.
Iris cortó la comunicación unos segundos después, mientras la voz de Freddie Mercury volvía a inundar el habitáculo.