Mar de fondo CAPÍTULO 43
70%

CAPÍTULO 43

E l timbrazo sonó con una violencia seca que hizo dar un brinco a Júlia.

Dejó sobre la encimera el plato a medio terminar y avanzó por el pasillo…

debía haber dejado la verja de la entra abierta.

Al abrir la puerta de entrada, la luz cegadora del mediodía recortó la silueta de Iris, de pie en el porche, con los brazos cruzados a la altura del pecho y la mandíbula tan apretada que se le marcaban los tendones del cuello.

Júlia sabía que esa visita se iba a producir en un momento u otro.

—Iris... —alcanzó a pronunciar Júlia, dando un paso atrás por puro instinto.

—Ahórrate las caras de sorpresa, Júlia —la cortó Iris, irrumpiendo en el recibidor sin esperar invitación.

Cerró la puerta de un manotazo que hizo retumbar el marco de madera—.

Ayer Gonzalo tuvo que ir a la policía. Acudió a declarar con su abogado a pesar de estar hecho polvo por el accidente del barco. Y les contó la verdad. Todo.

Júlia sostuvo la mirada de su vecina, sintiendo cómo se le congelaba la sangre en las venas.

—Iris, escucha... no sabes lo que está pasando...

—¡No, escucha tú! —elevó la voz Iris, señalándola con un dedo tembloroso—.

Sé perfectamente lo que viste. Sé que el fin de semana que estuve en Barcelona viste a Gonzalo besándose en la puerta de casa con una mujer.

Con esa auditora de Cuba. Pero no me engaña, Júlia.

Gonzalo ya me ha explicado la extorsión a la que lo tenías sometido.

Sé que llevas días acosándolo y amenazándolo con contármelo para destrozar mi matrimonio.

Júlia parpadeó, incrédula ante la distorsión absoluta de los hechos.

—¿Extorsión? ¿Eso te ha dicho? ¡Iris, por el amor de Dios! Tu marido te está mintiendo. Gonzalo incendió su barco porque la policía iba tras él. ¡Yo no lo estoy acosando!

—¡Cállate! —gritó Iris, con los ojos inyectados en lágrimas de pura rabia y defensa desesperada—.

¡Cállate de una vez! Da asco ver cómo intentas tapar la miseria de tu propia casa atacando a la mía.

Más te valdría cuidar de tu familia y preocuparte de lo tuyo en lugar de meterte en la vida de los demás.

Júlia dio un paso al frente, con la voz quebrada por la impotencia.

—¿De qué estás hablando?

—¡Hablo de Toni! —espetó Iris, soltando una risotada amarga y cruel— .

Tu marido está encerrado en una celda, acusado de la desaparición de tu amiga Fany...

¿Y tú vienes a darme lecciones a mí? Toni es el que te estaba engañando a ti, Júlia.

Tu vida se está cayendo a pedazos y estás tan desesperada que necesitas ver monstruos en las casas de los demás para no mirar el estercolero que tienes en la tuya…

y pensar que Gonzalo te facilitó el contacto de nuestro abogado

El golpe verbal dejó a Júlia sin aliento. La violencia y la convicción con la que Iris escupía cada palabra demostraban hasta qué punto Gonzalo la había manipulado y blindado contra la realidad.

—Si vuelves a acercarte a Gonzalo o a mi casa —sentenció Iris, agarrando el pomo de la puerta con la mano rígida—, seré yo misma la que vaya a la policía a ponerte una denuncia por acoso. Quedas avisada.

Iris salió dando un portazo que sacudió la casa entera, dejando a Júlia a solas en la penumbra del recibidor, temblando de rabia y aplastada por una soledad absoluta.