Mar de fondo CAPÍTULO 26
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CAPÍTULO 26

E n la cafetería del hospital, el estrépito metálico de la vajilla y el constante arrastre de sillas se mezclaban con el murmullo espeso de las conversaciones y alguna que otra carcajada a destiempo.

A esa hora no cabía ni un alfiler. En la zona pública coincidían los familiares de enfermos ingresados que presentaban cara de agotamiento con algunos pacientes que se paseaban con el gotero y vestían el inconfundible pijama del centro sanitario.

Al fondo, tras un panel divisor de metacrilato azul con la serigrafía «Personal», varios facultativos y trabajadores apuraban la pausa de la mañana.

En un rincón de esa zona reservada, un grupo del departamento de análisis clínicos compartía mesa con el semblante desencajado.

—Cuando lo vi anoche en el telediario de las nueve, se me cayó el alma al suelo... No me lo podía creer —comentó Vanesa, una joven auxiliar de laboratorio, removiendo el sobre de azúcar con gesto ausente.

—Ya te digo —asintió Óscar, su compañero, inclinando una lata de Coca-Cola sobre un vaso lleno de hielos.

—Conozco a Toni desde hace diez años y todavía no he sido capaz de digerirlo —intervino Xisco antes de dar un sorbo corto a su café solo—. Un tío que jamás ha tenido un mal gesto con nadie... Es que no me cabe en la cabeza. Eso les dije a la policía cuando presté declaración.

—¿No jugabais a pádel juntos? —preguntó Óscar, observando la espuma del refresco.

—Todas las semanas sin falta incluido el día que se supone desapareció la profesora—asintió Xisco con amargura, negando con la cabeza—. Por eso mismo me parece una pesadilla irreal.

—Esta mañana han venido los del almacén para recoger sus enseres personales y dárselos a su mujer —Cati, la de información, me ha dicho que le ha tocado a ella llamarla para que pase a recoger la caja —añadió Vanesa, dejando escapar un suspiro de lástima.

— Han empaquetado todo lo que no se llevó la policía y lo bajarán al almacén.

—Es lo que se suele hacer en estos casos —sentenció Xisco, dejando la taza sobre el plato con un chasquido seco—. El servicio no se puede parar. Me imagino que hoy o mañana enviarán a un sustituto de la bolsa de contratación.