CAPÍTULO 21
L a luz blanca de las tres pantallas del laboratorio informático iluminaba las caras cansadas de Arbona y Torres. El silencio del domingo por la mañana en la comisaría solo se rompía por el zumbido de los ventiladores de los servidores y el golpeteo rítmico del ratón.
Arbona se inclinó sobre el hombro de su compañero, ajustándose las gafas de lectura.
Torres ejecutó el reproductor de vídeo. En la pantalla principal saltó la grabación en alta definición de la cámara cenital de la planta baja, enfocando directamente el mostrador de la sección de joyería fina.
Ahí estaban los dos. Fany lucía un vestido de verano y una amplia sonrisa, mientras Toni, situado a su lado, se mostraba distendido, sin el gesto rígido que había mantenido durante su detención.
La lente registró con una claridad demoledora cómo Toni se inclinaba un poco sobre la vitrina, acercándose a Fany para examinar de cerca el destello de una gargantilla de oro blanco y comprobar con esmero la resistencia del cierre de la cadena.
Se notaba la complicidad en cada movimiento: él asentía con una sonrisa que la pantalla recogía a la perfección, totalmente convencido por la elección de la chica.
En la imagen, Fany dejó escapar una risita de triunfo, se quitó la pieza del cuello con cuidado y la devolvió sobre el paño de terciopelo.
Acto seguido, impulsada por un arrebato de espontánea alegría, rodeó los hombros de Toni con un abrazo breve pero efusivo, apretando su cuerpo contra el de él en un gesto de absoluta confianza física.
Toni recibió el abrazo sin el menor reparo, manteniendo la cercanía con total naturalidad antes de erguirse.
Segundos después, el vídeo registraba a Toni sacando la cartera de su chaqueta, extrayendo su tarjeta bancaria de crédito y entregándosela a la dependienta sin dudarlo un segundo.
—Y aquí está el remate —sentenció Torres, desplegando en la pantalla adyacente el extracto bancario de la cuenta personal de Antonio Sureda expedido por la entidad financiera esa misma mañana—. Día 21 de mayo, 19:12 horas. Cargo de 480 euros en la joyería de El Corte Inglés de Jaume III.
Arbona contempló la imagen congelada en el monitor: la captura del abrazo de Fany alrededor del cuello de Toni y la tarjeta de crédito sobre el mostrador. El inspector apoyó las manos sobre la mesa y dejó salir un largo suspiro cargado de gravedad.
—Se acabó la historia de la consulta inocente para una cena de aniversario —murmuró con voz firme—. Mira ese abrazo, Torres... Eso no es el trato distante de dos conocidos. Mañana la fiscalía abre la vista con esto sobre la mesa. Le acabamos de cerrar el paso a la fianza.