Mar de fondo CAPÍTULO 13
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CAPÍTULO 13

J úlia dio un paso atrás justo a tiempo para esquivar un balón de fútbol que salió rebotando hacia la sombra del porche.

A su lado, Sacra consultaba el reloj de pulsera, esperando a que el timbre diera un respiro a la algarabía de cientos de adolescentes corriendo por las pistas.

Faltaba apenas una semana para el cierre definitivo del curso escolar y el ambiente en el centro era una marea incesante de tareas pendientes, actas de evaluación por cerrar y susurros de pasillo.

Sacra se acercó a Júlia, echando un vistazo rápido alrededor para comprobar que ningún alumno andaba al acecho.

—¿Has visto la prensa esta mañana, mi arma?

—preguntó en tono confidencial—. Han filtrao a primera hora que la investigación se centra en Port Adriano.

Dicen que la policía maneja indicios de que Fany pudo estar allí los días previos a la desaparición, o incluso la misma noche que se le perdió el rastro.

Júlia suspiró, presionándose el puente de la nariz con dos dedos. La sensación de que los medios de comunicación sabían más que el propio claustro le resultaba cada vez más descorazonadora.

—Sí, lo he leído antes de salir de casa —admitió Júlia, cruzándose de brazos—.

Pero no dejo de darle vueltas a una cosa, Sacra...

Nosotras fuimos las primeras en hablar con la policía sobre nuestro chat , pero ¿qué pasa con sus amigas de fuera del centro?

Fany tenía su grupo de toda la vida, la gente con la que salía los fines de semana.

Me extraña muchísimo que a nosotras nos hablara de ese pretendiente con el barco y que a sus amigas íntimas no les haya soltado ni una palabra. ¿De verdad ninguna de ellas sabe nada?

—La policía habrá interrogao a todo su círculo —razonó Sacra encogiéndose de hombros—, pero si ese tipo era tan reservao como parece, igual las tenía a todas descolocás. Ya sabes cómo es Fany: le encanta mantener ese aire de misterio con su «bombón con dinero».

Júlia negó levemente con la cabeza, mirando distraídamente hacia la pista de baloncesto. La incertidumbre por su compañera era una losa pesada a la que se sumaba el estrés inminente de su propia casa.

—En fin... por si fuera poco estar con la cabeza en otra parte, este viernes 19 es la graduación de Pau.

Estamos a lunes y todavía no he sacado un momento ni para ir a comprarle el traje al chaval.

Entre corregir los exámenes finales y organizar la tarde para poder ir a su acto a tiempo, me va a dar algo.

Solo quiero que el niño no vaya hecho un adefesio a su propia graduación.

Sacra le dedicó una sonrisa compasiva y le dio un apretón cariñoso en el brazo.

—Tranquila, Júlia. Sacarás tiempo de donde sea, Pau irá hecho un pincel y disfrutarás de su graduación como la madre orgullosa que eres. No te lo cargues todo a la espalda, chiquilla, que bastante llevamos encima.

El timbre que anunciaba el final del recreo resonó en todo el recinto, rompiendo la charla y arrastrando de nuevo a ambas profesoras hacia la marea de estudiantes que colapsaba los pasillos.

19 h. Jefatura Superior de Policía, Palma

La prensa matutina cubría casi por completo la mesa del comisario jefe como un recordatorio envenenado.

En una estancia donde el ambiente resultaba cada vez más irrespirable, la filtración sobre la pista del puerto abría todas las portadas, transformando el estancamiento de la investigación en un juicio público e incómodo.

El inspector Arbona y el subinspector Torres aguardaban en silencio a que su superior terminara de repasar el informe de la visita del fin de semana.

—Así que el británico de Son Vida os enseñó la puerta —rompió el silencio el comisario, levantando la vista.

—Alexander Vance —puntualizó Arbona con voz grave—.

Un millonario con un ego enorme. Nos recibió con el despliegue habitual: música en el jardín, copas junto a la piscina e invitadas en bañador.

Pero en cuanto le enseñamos la foto de Fany y le preguntamos por la lancha de Port Adriano, se puso a la defensiva.

Cero colaboración. Dijo no haberla visto en su vida y amenazó con movilizar a sus abogados en Madrid si volvíamos sin una orden judicial.

—¿Y qué impresión os dio? —inquirió el comisario—. ¿Soberbia de multimillonario o nerviosismo real?

—Una mezcla de ambas —intervino Torres desde la ventana—. Niega tajantemente cualquier contacto con la chica o haber coincidido con ella en el puerto. No sacamos nada en claro comisario, salvo confirmar que, si oculta algo, sabe protegerse muy bien detrás de su dinero.

El comisario se echó hacia atrás en su sillón, sopesando la situación.

—No nos vamos a asustar por sus abogados, pero tampoco podemos dar un patinazo con alguien del perfil de Vance —sentenció, mirando a Arbona—.

Quiero que lo investiguéis a fondo. Rastrillad sus empresas, sus movimientos bancarios, la documentación del amarre en la marina y cruzad los datos de las antenas telefónicas de Son Vida y Calvià con el móvil de Fany.

Si hay la más mínima conexión, quiero tenerla sobre esta mesa.

— La científica está teniendo problemas para acceder al teléfono móvil de Fany— comentó Torres—todavía no han podido acceder a él.

El comisario hojeó la ficha de la víctima que presidía la carpeta y volvió a mirar al inspector.

—¿Y qué hay de la familia directa de Fany? ¿Habéis vuelto a hablar con ellos?

—Fany es hija única —explicó el inspector—.

Su padre falleció hace unos años y toda su familia se reduce a la madre.

Estuvimos con la pobre mujer y está destrozada, pero no nos dio ninguna pista.

La última vez que se vieron fue el martes 26 de mayo para comer; la notó tranquila y feliz.

Tampoco sacamos mucho más de su entorno: sus amigas de toda la vida ignoran por completo la identidad del famoso pretendiente, y al revisar sus redes sociales vemos que cuidaba mucho su privacidad...

aparece casi siempre sola y está descartada una posible vinculación con el exnovio.

—De acuerdo —dijo el comisario, dando la reunión por finalizada.

Arbona y Torres asintieron en silencio y recogieron sus notas. Sabían que investigar a Vance era la prioridad oficial, aunque en el fondo persistía esa incómoda sensación de que la pista del magnate británico se amoldaba demasiado bien a lo que la prensa quería encontrar.