22. Primera semana sin Wizz fatal #3
Subió las escaleras, sintiendo un peso aplastante en su pecho. Gato, como si entendiera su necesidad de compañía, la siguió moviéndose con su característico sigilo. Cuando llegó a su habitación, dejó caer el cuerpo sobre la cama. Las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos.
Gato subió de un salto y se acurrucó junto a ella, su enorme cuerpo cálido y reconfortante. Luna lo acarició con suavidad, su voz apenas un murmullo:
—Gracias por no dejarme sola, Gato.
Mientras los sonidos lejanos e indefinibles de la trastienda llegaban a sus oídos, cerró los ojos. La ausencia de música, la falta de la presencia tranquilizadora de Kai y el vacío que había dejado Wizz la envolvieron como un manto de melancolía.
—Mañana será un nuevo día —susurró para sí misma, más como un intento de convencerse que con verdadera esperanza. Y, con ese pensamiento, dejó que el cansancio la venciera y se sumergió en un sueño inquieto, a solas con sus pensamientos y el ronroneo suave de Gato como único consuelo.
Luna se despertó temprano, mucho antes de lo habitual, con el cuerpo pesado y la mente llena de pensamientos inquietos.
Los rayos de sol que se filtraban por la ventana apenas iluminaban la habitación, pero ya se sentía atrapada en el caos de sus emociones.
Kai estaba durmiendo a su lado. La quietud de su figura contrastaba con el torbellino que Luna llevaba dentro.
Se deslizó con cuidado fuera de la cama, asegurándose de no despertarlo, y bajó las escaleras.
El aire fresco de la librería la recibió como un recordatorio de todo lo que había construido allí, pero no encontró consuelo. Sus emociones estaban enredadas y, aunque había intentado ignorarlas durante días, sabía que no podía seguir así.
Decidió que necesitaba una distracción, algo que le aliviara la tensión en el pecho. Sin pensarlo demasiado, cruzó la calle hacia la tienda de Vivi.
El tintineo de la campanilla en la puerta anunció su llegada. Su amiga, con el cabello recogido y un chal tejido colocado de forma descuidada sobre los hombros, estaba reorganizando tarros de té tras del mostrador. Levantó la mirada y frunció el ceño al ver la expresión de Luna.
—Oh, ¿qué haces aquí tan temprano? —preguntó con una sonrisa mientras se giraba hacia el estante junto al que esperaba su amiga—.
No me digas que vienes a por más té. Porque te juro, Luna, que tengo algunas nuevas mezclas que no harán que te sacudas como un pez fuera del agua.
—Sonrió con cariño—. De nuevo, quiero decir.
—No, nada de té. —Luna agitó la mano, aunque no pudo evitar dedicarle una sonrisa cansada. Se apoyó a su lado y suspiró profundamente—. Quiero invitarte a desayunar.
Vivi alzó una ceja, intrigada. Dejó la cucharilla y se quitó el delantal.
—¿Desayunar fuera? Bueno, eso es un lujo. Déjame que coja mi chal gordo y vamos.
Una ráfaga de aire fresco las recibió cuando salieron a la calle. El sol apenas despuntaba, iluminando con suavidad el Barrio Francés. Las guirnaldas y las luces navideñas colgaban de los balcones, y algunos escaparates ya mostraban decoraciones festivas.
—Parece que todo el mundo ha decidido empezar con la Navidad este año antes de tiempo —comentó Vivi, que se ajustó el chal mientras observaba las luces parpadeantes.
Luna asintió, mirando las decoraciones con nostalgia.
—No puedo creer lo rápido que han pasado estos meses. Parece que fue ayer cuando llegué a Dumont.
Vivi le echó un vistazo de reojo al notar el tono apagado en su voz.
—Has logrado muchas cosas desde entonces, Luna. Pero algo me dice que esa no es la razón por la que tienes esa cara de «necesito hablar».
Ella dejó escapar una risa seca y se encogió de hombros mientras cruzaban la calle.
—Es complicado.
—Todo lo importante lo es, querida. —Vivi le apoyó una mano en el brazo y la miró con calidez—. Vamos, hablemos mientras desayunamos. Los dramas son menos dramas con el estómago lleno.
Llegaron a una pequeña cafetería junto al Mississippi, una joya escondida con vistas al agua y un interior acogedor.
Las paredes estaban decoradas con fotografías antiguas y el aroma a café recién hecho impregnaba el ambiente.
Se sentaron junto a una ventana que ofrecía una vista perfecta del río.
Luna pidió un café con leche y un cruasán, mientras que Vivi optó por un expreso y pastel de nuez.
El silencio inicial fue cómodo, pero Vivi no tardó en romperlo.
—Bien, ¿qué te preocupa?
Luna tomó un sorbo de café, dudando por un momento antes de hablar.
—Es Kai. —Hizo una pausa mientras buscaba las palabras adecuadas—. A veces siento que vivimos en mundos distintos y no era mi intención hacer un chiste.
—¿En qué sentido? —preguntó Vivi, con el ceño ligeramente fruncido.
—No sé, es como si… estuviera aquí, pero al mismo tiempo no. —Luna dejó la taza sobre la mesa y miró por la ventana—. Ayer vino a la cama a las tantas; ni siquiera me di cuenta de cuándo entró en la habitación. Y es que no me siento parte de lo que hace, ¿sabes?
Vivi se recostó en la silla y se cruzó de brazos mientras la miraba con atención.
—Luna, Kai no es… como nosotras. Es un fantasma. Su existencia está en un punto medio entre la vida y la muerte. Y ahora tiene un propósito que lo llena. Eso es algo que nunca tuvo antes.
Luna asintió mientras mordisqueaba el cruasán con desgana.
—Lo sé. Y lo admiro por eso, de verdad. Pero no puedo evitar sentirme… sola a veces. Como si yo no encajara en su mundo.
Vivi se inclinó hacia delante, los codos apoyados en la mesa.
—¿Le has dicho cómo te sientes?
Luna negó con la cabeza. Sentía un nudo en la garganta.
—No quiero parecer egoísta. Sé que lo que hace es importante. Pero…, no sé. A veces me pregunto si este es el límite de lo que podemos tener.
Vivi ladeó la cabeza y la observó con atención.
—Luna, ¿hay algo más que te preocupe? Porque tengo la sensación de que no me lo estás contando todo.
Luna se quedó en silencio por un momento, contemplando su taza de café como si contuviera las respuestas que buscaba. Al fin, levantó la vista con las mejillas enrojecidas.
—Siempre he querido ser madre. Desde pequeña. Y… —Se detuvo. Tragó saliva antes de continuar—. No sé si eso es algo que pueda tener con Kai. Ni siquiera sé si él querría, en el caso de que fuera posible por biología.
Vivi parpadeó, claramente sorprendida, pero no dijo nada de inmediato. Dejó que las palabras de Luna se asentaran antes de responder con cuidado.
—Luna, es una preocupación válida. Pero… Kai es un fantasma. A efectos biológicos, no tengo idea de si eso es posible. Nadie lo sabe. En cuanto a sus deseos… Está claro que se trata de una conversación pendiente entre los dos.
Luna bajó la mirada, sintiéndose un poco tonta por haber sacado el tema. Pero Vivi no la dejó hundirse en sus pensamientos.
—Hoy en día hay muchas opciones, cariño. No puedes ir a un médico y decirle: «Hola, mi pareja fantasma y yo no podemos tener hijos», pero la ciencia ha avanzado mucho y existen muchas opciones. Lo único que quiero decirte es que, decidas lo que decidas, no estás sola en esto.
Luna le dedicó una sonrisa débil, agradecida por el intento de Vivi de tranquilizarla.
—Supongo que tienes razón. Pero ni siquiera sé si Kai quiere tener hijos. Una vez le pregunté si había tenido familia antes de morir y me dijo que estaba casi seguro de que no. Que, si la hubiera tenido, lo recordaría, como la música.
—Entonces volvemos a que deberías hablar con él. No tiene sentido atormentarte con algo que no sabes. —Vivi le dio un apretón en la mano—. Y quién sabe, Luna. Quizá Kai te sorprenda.
Ella asintió. Notó que algo de la tensión en el pecho se le disipaba.
—Gracias, Vivi. De verdad. No sé qué haría sin ti.
Su amiga sonrió con calidez y se recostó en la silla.
—Probablemente vivirías a base de café y pizza fría. Por cierto, ¿has pensado en visitar a tus padres?
Luna dejó escapar un suspiro. Su expresión se suavizó.
—Sí, los extraño mucho. Echo de menos el clima, los desayunos en casa, las conversaciones largas… Pero no sé cómo presentarles a Kai.
—Tal vez podamos organizar un viaje en verano. —Vivi sonrió, emocionada por la idea—. Sin Kai, claro. Ya que alguien debería cuidar de Dumont y, además bueno, ya sabes, no podrían verlo. Eso complicaría la explicación. Pero sería un buen momento para hablar de él.
—Eso suena increíble. —Luna se permitió sonreír con sinceridad—. Estoy segura de que les encantarías, Vivi.
—Pues entonces está decidido. Este verano, un viaje en familia. —Vivi alzó su taza y brindaron con un gesto cómplice.
Ambas continuaron conversando de cosas triviales mientras llenaban el aire de risas. Pero, en el fondo, Luna ya había tomado una decisión con respecto a Kai.