Manual para tratar con hadas y otros incordios mágicos 10. Leds góticos y té «Sangre de magnolia» #2
41%

10. Leds góticos y té «Sangre de magnolia» #2

—La torre campanario es innecesaria —dictaminó—. Y, precisamente por eso, es imprescindible.

Regresó al interior. Se oyó el crujido leve del suelo bajo sus pasos diminutos. Luego, un suspiro que intentó sonar crítico y terminó siendo algo muy distinto.

—La acústica es excelente.

Asomó de nuevo.

—Aceptable. Muy aceptable. No está mal para haberlo hecho una humana y un fantasma con recursos limitados.

Desapareció otra vez.

Y ya no salió.

Solo vieron, a través de la ventana redonda, cómo movía la cama unos milímetros hacia la izquierda.

Luna soltó el aire, que había estado conteniendo, muy despacio.

Kai observaba la casita con una media sonrisa serena, las manos entrelazadas a la espalda como si asistiera a la inauguración de un palacio.

—Creo que… le ha gustado —susurró.

—Ha dictado reformas, ha criticado la estructura y ha anunciado exigencias textiles. —La miró de reojo—. En su idioma, eso equivale a una declaración de amor.

Ambos rieron.

—Es imposible saber cuándo está insoportable y cuándo feliz —añadió Luna.

—Tal vez —respondió Kai con suavidad— porque en su caso ambas cosas son lo mismo.

A través de una de las ventanas, Luna vio cómo Wizz tomaba medidas con las manos en un gesto solemne.

Apoyó la cabeza un instante en el hombro de Kai. Por poco pierde el equilibrio. Ambos se miraron con cariño.

—¿Cómo estás esta mañana? —dijo él rompiendo el silencio—. Pareces… feliz.

Luna sonrió ampliamente.

—Lo estoy. Dumont funciona; Wizz, encantado con su nueva casa y tú estás aquí. ¿Cómo no estarlo?

Kai la observó con una calidez que hizo que Luna sintiera un cosquilleo en el pecho.

—Me alegra escucharlo. Haré todo lo que pueda para que sigas así.

Luna no pudo evitar pensar que, por momentos como este, Dumont de verdad se sentía como el lugar más mágico del mundo.

—No quiero molestarte; estaré por aquí por si me necesitas.

Luna respiró hondo y abrió la librería. Mientras sujetaba las llaves y empujaba la pesada puerta, miró de reojo hacia Kai, cerca de la estantería de novedades.

—Kai, no quiero sonar… grosera ni nada parecido, pero… —dudó, mordiéndose el labio—. ¿Podrías, ya sabes, no aparecerte delante de los clientes? No quiero que alguien se asuste.

Él sonrió con ternura.

—¿Me estás pidiendo que sea un fantasma más discreto?

—Exacto. —Luna suspiró y se relajó un poco al ver que no se lo tomaba a mal—. No quiero que nadie salga corriendo antes de comprar un libro.

Kai hizo una leve reverencia, como si aceptara un trato formal.

—No te preocupes, Luna. Me mantendré en las sombras, como un buen caballero espectral.

La risa estridente de Wizz les llegó desde su casita.

—Gracias. —Luna le sonrió con alivio mientras encendía las luces.

Minutos después, unas campanitas de cristal que no había visto titilaron sobre la puerta para anunciar la entrada de Vivi.

—¿Esto ha sido cosa tuya, Wizz?

—¡Afirmativo! —dijo la voz amortiguada del hada—. ¡De nada!

Vivi llevaba un vestido estampado con motivos florales, un sombrero elegante, su abrigo largo de siempre y una carpeta bajo el brazo.

—¡Buenos días, equipo! —anunció con entusiasmo mientras se ajustaba el sombrero—. Hoy será un día espectacular.

Luna la miró con una sonrisa divertida mientras acomodaba una pila de libros cerca de la entrada.

—Buenos días, Vivi. Llegas temprano.

—Por supuesto. Tenemos mucho que preparar. —Comenzó a sacar cosas del bolso—. ¿Llegaron los ejemplares firmados por Anne Rice? —siguió diciendo mientras continuaba sacando bolsitas y más cosas del bolso. Luna la miraba atónita. «Ni Mary Poppins», pensó.

Vivi continuó:

—Velas, rosas negras, terciopelo y ¡tachán, tachán! Exlibris con su firma auténtica. Vamos a convertir Dumont en un sueño gótico.

—¿Me puedes explicar cómo has conseguido todo esto? Cuando vi los ejemplares firmados… No podía creérmelo, Vivi. ¿Y ahora exlibris? —Los ojos de Luna rezumaban admiración.

—Tengo contactos, querida, solo eso.

—No doy crédito —suspiró Luna mientras tocaba con veneración aquellos puntos de libro; eran preciosos y perfectos.

—Oh, querida, no subestimes el poder de una buena taza de té. —Bajó la voz, conspiradora—. Me deben favores. Y yo sé pagarlos con mezclas perfectas.

Ambas rieron mientras Vivi se inclinaba sobre los papeles para revisar los detalles del evento.

—Ahora bien, Luna, ¿está listo todo para La Noche de los Vampiros? —preguntó Vivi, más seria.

—Sí, creo que sí. —Señaló el área de lectura, donde habían dispuesto una mesa, aún desnuda, con varios ejemplares de las novelas de Anne Rice y un cartel discreto que rezaba: ediciones firmadas - cortesía de su editorial .

—Perfecto. —Vivi dio un paso atrás para evaluar el espacio con ojo crítico—.

Aun así, quiero atmósfera: portavelas de cristal ahumado, pétalos granates, una gasa oscura que caiga desde la viga y té «Sangre de magnolia» en vasitos de degustación.

Y un rincón para fotos con un biombo de encaje y una luna de cartón dorado.

Si vamos a honrar a la reina del gótico moderno, lo haremos con estilo.

—¿Velas? —Luna ladeó la cabeza—. ¿No será un poco peligroso con todos estos libros?

—Confía en mí. Son leds, pero parecen reales.

En ese momento, Wizz apareció flotando desde la casita, con una expresión de curiosidad y fastidio a partes iguales.

—¿Velas falsas? ¿De verdad? ¿Por qué no hago magia simplemente? Sería mucho más rápido.

—Porque no queremos que la mitad de los clientes salgan corriendo y piensen que Dumont está embrujado. —Luna le lanzó una mirada, aunque no pudo evitar sonreír.

Wizz resopló y se cruzó de brazos.

—Bueno, yo solo digo que podría hacer esto mucho más interesante. Pero, como siempre, me subestimáis.

—No te subestimamos. —Vivi le dedicó una sonrisa indulgente—. Simplemente preferimos un enfoque… elegante y discreto.

—Ya sabes que Dumont no sería Dumont sin ti, Wizz —añadió Luna, dándole un suave golpecito en la cabeza.

—Eso es lo más amable que me han dicho en semanas.

—El hada fingió secarse una lágrima imaginaria antes de flotar hacia la mesa—.

Muy bien, me aseguraré de que todo luzca perfecto.

Para que luego no digáis que no soy útil —dijo mientras llegaba hasta Vivi—.

Pero antes de ponerme en plan hada impresionante, ven, Vivi, que te enseño mi nuevo oasis de paz.

O al menos lo será —dijo aclarándose la garganta— cuando consiga el hechizo para aislar el sonido.

Luna los observó acercarse a ver la casita. La mujer se dejaba cautivar por el entusiasmo disfrazado de indiferencia mal disimulada de su amigo.

—Claro, claro, coseré unas cortinas —decía Vivi, entre otras cosas que Luna dejó de escuchar para centrarse en el trabajo.

Al cabo de un rato, mientras todos se esmeraban en la decoración de la mesa, Luna preguntó:

—¿A qué hora empezamos?

—En una hora. Y prepárate para el caos, querida. Cuando cuelgue el cartel de ediciones firmadas, esto se llenará de noctámbulos románticos. —Vivi guiñó un ojo—. He preparado tarjetas a modo invitación. Todo impecable. Y Wizz se encargará de repartirlas en pocos minutos por toda la ciudad.

—De nada por eso —gritó este desde el fondo de la librería.

Luna suspiró.

—Vivi, tengo que decirte algo antes de abrir.

La mujer se detuvo y levantó una ceja con curiosidad.

—¿Qué ocurre, cariño? ¿Algo va mal?

Luna negó con la cabeza y su tono se volvió más suave.

—No, todo está bien. Es solo que quiero… presentarte a alguien. —Se giró hacia el rincón de la librería donde sabía que andaría Kai, aunque no podía verlo. Con una mezcla de nervios y determinación, dijo en voz alta—: Kai, por favor, ¿puedes venir un momento?

Por un instante, el silencio llenó la librería. Vivi miró alrededor, claramente confundida, hasta que un suave murmullo musical comenzó a llenar el espacio. Kai emergió despacio de las sombras. Su figura translúcida y su porte elegante hicieron que Vivi abriera los ojos con asombro.

—Vivi, te presento a Kai. —Luna se aclaró la garganta, tratando de sonar casual—. Es… un amigo. Ya sabes…

Kai hizo una ligera reverencia y le dedicó a Vivi una sonrisa encantadora.

—Es un placer conocerte, Viviana Tate. He oído hablar mucho sobre ti. —Su voz era suave, pero con la suficiente calidez como para derretir incluso el carácter más escéptico.

Vivi, sorprendida pero encantada, dio un paso adelante y lo observó con detenimiento, como si intentara procesar lo que veía.

—¿Kai? ¿Eres el mismo que toca esas melodías? ¿El que tiene a Luna con una sonrisa boba todo el día? —preguntó, claramente fascinada.

—Supongo que sí. —Dejó escapar una pequeña risa, su mirada amable—. Aunque no sabía que causaba tal impresión.

—Oh, querido, la causaste desde el primer acorde.

—Vivi le devolvió la sonrisa y se llevó una mano al pecho—.

Y, debo decir, no esperaba que Luna tuviera tan buen gusto.

—Le lanzó una mirada juguetona a su amiga, que solo pudo reír, algo avergonzada—.

Veo que has resuelto tú solita el misterio de la música.

Kai miró a Luna algo confundido.

—Pensé que no debía aparecerme delante de nadie. ¿No era eso lo que habíamos acordado? —preguntó, en un tono bajo y cómplice.

Luna sacudió la cabeza con una sonrisa.

—Vivi no cuenta, Kai. Es parte de la familia, tanto como Wizz o Gato. —Miró a la mujer con los ojos brillando de emoción—. Quería que lo conocieras porque confío en ti más que en nadie.

Vivi, normalmente tan compuesta, parpadeó deprisa, tratando de disimular lo emocionada que estaba.

—Luna…, cariño. —Su voz se quebró un poco—. Esto significa mucho para mí. Y, Kai, quiero que sepas que, mientras yo esté aquí, también te considero parte de Dumont y de mi pequeño negocio de tés. Aunque seas… —Hizo un gesto vago hacia su figura translúcida—. Bueno, tú ya lo sabes.

Kai asintió, su mirada suave.

—Gracias, Vivi. Eso significa más de lo que puedo expresar.

Vivi se recompuso en un tris y se limpió una lágrima que amenazaba con caer.