13. Sábado al mediodía
Sábado al mediodía
—Ni se te ocurra venir. El jefe anda con los cuernos retorcidos. Té un cabreig de mil parells de nassos.
—Así dicho suena hasta bonito.
De camino a la comisaría Iván ha llamado a Pilar para sondear los ánimos. La poca esperanza que alberga se apaga con el jarro de agua fría que suponen las palabras de la subinspectora. Son como un iceberg que desvía el rumbo del inspector. A casa.
—Al menos —insiste—, cuéntame algo del sospechoso.
—De momento, igual. Sigue negándose a hablar. Se confirma que no está muy bien de la azotea. No me cabe la menor duda de que el juez va a ordenar su traslado al módulo de psiquiatría. Ya verás...
—Eso quiere decir que seguimos sin saber quién es.
—Vas a alucinar. También el sistema se ha ido de veraneo.
He probado a entrar con una de mis app en el SAID 1 por una puerta trasera, pero recientemente lo han actualizado y han implementado algunas mejoras.
No he podido. Lo que sí hemos averiguado es que el coche está a nombre de una señora que hace unas semanas denunció su robo en un pueblo de Málaga.
—¿Málaga?
—Cártama, en concreto —responde Pilar.
—Me cuadra. Tengo una teoría. —Iván deja sus palabras suspendidas en el aire. Le encantaría ver la cara de expectación de su compañera, sus ojos abiertos, sus párpados como dos parapentes inflados por el viento.
—¡Pues suéltala ya, collons !
—Todavía no.
—¿Me vas a dejar en ascuas?
—Antes quiero atar algunos cabos. Para ello necesito un favor.
— Un altre? Vamos a ver, jefe, ¿te parece justo?
—Eso es lo que hay. Llama por favor a SurConEd y que te pasen una relación completa de todos sus trabajadores. No solo los que estén dados de alta actualmente. Todos los que, a lo largo del último año, hayan tenido alguna vinculación contractual con la empresa.
—¿En una constructora de esa envergadura? Si se incluyen todas las contratas y subcontratas, ese listado puede tener más páginas que el Antiguo Testamento.
—No importa, que te lo den.
—A ver qué consigo un sábado de verano y a esta hora.
—Insísteles. Y, si ves que la cosa se pone difícil, seguro que encuentras alguna manera menos ortodoxa con alguna de esas app tuyas... —dice Iván con una sonrisa esquinada.
— Què busques, inspector?
—El final de una novela, subinspectora. —Iván está disfrutando por primera vez en muchos días—. Tú pide el tocho y, cuando yo tenga un final feliz, lo hablamos.