17
La película llevaba exactamente doce minutos. Doce.
Gabriel lo sabía porque había mirado el reloj unas siete veces desde que había empezado y Vera no había dejado de hablar ni un solo segundo.
—Esa decisión es ridícula —señaló la pantalla, indignada—. Si escuchas un ruido extraño en una casa enorme, no bajas sola al sótano.
Gabriel seguía sentado en el sofá, con un brazo apoyado sobre el respaldo mientras intentaba concentrarse en la pantalla.
—Y, además, esa linterna no ilumina nada. ¿Quién compra linternas tan malas? Yo tendría una de esas enormes de camping porque…
Suspiró lentamente y Vera giró inmediatamente la cabeza hacia él.
—¿Qué?
—Nada.
—No. Ese suspiro… ¿qué significa?
Gabriel mantuvo la vista fija en la televisión.
—Estoy viendo la película.
—Yo también.
—No, tú no.
—¿Estás diciendo que molesto?
Gabriel respiró hondo.
Necesitaba paciencia, muchísima paciencia.
—Vera…
—Mira, si no quieres comentarios dilo claramente.
—Vale. —Ella esperó y Gabriel finalmente giró la cabeza hacia ella—. No quiero subtítulos. Guarda silencio cinco minutos, por favor, ¿podrás?
Vera lo miró completamente indignada desde el otro extremo del sofá.
Llevaba una sudadera enorme, calcetines suaves y un bol gigante de palomitas sobre las piernas.
—No me gusta ese tono.
Gabriel arqueó una ceja.
—¿Qué tono?
—Ese tono tan autoritario.
Él ladeo el cuello sin apartar la mirada de ella.
—Como use un tono serio contigo de verdad… no te va a gustar.
Ella entornó ligeramente los ojos y Gabriel reconoció inmediatamente esa expresión.
Sin duda, significaba que iba a provocarlo.
—Ah, ¿sí? —preguntó ella lentamente—. Atrévete.
Gabriel dejó la vista fija en ella dos segundos, cogió el cojín que tenía al lado y directamente se lo lanzó a la cara.
—Cállate.
Vera soltó una carcajada instantánea mientras el cojín le rebotaba encima.
—¡¿Ese es el tono serio de un GEO?!
Automáticamente le devolvió el cojín con fuerza, pero Gabriel lo atrapó en el aire sin esfuerzo aparente.
—No deberías haber hecho eso.
Ella seguía riéndose.
—¿Qué vas a hacer? ¿Detenerme por exceso de comentarios?
Gabriel dejó el cojín lentamente a un lado.
Y entonces se lanzó sobre ella, más rápido de lo que Vera esperaba, sin darle tiempo a reaccionar.
Vera soltó un grito ahogado entre risas cuando él la inmovilizó sobre el sofá sujetándole ambas muñecas contra los cojines.
—¡Gabriel!
Él quedó inclinado sobre ella.
—¿Te das cuenta de que no tienes absolutamente nada que hacer contra mí?
Vera seguía riéndose debajo de él.
—Eres muy arrogante.
—Y tú eres una cotorra.
Ella intentó mover las manos para escapar, pero no podía, aunque Gabriel apenas necesitaba esfuerzo para retenerla.
De golpe, dejaron de bromear y el salón quedó extrañamente silencioso mientras ambos se miraban fijamente, solo con el sonido de fondo de la televisión.
Gabriel sintió cómo algo le golpeaba fuerte en el pecho al verla así, con el pelo desordenado sobre el sofá, los ojos brillando y la sonrisa desapareciendo lentamente mientras lo miraba.
Mierda.
Por primera vez desde que la conocía, pensó seriamente en besarla, y el problema fue darse cuenta de cuánto quería hacerlo.
Vera también dejó de respirar un segundo.
Gabriel la estaba mirando de una forma completamente distinta ahora: más intensa y peligrosa.
—Bueno… si vas a mantenerme así atrapada, al menos el sofá es bastante cómodo.
Gabriel cerró los ojos un segundo y terminó soltando una risa baja contra su voluntad.
Se incorporó lentamente, soltándole las muñecas.
—Vamos a ver la película, por favor.
Vera seguía sonriendo tumbada en el sofá mientras él volvía a sentarse.
—¿Eso significa que he ganado?
Gabriel cogió el mando a distancia y subió el volumen.
—Eso significa que sobrevives porque soy un profesional con paciencia extrema.
Ella se acomodó otra vez, todavía sonriendo.
Gabriel intentó concentrarse en la película.
Intentó, porque el problema era que todavía podía sentir el calor de su piel en las manos después de haberle sujetado las muñecas.
En la pantalla alguien estaba huyendo de un asesino en serie bastante incompetente.
Vera aguantó exactamente cuarenta segundos en silencio.
—Esta mujer merece ser perseguida. ¿Quién corre así? —Gabriel cerró lentamente los ojos y resopló—. ¿Qué? Es verdad. Además, me he aguantado de comentar cuando subía los escalones de uno en uno, posando sin parar. He hecho un gran esfuerzo.
—Madre mía, Vera —acabó desquiciado, frotándose los ojos.
Ella sonrió ampliamente y se metió un puñado de palomitas en la boca.
—Admite que tu vida es más entretenida desde que aparecí.
Gabriel siguió mirando la pantalla.
—Más agotadora seguro.
—Pero divertida… —sonrió ella.
Él tardó dos segundos más de lo normal en responder.
—A veces.
Vera giró lentamente la cabeza hacia él y algo en su expresión cambió. Gabriel no decía cosas así normalmente. Él seguía mirando al frente, serio y relajado, con un brazo apoyado sobre el respaldo del sofá, demasiado atractivo para estar viendo solo una película.
—Eso ha sido adorable —balbuceó ella con la boca llena de palomitas.
Gabriel la miró de reojo.
—No uses esa palabra conmigo.
—¿Adorable?
—Sí.
Ella sonrió todavía más.
Apartó la vista inmediatamente hacia la televisión.
—Es que lo ha sido —rio—, ya sabes… adorable.
Él arqueó ligeramente una ceja.
—Te la estás jugando otra vez… —dijo de nuevo con aquel tono juguetón en su voz.
—No te tengo miedo.
Él chasqueó la lengua.
—Quizá debería ser más duro contigo…
—O más adorable —bromeó ella otra vez.
Él giró la cabeza de nuevo hacia ella, aunque esta vez con una extraña sonrisa de superioridad, de esas que dicen: “te vas a enterar”.
—Gabriel… —Vera parpadeó varias veces.
Él dejó lentamente el mando sobre la mesa.
—Te estoy avisando.
Ella levantó una ceja, desafiándolo.
—¿Qué vas a hacer? ¿Operativo táctico contra comentaristas de películas?
Gabriel no respondió, simplemente volvió a moverse rápido.
Vera soltó una carcajada cuando él volvió a lanzarse sobre ella en el sofá, intentando atraparla entre los cojines.
—¡Gabriel!
Vera intentó escapar hacia el otro lado, riéndose mientras él la sujetaba por la cintura, pero era imposible huir, ya que Gabriel era muchísimo más fuerte y aquello resultaba irritantemente evidente.
—¡Eso es abuso de fuerza! —rio ella.
—No, es supervivencia por mi parte.
Vera consiguió soltarse parcialmente y empujarlo del hombro para intentar apartarlo.
Él apenas se movió.
—Esto es humillante.
—Bastante —se burló él mientras la sujetaba de nuevo.
Ella terminó empujándolo con más fuerza y trató de girarse. Ambos acabaron perdiendo el equilibrio.
El sofá se movió peligrosamente y, un segundo después, los dos cayeron al suelo.
Vera soltó un grito entre risas mientras rodaban sobre la alfombra, enredados entre los cojines y la manta.
Gabriel hizo un ágil movimiento y terminó encima de ella otra vez, sujetándole ambas muñecas mientras intentaba recuperar el aire.
Vera seguía desternillándose, completamente incapaz de defenderse.
—¿Esto es todo lo que sabes hacer? —lo provocó ella, todavía luchando.
Debería haber evitado aquellas palabras, porque Gabriel ajustó el agarre al instante, como si de verdad estuviera reduciendo a alguien.
En menos de dos segundos le inmovilizó las manos detrás de la espalda, sujetándolas con una sola mano, y Vera abrió muchísimo los ojos.
—¡Eso no vale! ¡Tú tienes entrenamiento militar!
Gabriel soltó una risa y se inclinó un poco más sobre ella.
—Entrenamiento GEO.
—Pues eso.
Ella intentó zafarse otra vez, pero no pudo. Gabriel, en cambio, apenas tuvo que esforzarse.
—¿Te rindes ya? —preguntó él, divertido.
Vera seguía respirando agitada por las risas mientras intentaba moverse inútilmente debajo de él.
—¡Nunca! —gritó ella.
Él la giró y sujetó sus dos muñecas por encima de su cabeza mientras con su otra mano comenzó a hacerle cosquillas en el costado.
—¡Nooo! ¡Socorro! ¡Un GEO me está haciendo cosquillas! —gritaba ella entre risas—. ¡Nooo! ¡Paraaa! ¡Vas a matarme! —seguía riendo.
—Este es el ataque más peligroso de los GEO.
—¡Basta! ¡Basta! —gritó con lágrimas en los ojos. Luego, finalmente, dejó caer la cabeza contra la alfombra—. Vale… me rindo.
Gabriel terminó riéndose de verdad.
—Bien —murmuró él, sujetándola todavía—. ¿Podemos ver la película sin que hables más?
Vera lo pensó un instante.
—No estoy segura —bromeó.
Gabriel bajó entonces lentamente la vista hacia sus labios.
El ambiente cambió de golpe, sintiendo cómo su respiración se agitaba, aunque esta vez por verla allí tirada en el suelo entre sus piernas.
Su cabello formaba ondas sobre la moqueta, tenía los ojos llorosos, las mejillas coloradas y su respiración hacía que su pecho se elevase y bajase rápidamente.
—Quizá debería buscar otra forma de cerrarte la boca —susurró él.
Vera dejó de respirar un segundo y enarcó una ceja.
—¿Cómo? ¿Otro ataque secreto?
Gabriel no respondió, simplemente se inclinó un poco más y juntó sus labios con los de ella un solo segundo. Solo fue un pico, rápido e impulsivo y, aun así, el mundo pareció detenerse un segundo entero.
Aquel beso realmente sí dejó a Vera sin palabras y Gabriel se quedó completamente quieto al darse cuenta de lo que acababa de hacer.
Mierda. Se hizo un silencio absoluto, solo interrumpido por los gritos que provenían de la pantalla de televisión.
Los dos seguían mirándose fijamente sobre la alfombra, pasmados, aunque esta vez fue Gabriel el primero en reaccionar.
Se aclaró ligeramente la garganta mientras aflojaba el agarre sobre sus muñecas.
—Bueno… al menos he conseguido callarte.
Vera parpadeó lentamente y luego sonrió despacio.
—¿Acabas de besarme solo para ganar una discusión?
Él intentó mantener la expresión seria.
—Ha funcionado.
Ella apretó los labios.
—Eso ha sido muy poco profesional por tu parte.
Gabriel terminó soltándole las manos completamente.
—Pues no me provoques constantemente —pronunció él. Luego se quedó observándola unos segundos más mientras ella se incorporaba y, finalmente, sonrió de una forma traviesa—. Podría haber hecho algo peor.