14 #2
—Eso no es verdad. —Luego chasqueó la lengua—. Aunque cuando dices cosas tipo “seguimiento negativo” ayudas bastante.
Él apretó ligeramente la mandíbula, intentando no reaccionar, aunque fracasó y Vera sonrió automáticamente.
—Te has puesto tenso otra vez.
—Porque hablas demasiado.
—Y tú te reprimes demasiado.
Ahí, justo ahí. Por primera vez, Vera había dicho algo real, algo que lo tocaba directamente.
Gabriel sostuvo el volante unos segundos más antes de responder.
—No todo lo que pienso necesita ser dicho.
Ella lo miró de soslayo y durante un instante pareció que iba a bromear otra vez, pero no lo hizo.
—Debe de ser agotador vivir así.
Lo dijo con suavidad y sin ironía.
Gabriel no respondió inmediatamente. Sinceramente, no sabía muy bien qué contestar.
Por suerte, el edificio apareció delante de ellos pocos segundos después.
Su edificio, su rutina, su espacio seguro…
Aunque ya empezaba a sentirse muchísimo menos suyo desde que Vera había aparecido en él hablando sin pausas y trayendo un cactus con nombre propio.
Cuando Gabriel abrió la puerta del apartamento, Vera entró mucho más despacio que la noche anterior, y eso ya decía bastante.
Normalmente, parecía incapaz de moverse sin generar ruido, comentarios o alguna clase de caos verbal a su alrededor, pero ahora el susto del vehículo seguía todavía adherido a ella.
Gabriel cerró la puerta, echó la llave y activó de inmediato la cerradura de seguridad. Luego revisó ventanales, terraza y pasillo por rutina automática.
Vera lo observó desde el salón mientras dejaba el bolso sobre el sofá y, por primera vez, entendió algo realmente importante: Gabriel nunca dejaba de trabajar, ni un segundo.
—¿Haces eso siempre? —preguntó más bajito.
Él terminó de revisar la terraza antes de girarse hacia ella.
—¿El qué?
—Inspeccionarlo todo así.
Gabriel dejó las llaves sobre la encimera.
—Sí.
Fue una respuesta sencilla, como si vivir permanentemente alerta fuese algo completamente normal. Quizá para él lo era.
Vera lo observó unos segundos más mientras él se quitaba la chaqueta oscura.
—Qué agotador.
Gabriel la miró un instante.
—A veces lo es.
Aquello probablemente era lo más honesto que le había escuchado decir sobre sí mismo desde que lo conocía.
El silencio volvió unos segundos, más tranquilo esta vez, hasta que Vera lo rompió con una observación razonable.
—Necesito comer algo.
Milagro, una necesidad humana normal.
—¿Tienes hambre de verdad o ansiedad con forma de hambre?
Ella lo señaló inmediatamente.
—Menuda pregunta para alguien que desayuna proteína militar.
Él fue directamente hacia la cocina.
—Voy a hacer algo rápido.
Vera lo siguió inmediatamente, sentándose sobre uno de los taburetes de la isla.
—Esto me interesa muchísimo —bromeó.
Gabriel abrió la nevera.
—¿Qué cosa?
—Ver cocinar a un GEO.
Él sacó verduras y pollo.
—No tiene ningún misterio.
—Seguro que cortáis los tomates tácticamente —rio.
Gabriel empezó a cocinar, ignorándola aparentemente.
Fracaso absoluto, porque Vera seguía hablando.
—¿Sabes qué creo?
—Dispara.
—Que en realidad eres una persona muy intensa escondida debajo de toda esa máscara de “no siento emociones”.
Gabriel empezó a cortar verduras tranquilamente.
—Y tú hablas demasiado para ser alguien que estuvo a punto de morir ayer.
Ella hizo una mueca.
—Eso ha sido muy feo.
Él levantó la vista inmediatamente y, al ver su expresión algo más apagada, suspiró muy despacio. No había querido que sonara así.
—No quería decía eso.
—Sí lo decías un poco.
Gabriel dejó el cuchillo sobre la encimera.
—Quiero decir que deberías descansar más.
Vera lo observó unos segundos y otra vez apareció esa sensación rara entre ellos.
—Lo intento —admitió más bajito.
Él volvió a cocinar y Vera se quedó mirándolo.
Las mangas remangadas, movimientos precisos y concentrado incluso cocinando.
—Es bastante injusto que además sepas cocinar.
Gabriel ni siquiera levantó la vista.
—Estoy haciendo pollo a la plancha. Tampoco exageremos.
Vera apoyó ambos codos sobre la encimera, observándolo más en silencio.
—Gracias por hoy.
Gabriel levantó finalmente la vista.
—Sé que todo esto… te está afectando más de lo que estás dispuesta a admitir —comentó él.
La cocina quedó en silencio unos segundos.
Sí, le afectaba, muchísimo más de lo que estaba dispuesta a reconocer.
Vera sostuvo su mirada unos segundos más, demasiados.
Gabriel dio un paso hacia ella y Vera dejó de respirar un segundo. Estaba cerca, muy cerca.
No podía negarse que le parecía una chica realmente preciosa y, después de verla trabajar de aquella forma, algo dentro de él había cambiado.
La forma en la que sonreía a los clientes, cómo los calmaba, la vida que derrochaba allá por donde pasaba…
Sí, era una cotorra capaz de volverlo loco y, sin embargo…
No apartó los ojos de ella y tragó saliva, hasta que, de golpe, el móvil de Gabriel empezó a sonar.
Los dos parpadearon casi al mismo tiempo y la tensión se rompió inmediatamente.
Gabriel maldijo por lo bajini agarrando el teléfono.
—Robles —contestó.
Vera apartó lentamente la mirada, intentando fingir que su corazón no acababa de acelerarse muchísimo.
La voz de Medina sonó al otro lado de la línea.
—¿Cómo ha ido?
Gabriel caminó por la cocina.
—Posible vigilancia exterior en la oficina de Vera.
Al otro lado hubo un silencio breve.
—¿Está confirmado?
—No, pero el individuo reaccionó cuando salí.
Vera intentaba fingir que no escuchaba mientras bebía agua apoyada sobre la encimera, aunque claramente estaba pendiente de cada palabra.
Gabriel la miró un segundo y otra vez le ocurrió lo mismo.
El pelo algo desordenado, sentada en su cocina como si perteneciera allí de alguna manera extraña y peligrosísima, aquellos labios carnosos, sus enormes ojos…
Era demasiado guapa. Y el problema era que, con cada hora que pasaba con ella, resultaba más difícil ignorarlo.
Aquello era una mala idea, Vera era una testigo, una responsabilidad… era trabajo, no una mujer sentada en su cocina mirándolo como si él fuese la única cosa segura que tenía ahora mismo.
Gabriel apartó rápidamente ese pensamiento de su cabeza, volviendo a centrarse en la llamada.
—He pedido revisión de cámaras de la zona.
—Bien —respondió Medina—. ¿Cómo está ella?
Gabriel levantó ligeramente la vista hacia Vera.