13 #2
El hombre se movió un segundo al darse cuenta y entonces empezó a caminar demasiado rápido.
Gabriel reaccionó de inmediato.
—Quedaos aquí.
Vera se levantó enseguida.
—¿Qué pasa?
Pero Gabriel ya iba hacia la puerta, abriéndola mientras seguía observando al individuo alejarse calle abajo.
Gabriel salió directamente a la acera y el hombre aceleró todavía más el paso.
Mierda, eso no era casualidad.
Gabriel se llevó la mano al auricular discreto que seguía utilizando.
—Robles. Posible vigilancia exterior. Varón, sudadera negra, gorra gris. Dirección norte por Ayala.
El hombre giró la esquina con pasos largos.
Gabriel avanzó varios metros más hasta llegar a la esquina y se quedó parado, observando rápidamente alrededor: vehículos, peatones, movimiento normal, pero el tipo ya había desaparecido.
Gabriel permaneció quieto unos segundos más, escaneando visualmente toda la calle.
—Mierda —susurró.
Se giró y volvió rápidamente a la oficina y, en cuanto entró otra vez, Vera ya estaba esperándolo de pie, nerviosa.
—¿Quién era?
Gabriel cerró la puerta tras de sí.
—No lo sé.
—Eso no me tranquiliza.
La novia y su prometido parecían completamente confundidos.
Alicia había palidecido un poco.
—¿Crees que…?
Gabriel miró a Vera. Ahí estaba otra vez, aquella sensación incómoda en el pecho.
Ella intentaba mantenerse tranquila hablando, pero los dedos le temblaban ligeramente alrededor de la tableta.
—No lo sé todavía —respondió finalmente.
Vera tragó saliva.
La oficina había cambiado completamente de ambiente en menos de un minuto.
Ahora el miedo volvía a estar allí y Gabriel ya empezaba a odiar profundamente esa sensación, porque significaba exactamente lo que llevaba temiendo desde la incursión en la nave: que tarde o temprano iban a encontrarla.
La novia abrazó lentamente la carpeta que llevaba sobre las piernas.
—Vale… ahora mismo no sé si cancelar la boda.
—No canceles nada —respondió Vera rápidamente, aunque la voz le salió un poco más tensa de lo normal.
Gabriel seguía observando el exterior a través del ventanal, analizando reflejos, movimientos, vehículos aparcados… nada, pero aquello no le gustaba.
Alicia se acercó un poco más a Vera, bajando la voz.
—¿Crees que era uno de ellos?
Vera abrió la boca y la cerró otra vez, no quería responder a esa pregunta delante de clientes.
Gabriel intervino antes.
—Todavía no lo sabemos.
La novia levantó lentamente la mano.
—¿Estamos… en peligro?
Todos la miraron.
Gabriel sostuvo su mirada unos segundos y Vera habló antes que él.
—No, nada de nada —rio dando una palmada—. Bueno, intentemos no usar la palabra narcotraficantes —pronunció tan tranquila.
—Vera —susurró Alicia, horrorizada.
—¿Qué? ¿Qué más da? Estan más asustados que yo.
El novio parecía fascinado, muchísimo más de lo razonable.
—Tío… ¿tú eres GEO de verdad?
Gabriel ya empezaba a arrepentirse de haber salido de casa.
—Sí.
—Guaaauuu.
Vera señaló rápidamente a la pareja.
—Vale, centrémonos todos en vuestra boda antes de que Gabriel me meta en una caja fuerte.
Gabriel la miró directamente.
—No es mala idea.
Ella abrió mucho los ojos.
—Eso ha sonado muy inquietante.
Y lo era, porque él ya estaba replanteándose completamente el nivel de exposición que tenía Vera. Redes sociales, clientes, oficina abierta, rutinas visibles… demasiadas variables.
La novia seguía observando a Gabriel con admiración absoluta.
—Es muy atractivo para decir cosas tan aterradoras —pronunció con la mandíbula desencajada.
Alicia asintió inmediatamente.
—Gracias. Llevo pensando eso desde que lo he visto entrar por la puerta.
Gabriel cerró los ojos un segundo. Todo el mundo que entraba en aquella oficina parecía estar loco de remate.
Vera intentó retomar la reunión, aunque ahora hablaba algo más rápido de lo normal o, al menos, eso notaba Gabriel que ya empezaba a reconocer cuándo su nerviosismo aumentaba de verdad.
—Vale, seating , flores, música, cosas normales y legales… centrémonos en eso.
Pero mientras hablaba, seguía mirando de reojo hacia la calle y Gabriel lo notó.
Terminó acercándose discretamente a ella mientras la pareja revisaba unas muestras de invitaciones.
—Eh.
Vera levantó la vista inmediatamente.
—¿Qué?
La voz le salió más bajita esta vez.
Gabriel habló lo suficientemente bajo para que solo ella pudiera escucharlo.
—Voy a sacar a dos agentes fuera del edificio.
Ella tragó saliva.
—¿Crees que era uno de ellos? —Él dudó apenas un segundo porque Vera lo interpretó enseguida—. Gabriel...
—No lo sé todavía.
—Eso significa que sí lo crees. Mecachis en la mar salada… —acabó con un tono agudo.
Gabriel sostuvo su mirada y, por primera vez desde que la conocía, Vera dejó de hablar unos segundos completos.
Vera apartó lentamente la mirada hacia la calle otra vez. Gabriel vio perfectamente el momento exacto en que aquello le golpeó de verdad, aunque Vera seguía intentando mantenerse entera delante de todo el mundo.
—Vale —dijo ella demasiado rápido mientras recogía varias carpetas—. Todo bien. Absolutamente todo bien. Continuemos organizando matrimonios legales y no asesinatos.
La novia levantó lentamente una mano.
—¿Seguro que quieres seguir trabajando?
—Sí.
Demasiado rápido otra vez.
Alicia ya la conocía lo suficiente para detectarlo.
—Vera…
Ella se giró inmediatamente hacia una mesa, fingiendo buscar papeles.
—Estoy perfectamente.
Gabriel se acercó un poco más y esta vez habló con voz firme.
—Mírame.
Vera levantó la vista automáticamente.
Ahí estaba otra vez ese tono suyo, el calmado.
—Tranquila, no estás sola —dijo él más bajo—. Estoy aquí contigo.
Ella obedeció casi sin darse cuenta y Gabriel notó cómo los hombros se le relajaban un poco.
La novia observaba toda la escena con cara de absoluto impacto.
—Dios mío —susurró—. Esto es la cosa más intensa que he visto nunca.
El novio asintió inmediatamente.
—Muchísimo.
Ambos prometidos parecían totalmente conmocionados con lo que estaban viviendo, aunque, por otro lado, casi parecía que lo disfrutaban, como si solo les faltara un bol de palomitas.
Vera cerró los ojos un segundo cuando escuchó a Alicia suspirar, como si las palabras de Gabriel la hubiesen derretido.
—Alicia, eh… —dijo, como si la reprendiera—. Que no estamos viviendo una película romántica, por favor.
Alicia levantó una ceja.
—Gabriel literalmente acaba de decir “mírame” con voz de hombre atractivo —pronunció como si solo Vera pudiese escucharlo, aunque claramente ese no iba a ser el caso, dado que Gabriel estaba a su lado.
Gabriel quería desaparecer y Vera… Vera acababa de ponerse roja como un tomate.
Gabriel apartó inmediatamente la atención de ella y volvió al exterior, modo GEO táctico otra vez. Necesitaba centrarse.
Sacó el móvil y llamó rápidamente a Medina mientras caminaba unos pasos hacia la entrada.
Vera siguió mostrándoles a los novios posibles invitaciones, telas y ramos de flores mientras veía a Gabriel hablar por teléfono.
La conversación fue breve y, cuando colgó, Vera ya lo estaba mirando, esperando respuesta, demasiado pendiente de él.
—Dos agentes vendrán a vigilar el exterior.
Alicia abrió muchísimo los ojos.
—¡¿Vamos a tener policías fuera?!
—Discretos —respondió Gabriel.
—Nada en vosotros es discreto. Parecéis protagonistas de series de acción.
Él ignoró completamente el comentario, aunque la novia seguía mirando alternativamente a ambos. Gabriel se apartó de ella para dejarla trabajar tranquila, aunque no tenía muy claro que pudiese conseguirlo, ya que el resto de la reunión la pasó recibiendo miradas de soslayo por parte de Vera.