6 #2
Gabriel comprobó otra vez el plano operativo abierto en la tableta.
Si autorizaban entrada, el equipo principal entraría por el acceso delantero y el segundo equipo cerraría la salida trasera con tiradores cubriendo los laterales. Además, el perímetro estaría asegurado antes de intervenir.
Rutina táctica.
La radio volvió a sonar suavemente.
—Posible vehículo entrando por calle norte.
Todos alzaron la vista al instante.
Gabriel observó la pantalla.
Un vehículo acababa de girar hacia la zona de la nave, uno pequeño y oscuro.
No coincidía con ninguno de los vehículos previamente identificados.
Carlos frunció el ceño.
—Ese no está fichado.
Gabriel siguió observando mientras el vehículo se detenía frente a la nave.
Una mujer bajó del vehículo sola y caminó directamente hacia la entrada abierta.
Gabriel sintió inmediatamente una tensión incómoda en el estómago.
—¿Quién coño es esa?
Nadie respondió porque nadie lo sabía.
Durante un segundo todo quedó en silencio dentro de la furgoneta.
Carlos miró hacia Gabriel.
—¿Qué hacemos?
Gabriel seguía observando la entrada.
Algo no le gustaba, nada de aquello le gustaba.
—Avisad a Medina —ordenó inmediatamente mientras cogía el auricular—. Tenemos una civil dentro.
Carlos ya estaba comunicándose con el resto de equipos mientras Gabriel seguía mirando fijamente la entrada de la nave.
La puerta metálica permanecía parcialmente abierta, sin movimiento a la vista.
—Control, aquí Bravo Uno —habló Carlos por el canal interno—. Tenemos una civil entrando sola en objetivo principal. Repito: civil dentro de la nave.
Un breve silencio se hizo al otro lado. Después, la voz del inspector Medina irrumpió por comunicaciones.
—¿Identificada?
—Negativo.
Gabriel seguía observando la pantalla.
La cámara exterior apenas había captado unos segundos a una mujer de cabello claro y ropa elegante… nada que encajara con el entorno. Definitivamente, no pertenecía allí.
—¿Ha salido alguien a interceptarla? —preguntó Medina.
—Negativo por ahora —respondió Gabriel con la vista fija en la puerta—. Pero lleva dentro más de un minuto.
Carlos soltó aire lentamente.
—Joder…
Todos sabían lo que significaba aquello. Una persona ajena entrando accidentalmente en medio de una operación sobre narcotráfico nunca era una buena noticia.
Otro agente habló desde vigilancia trasera.
—Sin movimiento exterior de momento.
Gabriel apoyó los antebrazos sobre las piernas mientras seguía analizando opciones mentalmente.
Entrar precipitadamente podía provocar disparos, rehenes y caos.
Esperar demasiado podía empeorar todavía más la situación.
Lo peor era la incertidumbre.
Todavía no sabían si la habían visto, retenido o, simplemente, estaba preguntando algo dentro. Aunque, sinceramente, Gabriel dudaba muchísimo de la tercera opción.
—¿Qué coño hace una mujer sola entrando aquí a estas horas? —murmuró uno de los agentes.
Carlos respondió sin apartar la vista de las pantallas.
—La gente normal hace cosas muy raras.
Gabriel seguía completamente concentrado.
Algo iba mal, lo notaba.
La radio volvió a sonar.
—Bravo Uno, aquí control. Investigación confirma alta probabilidad de objetivo prioritario dentro de la nave esta noche.
Perfecto, justo lo que les faltaba.
Gabriel se pasó una mano por la mandíbula, pensando rápidamente.
Si el jefe estaba dentro habría más tensión, más armas y más riesgo. Y ahora, además, tenían a una civil atrapada en mitad de aquel operativo.
—Necesito actualización visual, ya —ordenó Medina—. ¿Alguna ventana con línea limpia?
Uno de los agentes respondió desde la posición lateral.
—Negativo. Cortinas interiores bajadas en zona principal. Solo actividad parcial cerca del acceso trasero.
Carlos miró brevemente hacia Gabriel.
—Esto huele mal.
Gabriel cogió los prismáticos y volvió a fijar la vista en la nave.
Había demasiado silencio hasta que, de pronto, una figura apareció brevemente cerca de la entrada interior.
Un movimiento rápido y después otra sombra.
Gabriel tensó inmediatamente la mandíbula.
—Tenemos movimiento dentro. Posible alteración.
La voz de Medina llegó enseguida.
—¿Confirmáis situación hostil?
Gabriel seguía observando, aunque todavía no veía suficiente, pero la sensación incómoda en el pecho ya era demasiado clara.
—Todavía no —respondió finalmente—. Pero prepara equipos. Esto puede complicarse rápido.
El ambiente dentro de la furgoneta cambió completamente: ya no era vigilancia pasiva, ahora todos estaban tensos, atentos a cualquier movimiento alrededor de la nave mientras las comunicaciones se volvían más rápidas y precisas.
Gabriel seguía observando a través de los prismáticos desde la pequeña apertura lateral del vehículo.
Nada claro todavía. Sombras moviéndose, figuras cruzando zonas interiores… Demasiado lejos para identificar exactamente qué ocurría.
La radio crepitó suavemente.
—Equipo lateral a Bravo Uno. Tenemos audio parcial desde puerta trasera.
Gabriel levantó inmediatamente la cabeza.
—Adelante.
Un breve silencio, ruido metálico de fondo, voces distorsionadas y, entonces, una frase.
—… ha visto demasiado.
Dentro de la furgoneta todo se congeló un segundo.
Carlos giró la cabeza automáticamente hacia Gabriel.
—Mierda —susurró este.
La voz volvió a sonar entre interferencias.
—… cogedla…
Luego se escucharon unos gritos femeninos.
Eso bastó. Gabriel ya estaba cogiendo el chaleco táctico.
—Confirmado. Tenemos rehén.
El tono de Medina cambió instantáneamente al otro lado de las comunicaciones.
—Todos los equipos preparados para intervención inminente.
Hubo movimiento inmediato dentro de la furgoneta.
Auriculares, armas, protecciones… todo sincronizado como una coreografía perfecta, una rutina entrenada cientos de veces.
Carlos comenzó a colocarse el chaleco mientras otro agente revisaba cargadores rápidamente.
—Equipo dos cerrando perímetro trasero —informó una voz por radio.
—Recibido.
Gabriel se ajustó el comunicador al oído mientras seguía mirando la nave. La situación acababa de escalar por completo.
—Quiero visual de todas las salidas —ordenó Medina—. Nadie entra ni sale sin confirmación.
Las respuestas llegaron casi de inmediato desde distintos puntos alrededor del polígono.
—Lateral norte cubierto.
—Salida trasera asegurada.
—Tejado limpio.
Gabriel ya estaba mentalmente dentro de la nave: entradas, ángulos, posibles posiciones hostiles y rutas de extracción para la rehén.
Todo automático y entrenado.
Carlos terminó de ajustarse el casco.
—¿Crees que la han identificado?
Gabriel negó.
—Todavía no.
Si aquella mujer hubiese sido identificada como policía o colaboradora, probablemente la situación ya habría explotado.
Aquello parecía improvisado. Y lo improvisado era peligroso.
La radio volvió a sonar.
—Movimiento elevado dentro. Varias voces alteradas.
Gabriel cogió finalmente el arma y comprobó una última vez el cargador.
Se concentró en la calma previa, en ese instante antes de actuar en el que todo el mundo bajaba revoluciones, sin emociones ni dudas, solo trabajo.
—Escuchadme bien —la voz de Medina sonó firme por comunicaciones—. Tenemos una civil dentro y posible armamento confirmado. Prioridad absoluta: extracción limpia de la rehén. Si el objetivo principal sigue dentro, lo detenemos. Nadie dispara salvo clara amenaza. ¿Entendido?
Las confirmaciones inmediatas resonaron por el canal.
Gabriel abrió la puerta lateral de la furgoneta y el aire frío de la noche golpeó inmediatamente el ambiente cargado del interior.
A lo lejos, la nave seguía pareciendo completamente tranquila desde fuera, como si dentro no estuviera a punto de comenzar un operativo GEO.