MANUAL DE PSICOLOGÍA Diecisiete #4
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Diecisiete #4

Una cara que no se parecía a nadie.

Camila se rió.

—Ese sí está de la chingada.

—Gracias. Ese sí te lo creo.

—¿Lo vas a tirar?

Álex pasó el dedo por el borde de la hoja.

—No.

—Bien.

No era recuperación.

No era una señal de que todo estuviera mejor.

Era un cuaderno de cuarenta pesos con dibujos malos.

Y por esa tarde, que existiera algo de Álex que no tuviera que ser explicado por consumo, Renata o miedo bastaba.

Camila se alegró de no haber metido un número en medio.

* * *

Nicolás fue quien puso otra fecha frente a Gael.

No estaba buscándolo.

Eso fue precisamente lo incómodo.

Dos días después del cumpleaños de Bruno encontró a Gael en la biblioteca.

—¿Tienes cinco minutos?

Gael cerró el documento que estaba leyendo.

—Sí.

Nicolás sacó el teléfono.

—Eduardo me dijo que conserve el mensaje original. Quiero hacer una copia de todo antes de cambiar de celular.

—Haz una exportación del chat y conserva capturas, pero no borres el original todavía.

—Eso sé. Lo que no sé es cómo guardar bien la fecha y el número sin que luego parezca que lo edité.

Gael extendió la mano.

—Déjame ver.

Nicolás abrió la conversación del número desconocido.

Había muy poco.

El segundo mensaje seguía ahí.

TE QUEDASTE CALLADO LA PRIMERA VEZ. ESO YA DICE ALGO DE TI.

Gael no leyó la frase más de lo necesario.

Buscó la información del mensaje.

Fecha.

Hora.

Número.

Se detuvo.

Nicolás lo notó.

—¿Qué?

Gael no respondió.

En la pantalla estaba la fecha original.

Día diecisiete del mes anterior.

Nicolás acercó el teléfono a su propia cara.

—No mames.

Gael se lo devolvió.

—No hagas eso.

—¿Qué?

—Convertirlo en significado antes de tiempo.

—Pero llegó el día diecisiete.

—Sí.

—Y hoy acabamos de hablar de...

—Hace dos días.

—Me entendiste.

Gael abrió su computadora.

Nicolás se sentó frente a él.

—¿Lo vas a anotar?

—Sí.

—¿Entonces sí importa?

—No dije eso.

Gael abrió la pestaña REGLAS DE REVISIÓN.

Leyó el punto dos.

REGISTRARLO SOLO SI APARECE DURANTE UNA REVISIÓN MOTIVADA POR OTRA RAZÓN.

Después abrió una hoja nueva.

No escribió PATRÓN.

Anotó:

OBSERVACIONES NUMÉRICAS — SIN INTERPRETACIÓN

Primera fila:

17 — EDAD — HIJO DE ROGELIO Y ELENA — RELATO DE SERGIO — PREVIO A LA ATENCIÓN SObrE EL NÚMERO.

Segunda:

17 — FECHA — CUMPLEAÑOS DE brUNO — EVENTO ORDINARIO / SIN VALOR PROBATORIO ACTUAL.

Tercera:

17 — FECHA — SEGUNDO MENSAJE DE NICOLÁS — OBSERVADO DURANTE REVISIÓN DE RESPALDO, NO DURANTE BÚSQUEDA NUMÉRICA.

Nicolás leyó desde el otro lado.

—Tres.

—Tres observaciones.

—Eso ya es...

—No termines esa frase.

—¿Por qué?

Gael cerró las manos sobre el borde de la laptop.

—Porque una edad, un cumpleaños y la fecha de un mensaje no son la misma clase de variable.

—Pero es el mismo número.

—Y si buscas suficiente tiempo también voy a encontrar tres sietes, tres doces y tres cuarenta y ochos.

Nicolás no pareció convencido.

—Entonces ¿para qué lo anotaste?

Gael pensó antes de contestar.

—Para que si vuelve a aparecer, no tengamos que confiar en nuestra memoria sobre cuándo empezamos a notarlo.

Eso sí hizo que Nicolás callara.

Gael añadió una columna:

REGISTRADO ANTES / DESPUÉS DE HIPÓTESIS

En las tres filas puso:

1. antes.

2. detonante.

3. después de notar el número, pero hallado por revisión independiente.

—Eso es muy enfermo —dijo Nicolás.

—Es lo contrario.

—No estoy seguro.

Gael tampoco.

No lo dijo.

Nicolás guardó el teléfono.

—¿Se lo vas a decir a Eduardo?

—Sí.

—¿Hoy?

Gael vio la hoja.

—Hoy.

* * *

Eduardo escuchó sin interrumpir.

Gael le mostró la tabla.

No la hoja completa de incidentes.

Solo las tres filas.

Eduardo leyó dos veces la tercera.

—¿Buscaste otros mensajes por fecha?

—No.

—¿Buscaste el número en el archivo?

—No.

—¿Nicolás te enseñó el mensaje por el número?

—No. Quería respaldarlo antes de cambiar de teléfono.

—Bien.

Eduardo se reclinó.

Nicolás estaba sentado junto a Gael.

—¿Entonces ya cuenta? —preguntó.

Eduardo lo miró.

—Cuenta como observación.

Nicolás dejó escapar el aire.

—Hablan igual.

—Es preocupante —dijo Gael.

Eduardo ignoró el comentario.

—La fecha del mensaje es más relevante que el cumpleaños de Bruno porque pertenece a uno de los incidentes que estamos documentando.

—Eso dije —respondió Gael.

—Pero sigue siendo una sola fecha.

—Sí.

—Y ya estamos sensibilizados al número.

—También.

Nicolás levantó una mano, esta vez sin intención de pedir turno formal.

—Perdón. ¿Qué tendría que pasar para que ustedes dos dijeran “esto ya no está normal”?

Eduardo no contestó de inmediato.

—Que aparezca en información que ya existía antes de que empezáramos a buscarla y que esté relacionada de manera más directa con los incidentes.

—¿Como qué?

—No quiero darte ejemplos.

Nicolás se extrañó.

—¿Por qué?

Gael entendió.

—Porque si nos dice qué buscar, vamos a empezar a encontrarlo.

Eduardo señaló a Gael.

—Eso.

Nicolás se hundió un poco en la silla.

—Odio esta clase.

—No estamos en clase.

—Peor.

Eduardo tomó una hoja y copió únicamente la fecha del mensaje de Nicolás.

No escribió las otras dos.

Gael lo notó.

—¿Por qué solo esa?

—Porque pertenece a un caso confirmado y puedo verificarla en el dispositivo original.

—El hijo de Sergio también es verificable si hablamos con él.

—Pero no es un incidente de nuestro grupo.

—Todavía.

Eduardo levantó la vista.

Gael se dio cuenta de lo que había dicho.

—No quise decir que vaya a serlo.

—Lo sé.

Eduardo dejó la pluma.

—Este es el punto donde una palabra empieza a contaminar el análisis.

Nicolás preguntó:

—¿Cuál?

—“Todavía”.

Gael entendió.

Si decía que el hijo del trailero no era parte del patrón todavía, ya estaba suponiendo que existía un patrón al que podía incorporarse después.

Borró mentalmente la frase.

Eduardo cerró la carpeta.

—No vamos a reunir al grupo por esto.

—No —dijo Gael.

Nicolás pareció menos seguro.

—¿Por qué no?

—Porque hoy solo conseguiríamos que todos salgan a buscar el mismo número por toda la ciudad.

Bruno, si hubiera estado ahí, habría hecho un chiste.

Nicolás no.

—¿Y si ya lo están haciendo?

Eduardo pensó.

—Entonces tendremos un problema de datos antes de tener un problema de números.

Eduardo abrió una nota nueva en su teléfono.

No volvió a escribir el número.

Escribió un protocolo.

—A partir de ahora, si alguno de ustedes encuentra un dato numérico que crea relacionado con un incidente, no lo mande al grupo de inmediato.

Nicolás se tensó.

—¿Por qué?

—Porque compartirlo puede cambiar lo que los demás empiezan a buscar.

Gael agregó:

—Y después ya no sabes si el dato apareció solo o porque quince personas empezaron a rastrearlo.

Eduardo hizo una corrección inmediata.

—No necesito que cuentes personas para explicar esto.

Gael entendió la advertencia.

—Cierto.

Eduardo siguió:

—Conserven el original. Anoten dónde apareció, cuándo lo vieron y por qué estaban revisando esa información. Si el hallazgo depende de una captura, conserven también el mensaje o archivo fuente cuando sea posible.

Nicolás levantó el teléfono.

—¿Y se lo mando a usted?

—Sí. Sin interpretación.

—¿“Me salió otra vez” ya es interpretación?

—Es una selección. Prefiero: “estaba respaldando el mensaje y la fecha del original es tal”.

Nicolás soltó aire.

—Usted convierte hasta mandar un WhatsApp en metodología.

—En este momento necesitamos que los datos sobrevivan a nuestro miedo.

Gael cerró la tabla.

Aquella frase no le pareció académica.

Le pareció práctica.

* * *

Esa noche el grupo volvió a hablar del cumpleaños.

No del número.

Bruno subió una fotografía del pastel destruido.

Gracias por arruinarme el día, escribió.

Tomás respondió:

De nada. El próximo año mariachi.

Iván:

Yo llevo bocina porque mariachi sale caro.

Camila:

Yo no voy si cantan Las Mañanitas completas.

Valeria:

Cobardes.

Mateo reaccionó con un corazón al mensaje de Valeria y Bruno lo insultó durante tres mensajes seguidos.

Gael leyó la conversación.

No escribió nada.

Después abrió la fotografía.

No para buscar números.

Solo porque Bruno había etiquetado a Tomás en una cara horrible tomada mientras cortaban el pastel.

Al fondo se veía una parte de la pared de la cafetería.

Una de las fotografías antiguas entraba en el encuadre.

La mujer parecida a Rosita estaba demasiado pequeña para distinguirse.

Gael amplió la imagen.

Se detuvo.

Recordó su regla.

No tenía una razón nueva para revisar esa fotografía.

La cerró.

Guardó el teléfono.

Abrió el correo institucional.

Había una respuesta del Archivo Histórico.

Su solicitud, con el aval de Eduardo, había sido recibida.

El expediente no estaba disponible para consulta inmediata.

Debían localizar la caja física y confirmar el nivel de acceso.

Tiempo estimado: varios días hábiles.

Gael leyó el mensaje completo.

No había ningún número que le interesara.

Eso le produjo un alivio absurdo.

Luego llegó un mensaje de Tomás.

¿Sigues despierto?

Gael contestó:

Sí.

Tomás:

No te rías. Me acordé de otra cosa.

Gael dejó el teléfono sobre la mesa durante unos segundos antes de responder.

¿Qué cosa.

Los tres puntos aparecieron.

Desaparecieron.

Volvieron.

La historia del trailero.

Gael esperó.

Tomás escribió:

No fue la edad nada más.

¿Qué fue.

Otra pausa.

Sergio dijo que el morro corría detrás del camión porque quería ir con su papá. Todo pasó porque el papá se fue encabronado.

Gael leyó dos veces.

No entendía.

Y.

Tomás respondió:

Nada. Solo pensé que llevamos semanas hablando de amenazas como si todo lo importante fuera el mensaje o la persona que lo manda.

Gael siguió leyendo.

A veces lo que mata es lo que haces después de tener miedo o estar enojado.

Gael dejó las manos quietas.

Aquello sí era una observación distinta.

No tenía que ver con el número.

Tenía que ver con la novela entera.

Escribió:

Eso sí deberías decírselo a Eduardo.

Tomás contestó:

Mañana.