Manos de artista Capítulo 21 Bram
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Capítulo 21 Bram

Ámsterdam. Euterpestraat. Sábado, 18 de diciembre de 1943. Nueve de la mañana.

Elise reconoció a Bram por la cicatriz. Daan se la había mencionado una vez.

No el nombre. No entonces. Solo había dicho que uno de sus compañeros llevaba una quemadura que le subía por el brazo y el cuello.

Ahora estaba sentado frente a ella. Manos esposadas.

Labio partido. Un ojo casi cerrado. La cicatriz desaparecía bajo el cuello de la camisa.

Brandt permanecía de pie al fondo de la habitación. No había espejo. No había códigos. No había posibilidad de hablar sin que él oyera. Eso, de algún modo, facilitaba las cosas. Elise abrió la carpeta.

—Bram Smit.

Él levantó la cabeza.

—Elise Müller.

Brandt se movió ligeramente. Demasiado tarde. Elise mantuvo la expresión neutra.

—¿Nos conocemos?

Bram sonrió con el lado sano de la boca.

—Todo Ámsterdam conoce a la mujer que encuentra documentos falsos.

Buena respuesta. Elise tomó la pluma.

—¿Dónde está Daan Visser?

—No lo sé.

—¿Cuándo lo vio por última vez?

Bram la miró. Pensó.

—Ayer.

Verdad.

—¿Dónde?

—En el almacén.

También verdad. Brandt intervino:

—¿Adónde fue después?

Bram giró la cabeza hacia él.

—Si lo supiera, no se lo diría.

Brandt sonrió.

—Por eso la señorita Müller está aquí.

Bram volvió a mirarla. Elise comprendió lo que Brandt quería. No respuestas. Reacciones. Ver cómo se miraban. Cómo respiraban. Si Bram sabía algo de ella. Si ella conocía demasiado a Bram. Elise apoyó la pluma.

—Hábleme de la imprenta.

Bram pareció sorprendido.

—¿Qué imprenta?

—La de Visser.

Después entendió. La antigua. Vacía. La que ya no servía.

—Jordaan —dijo.

—¿Dirección?

Bram la dio. La verdadera. Brandt frunció el ceño.

—Ya la registramos.

—Entonces ¿para qué pregunta?

Brandt no respondió. Elise escribió.

—¿Daan fabricaba allí los documentos?

—Sí.

—¿Solo?

Bram pensó.

—Yo lo ayudaba.

Otra verdad. Nada nuevo.

—¿Qué hacía?

—Lo que hiciera falta.

—¿Sellos?

—A veces.

—¿Fotografías?

—A veces.

—¿Quién conseguía el papel?

Bram se encogió de hombros.

—Comprábamos. Robábamos. Encontrábamos.

Elise continuó.

—¿Quién dirigía el grupo?

—Nadie.

Brandt soltó una risa.

—Todos los grupos tienen un jefe.

Bram lo miró.

—Por eso los suyos pierden tanto tiempo saludándose.

El golpe llegó de un guardia situado junto a la puerta. Bram se dobló. Elise no reaccionó. Esperó a que levantara de nuevo la cabeza.

—¿Henk van der Berg?

Bram la miró. Así que Brandt conocía el nombre. Joop había hablado.

—Lo conozco.

—¿Dónde está?

—No lo sé.

—Pieter de Vries.

—Lo conozco.

—¿Dónde?

—No lo sé.

Elise tomó nota. Brandt se acercó.

—Smit.

Bram levantó la cabeza.

—Uno de sus compañeros nos ha contado bastante más que usted.

Joop. Bram lo entendió. No necesitó preguntar.

—Entonces pregúntele a él.

—Lo hemos hecho.

—Perfecto.

Brandt puso ambas manos sobre la mesa.

—Visser está herido. Henk es viejo. Pieter no es combatiente.

Bram sonrió.

—Parece que no necesita mi ayuda.

Brandt se inclinó.

—Los encontraremos.

—Puede.

—Y cuando lo hagamos, usted habrá sufrido para nada.

Bram sostuvo su mirada.

—Eso tendrá que preocuparme cuando ocurra.

Brandt se enderezó. Miró a Elise.

—Continúe.

Ella sabía que no podía proteger a Bram evitando preguntas. Eso la delataría. Así que hizo la más peligrosa.

—¿Quién les proporcionaba información sobre movimientos alemanes?

Bram la miró. Por primera vez hubo auténtica duda. Margot. Elise. Joop. Demasiadas posibilidades. Después Bram respondió:

—Joop.

Brandt no se movió. Elise tampoco.

—¿Joop qué?

—Joop conseguía la información.

Brandt sonrió.

—Interesante.

—¿Por qué?

—Porque Joop trabajaba para nosotros.

La frase quedó en la habitación. Bram cerró los ojos. Solo un instante. No de sorpresa. De confirmación. Cuando los abrió, la rabia había desaparecido. Quedaba algo más frío.

—Entonces ya tiene su respuesta.

Brandt lo observó.

—¿Cuál?

—Cómo encontrasteis el almacén.

Por primera vez, Brandt pareció arrepentirse de haber revelado algo. Bram sonrió.

—Gracias.

Brandt se apartó.

—Müller.

—¿Sí?

—Termine.

Elise volvió a mirar la carpeta. Ya no necesitaba fingir que aquello era una investigación.

—¿Dónde está Daan Visser?

—No lo sé.

—¿Henk van der Berg?

—No lo sé.

—¿Pieter de Vries?

—No lo sé.

—¿Conoce otros refugios?

—Sí.

Brandt levantó la cabeza. Elise preguntó:

—¿Dónde?

Bram sonrió.

—Quemados. Abandonados. Vacíos.

Verdad. Elise cerró la carpeta.

—No tiene información actual.

Brandt la miró.

—Eso lo decidiré yo.

—Puede seguir preguntando. Las respuestas no van a cambiar.

Brandt se acercó a Bram.

—Todos cambian de respuesta.

Bram lo miró.

—Daan tampoco lo hizo.

Aquello consiguió que Brandt endureciera el rostro. Bram había acertado.

—Sáquenlo.

Los guardias lo levantaron. Bram hizo una mueca. Una pierna no respondía bien. Elise lo vio. También vio algo en la camisa. Sangre. Demasiada.

—Espere.

Brandt la miró. Elise señaló.

—Está sangrando.

—Sobrevivirá.

—No si continúa así.

—¿Desde cuándo es médica?

—Desde nunca.

Elise miró a Bram.

—Pero sé reconocer a un hombre que apenas puede mantenerse en pie.

Brandt pareció irritado.

—Llévenlo abajo.

Los guardias empezaron a moverlo. Elise habló antes de que llegaran a la puerta.

—Si muere, deja de poder decirnos dónde están los demás.

Brandt se detuvo. Eso sí funcionaba. Utilidad. No compasión. Miró a Bram. Después a Elise.

—Que lo vea un médico.

Elise no dijo nada. La puerta se cerró. Bram desapareció. Brandt permaneció junto a la mesa.

—No ha conseguido nada.

Elise ordenó los papeles.

—He confirmado que Joop era su fuente principal.

—Eso ya lo sabía.

—Exactamente.

Levantó la mirada.

—Smit solo nos ha contado cosas que ya sabemos.

Brandt la observó.

—¿Y qué significa?

—Que desconoce dónde están ahora.

—O que no quiere decirlo.

—Ambas cosas pueden ser ciertas.

Brandt apoyó una mano sobre la carpeta.

—¿Le cree?

Elise pensó en Bram. En Daan. En la mirada de un hombre que acababa de descubrir quién había traicionado a su hermano de resistencia.

—Sí.

Brandt sonrió.

—Yo no.

Se marchó. Elise esperó a quedarse sola. Después escribió una única línea al final del informe:

El detenido presenta deterioro físico significativo. Se recomienda evaluación médica antes de continuar interrogatorio.