Mañana (Arpías 3) Epílogo 1
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Epílogo 1

Thomas

L o peor de tener que seguir fingiendo con Walsh hasta tener la dichosa cura es que, por extensión, también debo dar la cara ante el senador McCain.

Bueno, después de hoy, lo más probable es que ese cabrón se convierta en presidente de la nación y, entonces, toda la humanidad estará un poco más jodida que ayer.

Estoy terminando de ajustarme los gemelos cuando escucho cómo alguien toca a la puerta de mi dormitorio. Selene asoma la cabeza y sonríe con amabilidad.

—Señor Hutcher, tiene una visita en la sala de estar —informa.

Frunzo el ceño. Nadie tiene autorización para subir hasta aquí. A no ser que…

—¿Quién es? —pregunto, aunque estoy casi seguro de que se trata de Row.

—La señorita que estuvo aquí el otro día. —Parece pensarlo unos segundos antes de volver hablar—. Michelle Obama.

Casi suelto una carcajada.

Neva no le borró esa información y ella cree que es real.

Asiento, y tras colocarme bien la corbata frente al espejo, salgo del dormitorio y voy en busca de Row. La encuentro en la sala de estar, caminando de un lado a otro con nerviosismo.

—Hola, ¿qué haces aquí? —pregunto, y me acerco para besarla.

Ella retrocede en cuanto nuestros labios se tocan y esboza una sonrisa que no parece real.

—Sé que tienes un compromiso hoy y no quiero que llegues tarde por mi culpa.

—No te preocupes —digo, frunciendo el ceño—. ¿Todo va bien? ¿Cómo está Neva?

Exhala con fuerza y se encoge de hombros.

—Intentando asimilar que va a ser madre soltera, pero bien.

—¿Y el padre?

—No está. Es una larga historia, pero, en resumen: Evan y ella ya no están juntos y él ni siquiera recuerda gran parte de su relación.

—¡¿Le ha borrado la memoria al padre de su hijo?! —Asiente—. Quiero pensar que hay una buena razón para que haya tomado esa decisión.

—La hay, créeme. Pero no he venido a hablar de Neva. ¿Tienes un minuto antes de marcharte?

—Sí, claro.

Vuelve a resoplar y esta vez también se recoloca la melena por encima del hombro.

Está nerviosa, lo sé.

—¿Has hablado con Madre sobre la cura?

Frunzo el ceño. No esperaba esa pregunta.

—Eh… Sí, he ido a verla al laboratorio esta tarde.

—¿Y qué te ha dicho? Tom, no puedes seguir trabajando con ella.

Me cruzo de brazos y frunzo el ceño. No entiendo a qué viene ahora esto.

—Creí que lo entendías. Ya estamos muy cerca. Cuando Melissa se recupere, os ayudaré a acabar con ella, pero hasta entonces no puedo hacer nada.

—¡Esto lo cambia todo! ¿De verdad estás dispuesto a poner la vida de tu hermana y la tuya propia en manos de ese monstruo?

—Te lo dije una vez y vuelvo a repetirlo. Estoy dispuesto a todo por salvar a mi hermana, y tú más que nadie deberías entenderlo. ¿Qué harías si estuvieses en mi lugar? —Veo cómo su garganta se mueve al tragar saliva con fuerza y aparta la vista—. No dejes de mirarme, Row.

Inspira hondo por la nariz y regresa su mirada a la mía.

—Lo entiendo, y sí, tienes razón, yo nunca negociaría con la vida de alguien a quien amo.

Asiento y echo un vistazo a mi reloj de pulsera.

—Mierda, odio decir esto, pero si no me voy ya llegaré tarde. ¿Quieres esperarme aquí y cuando vuelva hablamos? Tenemos muchas cosas que resolver.

—No, yo también debo irme. Mis hermanas me están esperando.

Me acerco más a ella y enmarco su rostro con ambas manos.

—Haremos que funcione. Me da igual cómo, pero lo conseguiremos.

Asiente con la cabeza, y esta vez, cuando la beso, no se aparta.

Me quedo unos segundos saboreando sus labios y sintiendo cómo se amoldan a los míos.

Cuando me retiro, ella da media vuelta y empieza a caminar en dirección a la salida.

Llama el ascensor, y solo cuando está a punto de entrar, se gira a medias y me mira por encima del hombro.

—Te quiero, Tom —susurra.

Sonrío de oreja a oreja.

¡A la mierda sus mentiras, la traición, que intentara matarme…!

Ya la he perdonado. Ahora solo quiero mantenerla a mi lado como sea.

—Y yo a ti. Nos vemos pronto.

No responde, solo se mete en el ascensor y, tras girarse, alcanzo a verla de manera fugaz mientras las puertas se cierran con lentitud.

Su mirada se clava en la mía y noto como si me faltara el aire. Tengo un mal presentimiento.

¿Qué acaba de ocurrir aquí?

Row

Salgo del ascensor intentando contener las lágrimas. No me molesto en responder al saludo del portero cuando atravieso el vestíbulo a toda prisa, y una vez en el exterior, no tardo en localizar a Nao junto a su motocicleta. Casi corro hasta llegar a su lado.

—¿Qué ha pasado? ¿Lo has encontrado en casa? —pregunta.

Cojo el casco que está en el manillar y asiento con la cabeza.

—Lo sabe y no le importa. No va a arriesgar la vida de su hermana por nada.

—¡¿Qué?! ¡Maldita sea! Es la vida de un bebé la que está en juego. ¿De verdad cree que vamos a entregárselo a Madre sin pelear?

—Eso ya no importa. Hagamos las maletas y larguémonos de aquí cuanto antes.

Me pongo el casco y subo a la moto de un salto.

Nao echa la vista hacia atrás y me observa durante unos segundos.

—¿Tú estás bien? Si quieres, puedo subir ahí arriba y acabar con ese hijo de puta. Puede que sea inmune a nuestras habilidades, pero una puñalada en la carótida hace el mismo trabajo.

Niego con la cabeza y noto cómo una lágrima solitaria se desliza por mi mejilla.

—No. Entiendo que luche por salvar a su hermana, pero yo debo hacer lo mismo por la mía y por su bebé.

Esto… —Tomo una respiración profunda y más lágrimas se precipitan desde mis ojos—.

Desde el principio no tenía que ser. Nunca tuvimos futuro y al fin lo he entendido. Arranca. Ya no hay nada que hacer aquí.

Nao asiente y pone el motor en marcha.

Me aferro a su cintura y vuelvo a mirar una vez más en dirección al imponente edificio en el que vive el único hombre al que he amado en toda mi vida.

«Espero de todo corazón que puedas salvar a tu hermana, Tom. Yo haré todo lo que esté en mis manos para proteger a la mía».