Mañana (Arpías 3) Capítulo 45
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Capítulo 45

Jesse

«E sto parece un puto drama shakesperiano», pienso mientras me paso la mano por la mandíbula, nervioso.

Miro a mis acompañantes; por la rigidez de su cuerpo, no están menos nerviosos que yo.

Preston, el cabrón del poli, un tipo al que al final le he cogido aprecio, tiene cara de estar calculando cómo sostener a su hipotético bebé con una pierna rota y la clavícula triturada.

Pobre hombre, se cree que va Nao va a salir del baño con la criatura en brazos.

No obstante, mi atención se centra, sobre todo, en Thomas.

Por extraño que parezca, es el que más entero parece de los tres. Está tan colgado de la loca de Row que da la impresión de que no le desagrada la idea de un bebé de ellos dos.

Entiendo a Thomas mucho más de lo que me gustaría.

Yo también haría cualquier cosa por recuperar a Terry.

Y sigo jugándome el cuello únicamente por vengar su muerte.

Eso no quita que tenga ganas de asesinarlo; de alguna forma, él fue culpable de la muerte de Terry.

Sin embargo, me reconforta saber lo jodido que está teniendo que elegir.

Despertarte cada mañana sabiendo que solo puedes salvar a una de las dos.

Que elegir a tu hermana significa traicionar a la mujer que amas.

Y que elegir a la mujer que amas significa condenar a tu hermana.

Es una elección imposible. Porque, elijas lo que elijas, perderás una parte de ti. Ese es peor castigo que matarlo y, de momento, a mí me vale.

—Están tardando demasiado —comenta Preston, removiéndose en el sitio.

—Son cuatro mujeres encerradas en un cuarto de baño minúsculo. Démosles tiempo.

No sé por qué sueno tan sereno.

La realidad es que me apetece aporrear la puerta para que salgan de una maldita vez y que acaben con la incertidumbre. Si no lo hago es porque aprecio mi vida.

En cuanto he escuchado lo que le ha preguntado Kendall a Madre referido a los resultados de las analíticas, me han comenzado a temblar las piernas.

Todo aquel que tenga unos conocimientos mínimos en medicina sabe que la beta-hCG es la hormona del embarazo.

Madre es una zorra vieja y ha minimizado los resultados antes de descubrir cuál de ellas la tiene alta. Por lo que no me ha quedado más remedio, una vez que he salido de hematología, que dirigirme a la zona farmacéutica y sustraer cuatro pruebas de embarazo.

Al escuchar un ruido, los tres nos enderezamos más si cabe.

Da la impresión de que las chicas están más enteras que nosotros cuando salen del baño.

Miro las pruebas sobre la mesa como si fueran bombas a punto de explotar.

—En el prospecto pone que hay que esperar cinco minutos —informa Day.

Haría alguna broma de que no hace falta leer las instrucciones para saberlo. Pero mantengo silencio.

Tenemos trescientos segundos para recorrer el infierno de la incertidumbre.

Nadie habla. Tampoco sabríamos qué decir. No creo que comentar cualquier tema banal en un momento como este sea adecuado.

—El mes pasado tuve la menstruación —murmura Day a mi lado, sin apartar la vista de las pruebas sobre la mesa.

Lo dice tan bajito que apenas la oigo.

Giro la cabeza, confundido. Cuando ella me devuelve la mirada y veo el tormento en sus ojos, maldigo en mi interior.

«Joder…».

Quiere dejarme claro que no sería de Terry, sino mío.

Me acerco a ella y le paso un brazo por la cintura, atrayéndola más a mí.

Deposito un beso en su sien y susurro:

—Si él fuese el padre, para mí hubiera seguido siendo una bendición.

Ella suelta un jadeo y esconde su cara en mi cuello.

Lo digo en serio. Si resulta que es Day la que está embarazada y, por casualidad, en vez de concebirlo conmigo hubiese sido con Terry, no me importaría. El universo se habría encargado de dejarnos un pedacito de él.

Pero eso es imposible, ya que los tiempos no coinciden.

—Ya no aguanto más.

Nao se estira y recoge su prueba.

—Una raya es negativo, ¿verdad? —cuestiona Preston, asomándose por encima de su hombro.

—Minipunto para el poli.

—Oh, qué pena…

—No me jodas que te habías hecho ilusiones.

—Estaba pensando en comprar un pijamita de una rana.

No sé qué broma interna tendrán entre ellos, pero Nao le atiza sonriente y luego lo besa. Deben de echar unos polvos increíblemente dolorosos…

—Entonces, ¿ya es fiable? —pregunta Row.

—Supongo que sí —le responde Day.

Y ambas se acercan para comprobar sus pruebas.

—Una raya —dicen ambas a la vez.

Todos giramos la cabeza hacia Neva, que permanece sin inmutarse en su puf.

—¿Neva? —pregunta Nao intrigada.

Ella suspira, y cuando vuelve a recostarse en su asiento, suelta:

—Misterio resuelto.

Gira la prueba y no hay margen de error, ahí están las dos rayitas rosas.

«Hostia puta…».

Day, Nao y Row contienen el aliento. Y las entiendo, porque yo estoy igual.

Es muy injusto que esto suceda cuando Neva borró de la memoria de Evan todo rastro de su relación.

Veo a Row acompañar a Thomas hasta el montacargas. Les echo un vistazo y solo atino a escuchar que después de la gala hablarán. Ahora Neva la necesita.

Aparto la mirada cuando los veo despedirse con un sentido beso.

—Neva…

Day se acerca a ella.

—Estoy bien. En serio.

Pero la tristeza que se escucha en esas palabras no acompaña. Y menos cuando veo que, instintivamente, apoya una mano en su vientre, como si con solo ver el resultado ya sintiese la vida que crece dentro de ella.

De repente, Day comienza a gritar y se lleva las manos a la cabeza.

En un par de pasos estoy junto a ella.

—¿Qué pas…?

Ni siquiera termino la frase cuando escucho un fuerte ruido a mi espalda unido a un improperio.

—¡Joder…!

—¡Row! —vocifera Nao asustada.

Veo cómo Nao corre al encuentro de Row, que no deja de golpear la pared con su puño. Y no me cabe duda de que ya estará lesionada.

«¿Qué demonios está pasando?».

—¡Haz que pare! —me suplica Day—. Row… ¡Dios Mío!

—¡¿Qué cojones pasa?! —pregunta Preston, incorporándose de golpe y acercándose a Nao y Row lo más rápido que puede.

—¡Preston! ¡Tu pierna!

Neva lo socorre rápido para impedir que el poli se haga daño con su instinto de superhéroe.

¿Qué puta locura es esta?

—¡Para, Row, joder! —exclama Nao, intentando detenerla, pero Row es mucho más corpulenta que ella y sigue destrozando sus puños contra los ladrillos. Nao está recibiendo igual que la pared.

—¡Hija de puta! ¡Madre es una maldita hija de puta!

Nao solo consigue que Row deje de lastimarse a base de colocarse entre ella y el muro. Ni siquiera protesta cuando la empuja con una rabia y sufrimiento que nunca he visto en ella. Pero Nao, como si le gustase el dolor, vuelve a lanzarse sobre ella antes de que siga atacando el mobiliario.

—¡Cálmate, Row, vamos! —Se agarra a ella como un mono araña y le hace una llave para tirarla al suelo, quedándose las dos enredadas.

—¡No quiero parar! —grita Row, forcejeando—. Porque si paro… —Se le corta la voz—. Si paro… —Todos somos testigos de cómo la tristeza la inunda de una forma horrible, desmontando sus férreas defensas.

De pronto, Day me agarra con fuerza del antebrazo con los ojos saltones.

—No, no, no… —musita Day con la cara totalmente descompuesta—. No dejéis que se hunda. No…

Row sigue engancha a Nao, pero ha dejado de luchar.

—Está sufriendo mucho —dice Day a duras penas—. Haz que pare —pide casi sollozante.

Me pongo de pie más rápido que en toda mi vida.

—¡Row! —la llamo gritando—. ¡Rowan, basta, mírame! ¡Ódiame a mí! ¡Dinos qué pasa! ¡¿Por qué estás rabiosa?! ¡Vuelve al enfado, vamos! Madre es una hija de puta, no puedo estar más de acuerdo. Mató a mi hermano. Y ahora cuéntanos qué te ha hecho a ti.

Por difícil que parezca, mi idea funciona.

Row parece escucharme y me mira con un agradecimiento que jamás me ha otorgado.

Nao la suelta y deja que se incorpore. Las dos se quedan sentadas en el suelo.

Veo que Row mira a Neva, que sigue con la mano posada en su vientre, y su entrecejo vuelve a fruncirse.

—Tom me ha dicho hace un rato que estaba muy feliz porque Madre había encontrado una cura para su hermana…

Todos ponemos cara de sorpresa.

¿Qué tiene eso que ver con su furia?

—¿Y qué? —pregunto directo.

Row reúne valor para volver a hablar.

—Que creo que la cura es el bebé de Neva.

Se hace un silencio horrible, asimilando lo que eso significa.

Neva se pone en pie de inmediato.

—¡No! ¡Ni hablar! —explota—. No pienso dejar que esa zorra le ponga las manos encima a mi bebé.

Por la mala cara del resto de las chicas, sé que secundan sus palabras.

Maldita Agatha Walsh. ¡Puta científica loca!

Me acerco hasta Neva y ella da instintivamente un paso hacia atrás. Y en ese simple gesto ya demuestra que será una gran madre.

—Escúchame, Arcoíris. Nadie va a tocarte a ti o a tu bebé. —Miro a Preston, que tiene la misma mirada sanguinaria que el resto—. ¿Tienes contactos de confianza en la policía?

—Sí. Tengo a Frank Sullivan. Es de fiar.

No tengo ni puta idea de quién es, pero si Preston se fía del él, me vale.

—Pasamos al plan Terry —suelto de golpe.

Day se cruza con mi mirada.

—¿En qué consiste ese plan?

—En huir —declaro—. Pero en cuanto desaparezcamos, pasaremos a ser enemigos principales de todo lo que incluya a GenoLabs. ¿Estáis bien con eso?

Una a una centran su mirada en Neva. Y no hace falta que respondan para saber lo que han decidido. Solo asienten.

Sin tiempo que perder, Preston, a pesar de sus lesiones, coge los mandos de la situación.

Hace una llamada y nos adjudican nuevas identidades en tiempo récord. Las chicas se dispersan, dirigiéndose a sus apartamentos para hacer un equipaje ligero con lo más necesario.

Yo hago lo mismo. Cojo la bolsa de mano que desde hace ocho años tengo preparada y dejo el teléfono móvil, lo único con lo que me pueden rastrear y me vincula a Madre, encima de mi cama.

Siempre supe que, si Agatha Walsh me descubría, tendría que huir antes de que ordenara que me matasen. Nunca imaginé que yo mismo me delataría, huyendo de la noche a la mañana.

Pero no me importa no haberla desenmascarado aún. Nuestra máxima prioridad ahora es esconder el bebé de Neva.

Esto no es una derrota. Ella no ha ganado.

Le hice una promesa a mi hermano. Y no me rendiré hasta que la haya llevado a cabo.