Mañana (Arpías 3) Capítulo 44
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Capítulo 44

Row

D esde que Neva le borró todo a Evan está insoportable. No consigo imaginar lo mucho que lo echa de menos. Estoy empezando a pensar que la decisión que tomó para protegerlo fue un error.

Sigue en fase de negación y ha amenazado con tirar toda mi ropa si no la lavo y la guardo en el vestidor, por lo tanto, no me ha quedado otra que ponerme a hacer limpieza en el apartamento.

Tampoco es que tenga nada mejor que hacer.

Desde que les conté a los demás que Madre y el senador McCain son pareja, Nao y Preston se han puesto a trabajar en ello como locos.

El poli cree que todos o gran parte de los asesinatos que nos encargaban eran para beneficiar al senador en su campaña política a la presidencia.

Vaya mierda.

Nosotras pensábamos que estábamos sacando a violadores, pedófilos y maltratadores de las calles cuando, en realidad, allanábamos el camino para que un hijo de puta se hiciese con el puesto de más poder a nivel mundial.

Day y Jesse también están ocupados manteniendo su tapadera en GenoLabs. Madre los tiene trabajando en un suero para combatir la enfermedad de la hermana de Tom, aunque se supone que ellos no conocen esa información.

Por lo tanto, eso me deja con demasiado tiempo libre después del trabajo, aguantando las majaderías de Neva y su no depresión por la ruptura con Evan.

Resoplo con fuerza y dejo el cesto de ropa limpia sobre la cama.

Odio las labores de limpieza, pero al menos me mantengo ocupada y evito pensar en Tom y lo mucho que lo extraño.

Ya casi he terminado de doblar la gran mayoría de ropa que hay en el cesto cuando escucho cómo la puerta de mi apartamento se abre.

—Estoy limpiando, Neva, no es necesario que vengas a amenazarme de nuevo.

—Tengo la sensación de que a tu hermana le gusta mucho amenazar.

Al escuchar la voz de Tom a mi espalda, me giro a toda prisa y abro mucho los ojos.

—¡¿Qué haces tú aquí?! —exclamo, sorprendida.

Él frunce el ceño y cruza los pocos pasos que nos separan hasta llegar a mi lado.

—Esperaba un recibimiento un poco más agradable que ese, Desconocida.

Se me escapa una sonrisa y niego con la cabeza.

—Creí que no volvería a verte. ¿Cómo has entrado en el edificio?

—Jesse me ha dejado pasar. Por cierto, dice que quiere verte con urgencia en la planta común.

Pongo los ojos en blanco y hago una mueca.

—Para él, todo es urgente siempre. —Tom rodea mi cintura con el brazo y me atrae hacia su cuerpo—. No me has dicho qué haces aquí.

—Traigo noticias.

—¿Buenas o malas?

Baja la cabeza, y tras hundir el rostro en el hueco de mi cuello, inspira hondo por la nariz.

Un cosquilleo agradable recorre mi columna al sentir su aliento contra mi piel.

—Buenas, muy buenas —susurra antes de arañarme con los dientes.

—Dime que no has venido hasta aquí solo para echar un polvo.

Lo noto reír contra mi cuello, y tras mordisquearlo unos segundos, alza la cabeza y me mira a los ojos.

—No era mi intención, pero cada vez que te tengo cerca pierdo la cabeza.

Muy a desgana, lo empujo despacio por el pecho y logro apartarlo unos centímetros.

No puedo pensar con claridad cuando me toca.

—No puedes hacer esto, Tom. Si Madre se entera de que entras y sales del complejo cuando te da la gana…

—Tranquila. Nadie me ha visto, te lo aseguro. Además, muy pronto todo eso ya no importará.

—¿A qué te refieres? —inquiero, frunciendo el ceño.

Tom inspira hondo por la nariz y me mira con los ojos brillando de emoción contenida.

—Walsh lo ha logrado. Tiene la cura para mi hermana.

Abro mucho los ojos y no puedo evitar sonreír de oreja a oreja.

—¡¿Lo dices en serio?! —Asiente y él también sonríe—. ¡Eso es genial! ¡¿Cómo lo ha conseguido?! Jesse y Day no saben nada.

—No lo sé. Me llamó hace un rato para contarme la buena noticia. Dice que en unos nueve o diez meses la cura estará lista para ser suministrada a Melissa. Va a vivir.

Llevada por un impulso, rodeo su cuello con los brazos y lo abrazo con fuerza. Me alegra muchísimo que su hermana vaya a salvarse. Ella y Tom se lo merecen.

—¡Maldita sea, Row! —Me aparto de Tom a toda prisa y miro en dirección a la puerta. Jesse está ahí y parece cabreado—. ¡Comprueba tu maldito teléfono!

—¡Oye, Lameculos…!

—Ahora no —me corta adusto—. Sube a la planta común. Te estamos esperando.

—¿Tiene que ser ya mismo?

—No estaría aquí si no fuese algo serio.

Bufo con fuerza y miro a Tom.

—Ignóralo. Lo más seguro es que mi hermana no lo satisfaga sexualmente y lo paga con el resto de la humanidad. ¿Me esperas aquí? No tardaré.

—Aunque no sea asunto tuyo, mis necesidades están completamente cubiertas —replica Jesse antes de que Tom pueda responder—. Ven tú también. Si estoy en lo cierto, esto te incumbe tanto como a nosotros —le dice a Tom.

Thomas

Resulta divertido presenciar cómo Row y Jesse discuten durante el trayecto en el montacargas hasta llegar a lo que ellos llaman la planta común. Me recuerdan un poco a Mel y a mí. Cuando éramos niños, siempre peleábamos por todo.

En cuanto salimos del aparato, Jesse se adelanta, dejándonos a Row y a mí más rezagados.

—Te juro que, si Day no me odiara después, lo besaría y esperaría cada segundo de las veinticuatro horas que le resta de vida solo para tener el placer de ver cómo cierra para siempre esa jodida bocaza —sisea en voz baja.

—Si lo besaras, no tendrías que esperar tanto. Yo mismo le metería una bala en la cabeza —gruño.

Row sonríe y arquea una ceja con diversión.

—¿Vas a batirte en duelo por mi honor, Hutcher? Qué romántico.

Respondería a su provocación si no estuviese tan ocupado fijándome en el enorme tobogán que sobresale de una de las paredes de la sala de estar.

La primera vez que estuve aquí, dirigí toda mi atención a la mujer que se empeñó en ignorarme y no me había dado cuenta.

—La decoración de este lugar es, como poco, curiosa —comento.

—¿Lo dices por el tobogán?

—Entre otras cosas. —Señalo una silla eléctrica antigua que hay frente a los sofás—. ¿Qué demonios es eso?

—El asiento de Jesse. —Señala con el dedo el sofá blanco impoluto donde Nao y el policía están sentados—.

Ese es el de Nao. El que parece sacado de una tienda de muebles de diseño el de Day, el de Neva es el puf de colores que está junto al tobogán.

—Pestañeo rápido—. Mejor no preguntes. Neva y sus excentricidades nos vuelven locos a todos.

—Supongo, entonces, que ese sofá que parece haber salido de un vertedero es el tuyo, ¿cierto?

—¡Oye! No hables así de mi bebé. Podrías herir sus sentimientos.

Me río sin poder evitarlo y Row entrelaza sus dedos con los míos. La miro a los ojos. Nunca antes he caminado de la mano con una mujer, pero ahora mismo estoy disfrutando este momento de una forma que jamás creí posible.

—¡¿Vais a acercaros de una maldita vez?! —exclama Jesse impaciente.

Row vuelve a resoplar e intenta soltarme la mano para ir hacia ellos, pero no se lo permito. Nos movemos cogidos de las manos bajo la atenta mirada de todos.

—¿Se puede saber a qué viene todo este escándalo? —inquiere Row tras un momento en el que sé que estaba sintiéndose incómoda por el escrutinio de su familia.

Jesse toma una respiración profunda, saca cuatro cajas rectangulares de una bolsa de papel y las deja en fila sobre la mesa baja que hay en el centro de la estancia.

Day es la primera en darse cuenta de lo que contienen las cajas.

—¡¿Pruebas de embarazo?! ¡Jesse, ¿te has vuelto loco?!

—No. Créeme. Esto es más que necesario.

—¿El qué exactamente? —pregunta Nao.

—Vosotras cuatro —señala a las chicas una por una— vais a haceros esas pruebas porque estoy seguro de que una de vosotras está embarazada.

Noto cómo la mano de Row se tensa y giro la cabeza en su dirección.

¿Embarazada? ¿Es posible que…? Ella me aseguró que toma anticonceptivos. Espera…

—¿Estás…? —susurro con la boca pegada a su oído.

—¡No!

—¿Segura?

Se queda callada unos segundos y yo contengo el aliento.

¡Santo Dios! ¿Y si es cierto?

La imagen de un bebé de ojos azules y pelo oscuro ondulado se cuela en mi mente y por un instante me siento… ¿Ilusionado?

¡Joder! No es posible. Yo no quiero tener un hijo, ¿o sí? Ya no lo tengo claro.

—Sí, Tom. Estoy segurísima. —Me suelta la mano y se gira hacia Jesse—. ¿Se puede saber a qué viene toda esta locura? ¿Qué te hace pensar que una de nosotras está embarazada?

—No lo pienso, es un hecho. Lo que no sé es cuál. Así que coged las dichosas pruebas y salgamos de dudas.

—Por fin ha pasado, Jesse, has perdido la jodida cabeza —masculla Nao, poniéndose en pie.

Agarra una de las cajas y se marcha de la sala de estar.

Me fijo en la expresión del policía. Preston creo que se llama. El pobre hombre ha palidecido de golpe, como si estuviese a punto de desmayarse.

—Acabemos con esta tontería —dice Row, y ella también agarra una caja antes de irse.

Neva es la siguiente y Day le lanza una mirada heladora a Jesse antes de imitarlas.

—Tú y yo vamos a hablar muy seriamente —le advierte antes de abandonar la estancia.

En cuanto nos quedamos los tres solos, nos miramos sin saber muy bien qué decir. Es posible que uno de nosotros esté a punto de convertirse en padre y, por más que me cueste entenderlo, creo que deseo ser yo.

—Vale, esto está siendo un poco más violento de lo que había imaginado —comenta Jesse mientras camina de un lado a otro con nerviosismo.

—¿Tú crees? —mascullo en tono irónico.

Me aflojo el nudo de la corbata y trago saliva con fuerza.

¿Por qué, de pronto, parece como si alguien hubiese incendiado la habitación de al lado? Me estoy muriendo de calor.

—No sé si es por la medicación, pero se me está revolviendo el estómago —dice Preston.

—Ni se te ocurra vomitar en el sofá de Nao. Te mataría —advierte Jesse.

Preston respira hondo por la nariz y alza una mano para indicarnos que ya se encuentra un poco mejor. Pasan apenas unos minutos, que se hacen eternos, cuando las chicas regresan.

Una a una, dejan las pruebas de embarazo sobre la mesa.

Nao vuelve al lado de Preston, Neva se acurruca en su enorme puf de colores, Day se queda de pie, echando pequeños vistazos de reojo en dirección a la mesa, y Row me mira a mí.

Aunque me ha asegurado que no está embarazada, por su expresión juraría que está aterrada.

Me acerco a ella y rodeo sus hombros con un brazo para atraerla a mi costado. Beso la parte alta de su cabeza e inspiro hondo.

Espero que sepa que, sea cual sea el resultado, yo estaré a su lado.

No hay nada en este mundo que pueda apartarme de ella.