Capítulo 43
Thomas
H ace más de una semana que no veo a Row y ni siquiera yo me creo lo mucho que la echo de menos.
¿Cómo es posible? Nos conocimos hace muy poco tiempo, pero parece que ha pasado una eternidad desde la primera vez que la vi.
Por suerte, no he tenido tiempo para plantearme la posibilidad de ir a buscarla. Sé que no debo hacerlo, lo mejor es mantener las distancias y, en parte, agradezco que Walsh me mantenga ocupado, haciéndome pruebas y análisis constantemente.
Está casi segura de que logrará crear un suero que aumentará las posibilidades de supervivencia de Melissa.
Solo espero que sea verdad porque nos estamos quedando sin tiempo.
Como cada noche, cuando llego a casa, paso a verla a su dormitorio.
Acostumbro a quedarme un rato a su lado, observándola mientras duerme, contando cada una de sus respiraciones y rezando para que no sea la última.
Sin embargo, hoy, al entrar en su cuarto, la encuentro despierta, sentada en la cama con un libro entre las manos.
—¿Se puede saber por qué no estás dormida ya? —pregunto.
Melissa se sobresalta un instante y después me lanza una mirada heladora que me recuerda demasiado a la persona que era antes de que esta maldita enfermedad le arrebatara las ganas de vivir.
—Te esperaba —dice, y tras cerrar el libro, lo deja a un lado.
—¿Qué ocurre? —inquiero, caminando hacia la cama.
—Eso mismo me pregunto yo. —Hace un gesto con la barbilla para que tome asiento en el sillón; en cuanto me he acomodado, toma una respiración profunda y clava su mirada en la mía—. ¿Qué está pasando, Tom?
—No sé a qué te refieres.
—Deja de tratarme como a una niña idiota. Sé que te pasa algo. Lo noto en el ambiente enrarecido que hay a tu alrededor. ¿Tiene que ver con Row?
Exhalo con fuerza y me cubro el rostro con las manos.
No he querido contarle nada. En parte porque temo que me juzgue por poner su salud por encima de mis propios principios.
¿A quién quiero engañar?
No es solo un temor, sé que lo hará y no quiero enfrentarme a ello.
—Solo necesitas saber que estoy haciendo todo lo posible para salvarte. Esa es mi única prioridad.
—No has respondido a mi pregunta —replica.
Bufo de nuevo y busco su mirada.
—No me obligues a decírtelo. Sé que no lo aprobarás y odiaría tener que discutir contigo por esto. Ahora mismo te necesito de mi parte, Mel.
Tras unos segundos de silencio, me coge la mano y vuelve a mirarme a los ojos.
—Puedo ver la enorme carga que llevas a tus espaldas, hermano.
Puede que esté obligada a permanecer en esta cama porque mi cuerpo está dejando de funcionar, pero mi mente sigue siendo la misma.
Comparte esa carga conmigo. Déjame ayudarte, aunque sea solo para que no siga sintiendo que mi existencia solo sirve para joderte la vida.
—No vuelvas a decir eso —siseo entre dientes.
—Está bien, entonces, cuéntamelo. No te juzgaré.
—¿Lo prometes? —Asiente con la cabeza y yo frunzo el ceño—. Di que lo prometes.
Respira hondo y pone los ojos en blanco.
—Lo prometo. Suéltalo de una maldita vez.
Durante un buen rato trato de explicarle todo lo que ha pasado en los últimos días, desde que descubrí que Row y sus hermanas son, en realidad, un experimento de Walsh.
Se lo cuento todo: lo de sus habilidades, que trabajan como asesinas por encargo, mi conversación con su doctora, la implicación de nuestro padre en el proyecto… Por último, lo que pasó hace más de una semana en el complejo de apartamentos donde vive Row.
Cuando termino, Mel se me queda mirando con gesto serio. No ha dicho una sola palabra desde que empecé a hablar.
—¿No vas a decir nada? —pregunto con nerviosismo.
—Júrame que todo lo que acabas de decir no forma parte de un guion para una película de ciencia ficción —susurra.
Esbozo una sonrisa triste y niego con la cabeza.
—Me gustaría que fuese así, pero es real.
—¿Row puede matar con un beso? —Asiento con la cabeza—. Pero a ti no porque eres inmune. —Vuelvo a asentir.
—Sé que es difícil de entender. Créeme, yo pensé que me estaba volviendo loco por plantearme siquiera la posibilidad de que algo así pudiese ser real, pero todo está en los documentos de papá y Walsh me lo ha confirmado.
—Walsh… —susurra—. Esa mujer es un monstruo. ¿Cómo puedes seguir ayudándola?
—Prometiste que no me juzgarías.
—Sí, pero no dije nada sobre lanzarte un libro a la cabeza —gruñe, e intenta tirarme el libro, pero tiene tan poca fuerza que este aterriza en mi regazo—. ¡Maldita sea! Ni siquiera puedo golpearte —se queja.
—Mel, la única forma de salvarte es seguir con la investigación.
—¡Pues no me salves! Yo ya estoy muerta, Tom. Solo tú no te has dado cuenta de ello.
—¡No digas eso! —exclamo, y me pongo en pie, exhalando con fuerza.
—¿No ves lo que estás haciendo al ayudarla? Todo el sufrimiento de esas chicas, las muertes que se podrían haber evitado… ¡Está jugando a ser Dios!
—¡Me da igual! Mientras pueda salvarte la vida, aceptaré lo que sea.
—¡No, joder! ¡No puedes cargar eso en mi conciencia! Incluso si consigues curarme, ¿crees que voy a poder vivir sabiendo que he provocado que mi hermano mayor entregue su alma al mismísimo diablo?
—Eso no es decisión tuya, Mel.
—Pues debería serla. —Me acerco más a ella y acaricio su mejilla con suavidad—. No hagas eso. No intentes ablandarme. Te estás destruyendo para salvarme a mí.
—Tampoco es para tanto.
—¿No? ¿Vas a decirme que no sufres por darle la espalda a Row? —Aparto la mirada—. Deberías estar con ella, hermano. Ayudándola a librarse de esa mujer. Deja de pensar en mí por una vez y haz lo correcto.
Niego con la cabeza.
Nada de lo que diga va a hacer que cambie de parecer. La salvaré a ella y después intentaré destruir a Walsh y recuperar a Row. Ese es el plan y pienso seguirlo.
Mel va a decir algo más justo cuando el teléfono empieza a vibrar en el interior de mi bolsillo. Alzo una mano para hacerla callar y me gano un insulto y un resoplido.
Al mirar la pantalla, compruebo que es Walsh la que me está llamando.
—¿Qué ocurre ahora? —gruño sin ni siquiera molestarme en saludar.
Que me vea obligado a trabajar con ella no significa que me guste hacerlo, y mucho menos que vaya a tratarla como ella cree que se merece. Mi hermana tiene razón, es un monstruo y haré lo posible para acabar con ella en cuanto haya conseguido una cura.
—Thomas, tengo buenas noticias.
Me alejo un poco de la cama de Mel y dirijo toda mi atención a su voz al otro lado de la línea.
—¿Qué noticias?
—He logrado encontrar una cura. —Mi corazón se detiene un segundo y vuelve a latir—. Va a llevar un poco de tiempo, pero estoy segura de que funcionará.
—¿Cuánto tiempo?
—Nueve meses, tal vez diez, o puede que un poco más.
—Walsh, mi hermana no tiene tanto tiempo —mascullo para que solo ella pueda oírme.
—Por eso no te preocupes. Los resultados de tus pruebas son muy alentadores.
Ya estamos trabajando en un suero que contrarreste los síntomas de la enfermedad de tu hermana.
Es cuestión de días, como mucho una semana, que podamos empezar a suministrárselo.
Con eso tendremos suficiente tiempo para sintetizar la cura. Melissa va a vivir.
Cierro los ojos con fuerza y asiento. Llevo muchos años esperando este momento.
—¿Qué necesitas? —pregunto con la voz ronca por la emoción.
—Que sigas viniendo a que te extraigamos sangre de manera regular. También es posible que tengamos que haceros una extracción de médula ósea para asegurarnos de que el suero es efectivo.
—No hay problema. ¿Algo más?
—Sí. Para la cura necesitaré maquinaría nueva y muy costosa. Además, debo contratar a varios expertos en…
—Tendrás todo el dinero que quieras, pero hazlo cuanto antes —la corto, y cuelgo la llamada sin despedirme.
En cuanto me giro hacia Mel, ella frunce el ceño.
Sé que está viendo la emoción en mis ojos. Casi no puedo hablar.
—¿Qué ocurre?
Me acerco más a ella y le sujeto la mano.
—Walsh ha encontrado una cura. Vas a salvarte, Mel.
Cierra los ojos, respira hondo y, cuando vuelve a abrirlos, esboza un amago de sonrisa que no termina de ser genuina.
—Bien. Ya tienes lo que buscabas. Ahora ve a buscar a Row.
—¿Qué? ¿No te alegras?
—Claro que me alegro, hermano. Voy a vivir, pero necesito que hagas esto por mí. Ve a por Row, no dejes que se te escape. Dile que muy pronto volveréis a estar juntos y la ayudarás a destruir a Walsh.
Lo pienso un instante. Es muy pronto para eso. Tal vez debería esperar a que la cura sea una realidad, sin embargo…
¡Joder, me muero de ganas de compartir esta buena noticia con ella!
—Voy a buscarla —susurro, sonriendo.
—Eso es. Vete. ¡Ahora!
Beso la frente de mi hermana y, sin poder dejar de sonreír, salgo de su dormitorio casi a la carrera.
No pienso esperar ni un segundo más.