Capítulo 42
Madre
O bservo a Jesse a unos metros de distancia. Está hablando con Kendall, una de las científicas. Como siempre, sabe exactamente qué decir y hacer para tenerla comiendo de su mano.
Siempre me ha agradado esa faceta de él, sin embargo, algo ha cambiado. Porque ya no es el mismo de hace unas semanas. Desde que Terry murió, lo noto distinto, más ausente, y sé que me está ocultando información importante.
Cada vez que intento indagar en los motivos de su extraña conducta, usa esa personalidad encantadora que ahora mismo está desplegando con Kendall, pero en mi contra, y eso es algo que no puedo permitir.
Me acerco a ellos y carraspeo para hacerme notar.
La científica enseguida se endereza, pero Jesse no, él me mantiene la mirada y juraría que alcanzo a ver un atisbo de desafío en ella.
¿Eso es lo que quiere? ¿Cree que puede conmigo?
Pobre chico iluso… Yo le di la vida y puedo arrebatársela cuando quiera.
—¿Los controles mensuales de las chicas están correctos? —le pregunto a Kendall.
—Eh… Justo ahora iba a comprobarlos, doctora Walsh.
Hago un gesto con la mano para que se aparte y yo misma accedo al ordenador.
Tras una pesquisa rápida, compruebo que los parámetros de los análisis están todos correctos, a excepción de…
—¿Eso es la hormona beta-hCG? —escucho que pregunta Kendall.
Lo compruebo de nuevo. En la analítica de sangre que estoy revisando, los valores de la hormona gonadotropina coriónica humana, más conocida como beta-hCG, está muy por encima de lo normal, y eso solo puede significar una cosa.
Compruebo un par de parámetros más y me sorprendo con los resultados. Si esto es cierto, habré alcanzado el logro jamás visto en el mundo de la ciencia.
—¿Qué ocurre? —pregunta Jesse.
Me apresuro a dejar el monitor del ordenador en blanco y me giro hacia él. No necesita saberlo, aún no.
Lo miro directamente a los ojos.
—Quiero que vayas a buscar a las chicas y las traigas aquí para un control rutinario.
—¿Pasa algo?
—Jesse, deja de hacer preguntas y haz lo que te he ordenado. —Asiente, pero puedo notar que no está conforme—. También quiero que prepares una reunión con todos nuestros accionistas. Vamos a recibir una gran suma de dinero muy pronto.
—¿De dónde va a salir ese dinero?
—De Thomas Hutcher. En cuanto le cuente las buenas noticias, nos dará todo lo que le pidamos.
Jesse estrecha la mirada sobre mí, pero no hace más preguntas. Solo da media vuelta y sale del laboratorio.
En cuanto se marcha, vuelvo a acceder al ordenador y compruebo de nuevo la analítica.
—¿Es posible que la muestra se haya podido contaminar? —le pregunto a Kendall.
Ella enseguida niega con la cabeza.
—Por supuesto que no, doctora Walsh. Yo misma me encargo de las extracciones. Los valores son reales.
—Bien. —Cierro el programa y la miro—. De esto ni una palabra a nadie. Quiero que, en cuanto las chicas vengan, repitas las analíticas.
—¿A todas?
—Sí, a todas.
—Pero solo una…
—A todas, Kendall —la corto.
—Sí, doctora Walsh, por supuesto.
—¿El señor Hutcher está aquí?
—No, doctora. Se marchó esta mañana.
Asiento. Mis científicos han pasado los últimos días haciéndole pruebas y analíticas, y justo ahora que he encontrado algo importante, él no está.
Doy media vuelta y, mientras me dirijo a mi despacho, le echo un vistazo a mi reloj de pulsera. Lo veré en unas horas, pero lo que tengo que decirle no puede esperar. Tendré que llamarlo por teléfono ya mismo.
¿Quién me lo iba a decir?
Llevo media vida trabajando en algo que ni siquiera estaba en mis manos crear. La clave siempre fueron ellas, mis Arpías.
¿Cómo no lo había pensado antes?