Mañana (Arpías 3) Capítulo 38
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Capítulo 38

Thomas

S é que no debería estar aquí con ella, y tampoco tendría que disfrutar tanto con su sabor, con la forma en la que gime cada vez que enrosco mi lengua en la suya o clavo mis dedos en la piel de su cintura.

Todo esto está mal y tan jodidamente bien al mismo tiempo que ni siquiera intento entenderlo.

Solo la empujo con fuerza contra la puerta, aparto mi boca de la suya y empiezo a desnudarla.

Primero la camiseta desaparece con un par de tirones, después el sujetador. Cuando sus preciosas tetas salen a saludarme, les regalo un pequeño mordisco antes de apresurarme en quitarle los pantalones y las bragas.

Row tampoco se queda quieta.

Tras empujar mi chaqueta por los hombros, prácticamente me arranca la corbata, separa los dos lados de la camisa con un tirón brusco que hace que todos los botones salgan volando en distintas direcciones y después empieza a desabrocharme el cinturón.

Intento ayudarla quitándome los zapatos con las puntas de los pies, pero tras unos segundos batallando, es ella la que se agacha frente a mí, me los quita y aprovecha para desabrochar mis pantalones y arrastrarlos por mis piernas junto a la ropa interior.

Cuando creo que va a levantarse, me sorprende al alzar la mirada y esbozar una sonrisa maliciosa.

—¿Quién va a suplicar ahora, Hutcher? —susurra, agarrando mi erección en un puño.

Un gruñido ronco reverbera en mi garganta. La sujeto por el pelo y la obligo a mirarme.

—Creí haberte dicho que no volvieras a llamarme así —siseo entre dientes. Ella gime cuando vuelvo a darle un tirón en el pelo—. ¿Cómo me llamo, Row?

—Tom —susurra con los ojos brillando de puro deseo.

—Eso es. Ahora sé una buena chica y métete mi polla en la boca.

No espero a que sea ella quien lo haga. Yo mismo la agarro por la base y la introduzco entre sus labios.

En cuanto noto el calor y la humedad del interior de su boca, casi me corro. Logro contenerme justo a tiempo e inspiro hondo antes de empezar a bombear entre sus labios con suavidad.

Row se sujeta a mis muslos y aguanta cada una de mis embestidas profundas. Toco el fondo de su garganta, y después otra y otra vez más hasta que noto cómo se atraganta.

Me retiro solo unos centímetros y dejo que tome aire antes de volver a empezar.

Aprieto los dientes y acelero el ritmo. Entro y salgo de su boca cada vez más rápido y con más violencia. Ya casi vuelvo a estar al borde del orgasmo cuando me obligo a parar. La agarro por los brazos y tiro de ella para ponerla en pie.

Aún no se ha incorporado del todo cuando vuelvo a empujarla contra la puerta.

La beso con ferocidad al mismo tiempo que la insto a rodear sus piernas en mi cintura. Enseguida se da cuenta de cuál es mi intención. Con un pequeño salto se encarama a mí y la aplasto contra la puerta, sosteniendo todo su peso.

Row me empuja despacio para dejar de besarme y mi frente cae sobre la suya.

Siento cómo mi corazón retumba en el interior de mi pecho. Nuestras respiraciones aceleradas son el único sonido que se escucha en el apartamento.

Bajo la cabeza unos centímetros y muerdo uno de sus pezones con fuerza. Row gime en alto.

—Deja de jugar y fóllame —pide.

La miro, aún con su pezón entre los dientes, y no puedo evitar sonreír.

La muy perra sabía que iba a obligarla a suplicar y se ha adelantado.

Deslizo la lengua por su piel, desde el pecho hasta la barbilla pasando por el cuello.

Al llegar a su boca, muerdo su labio inferior y me aparto unos centímetros para mirarla a los ojos.

—No vas a dejar de mirarme ni un solo segundo. Te correrás solo cuando yo lo ordene, ¿entendido?

—¿Qué…? —Un gemido profundo sube por su garganta cuando me hundo en su interior sin previo aviso.

Row echa la cabeza hacia atrás y cierra los ojos.

—¡Eh! —grito para llamar su atención—. Tus ojos en mí o juro que me detendré ahora mismo y, aunque se me caigan las pelotas, me iré de aquí dejándote así.

—No serías capaz —susurra sin aliento.

Salgo de su interior tan rápido como entré e intento apartarme, pero ella me sujeta con fuerza, rodeando mi cuello con los brazos.

—¡Está bien, joder! Muévete.

Vuelvo a introducirme en su interior centímetro a centímetro y ella gime de nuevo.

—No dejes de mirarme —le advierto.

Asiente con la cabeza y empiezo a bombear dentro y fuera de ella.

La sujeto por los muslos, hundo mis dedos en su piel con tanta fuerza que estoy seguro de que voy a dejarle cardenales, pero Row no se queja, solo sigue gimiendo con cada una de mis embestidas sin apartar su mirada de la mía.

Enseguida noto cómo su coño se cierra alrededor de mi polla.

Casi puedo sentir el orgasmo formándose en su interior.

—Tom… —me advierte sin aliento.

Intento agarrarla con más fuerza. Ambos estamos sudados, nuestros cuerpos resbalan el uno contra el otro.

—Aguanta —gruño, y me clavo en su interior con más fuerza si es posible.

—¡No puedo! —grita.

—Puedes. —Me hundo hasta el fondo, con la mandíbula apretada y todo el cuerpo en tensión—. ¡Solo un poco más, joder!

Row grita. Puedo notar cómo está luchando contra su propio cuerpo. Ansía la liberación más que nada en este mundo, pero aún no estoy dispuesto a dársela.

—¡Tom, maldita sea!

Esta vez, más que una súplica, es un grito desesperado.

Su cuerpo tiembla y ella cierra los ojos un par de segundos, pero antes de que pueda advertirla, vuelve a abrirlos y se abalanza sobre mí.

Muerde mi cuello mientras se restriega contra mi cuerpo. Su coño se estrecha aún más. Sé que es ella la que lo está provocando. Pretende que yo esté tan desesperado por correrme como ella, y la cabrona lo está logrando.

Intento detenerla sujetando su cintura, pero en solo un par de segundos ya noto como no hay vuelta a atrás.

—¡Mírame, joder! —ordeno, y la empujo despacio para que apoye la espalda contra la puerta.

Sigo moviéndome dentro y fuera de ella, sin aliento, con las gotas de sudor recorriendo mi espalda y el corazón latiendo con tanta fuerza que amenaza con atravesarme el pecho.

—¡Tom! —grita Row, y sé que esta vez ninguno de los dos va a poder contenerse.

—¡Ahora! Córrete para mí. No te dejes nada.

Un grito ronco sale de su garganta, su cuerpo tiembla de forma brusca y la espalda se le arquea, pero sus ojos en ningún momento abandonan los míos.

Cuando yo me corro, profundamente enterrado en ella, también la estoy mirando y sé a ciencia cierta que no hay nada ni nadie en este mundo que pueda hacerme sentir lo mismo que Row.

¡Ella es única, joder!

Y no voy a poder conservarla.