Capítulo 36
Thomas
R egreso mi atención a Jesse, carraspeo y me ajusto los gemelos con parsimonia antes de continuar.
—Sí, perdón. Antes de nada, quiero daros las gracias por recibirme en vuestra casa.
Me fijo por primera vez en un tipo que no conozco, está tumbado sobre un sofá extremadamente blanco y lleva una pierna escayolada, un brazo inmovilizado y varios cardenales en el rostro. ¿Qué coño le ha pasado?
—Tranquilo, Preston es de los nuestros —dice Nao al darse cuenta de que lo estoy observando.
Asiento, e irremediablemente mi mirada regresa a Row. Sigue dándole pequeñas caladas a su cigarrillo sin levantar la vista de su regazo.
¿Por qué no me mira a mí?
—Mi visita será breve. Voy a empezar por disculparme por todo el daño que mi padre haya podido causaros.
Yo no tenía ni idea de lo que Walsh y él estaban haciendo.
Después de su fallecimiento, me propuse continuar con su tarea de buscar una cura para la enfermedad de mi hermana y he puesto todo mi esfuerzo y empeño en esa tarea hasta el día de hoy.
Tal vez penséis que soy una mala persona por poner a mi hermana por encima de tantas vidas destruidas, y, sinceramente, no os culpo por ello.
—¿Eso quiere decir que vas a seguir trabajando con Madre? —cuestiona Neva.
Asiento con la cabeza muy despacio.
—Mi prioridad sigue siendo salvar a Melissa.
Y Walsh es la única que puede ayudarme a lograrlo.
—Tomo una respiración profunda y me entretengo unos segundos en intentar descifrar sus expresiones.
No parecen cabreados y tampoco sorprendidos, al menos casi todos, porque Row ni siquiera reacciona.
Sigue mirando su regazo como si fuese lo más interesante del mundo—.
Odiadme si queréis, pero he venido aquí para dar la cara y manifestaros en persona mis intenciones.
Entiendo que vuestros intereses y los míos no pueden ser más opuestos.
—Nosotros solo queremos acabar con Madre y con todo lo que ella y sus socios han creado —dice Day.
—Lo entiendo, y me parece justo. Por eso he guardado silencio sobre vuestros planes. Por mí nunca sabrá que intentáis destruirla.
—Pero seguirás trabajando con ella —repite Neva.
—No tengo otra opción. Es posible que en algún momento la situación cambie. Si logro que mi hermana se salve, estaré en posición de ayudaros, sin embargo, ahora mismo mi única posibilidad de encontrar una cura pasa por seguir colaborando con Walsh.
—Quizá también puedas colaborar con nosotros —comenta el de la pierna escayolada—. Si tenemos a alguien dentro en quien Walsh confíe…
—Ella confía en mí —lo corta Jesse.
Preston hace una mueca.
—Sí, pero ¿durante cuánto tiempo más será así? Seamos realistas. Estamos llegando a un punto muerto en la investigación. Todo vuestro plan pasaba por dejar a GenoLabs sin fondos para continuar con el proyecto eliminando a su principal patrocinador. —Me mira a mí—. Sin ofender.
—No lo has hecho —mascullo.
He tenido una semana para pensar en ello y no los culpo por intentar matarme.
Bueno, puede que a Row un poco, pero no por el hecho en sí. Lo que de verdad me duele es que haya hecho que me enamore de ella. Es cruel y mezquino. Una bala en la cabeza, una puñalada en el estómago… Cualquier opción hubiese sido menos dolorosa que engañarme, mentirme y traicionarme.
—¿Lo que estás sugiriendo es que Thomas nos pase información desde dentro? —pregunta Nao.
—Sí, puede ser un agente doble.
Todos dirigen la mirada en mi dirección, a excepción de Row. Ella se mueve para apagar el cigarrillo en un cenicero y vuelve a la misma posición, con la cabeza gacha y los hombros caídos.
Exhalo con fuerza y niego con la cabeza.
—Lo siento, pero eso no va a ser posible.
No pondré en peligro la salvación de mi hermana para ayudaros.
Como he dicho, si en algún momento la situación cambia, tal vez podamos colaborar, no obstante, ahora mismo mi única prioridad es hacer todo lo que esté en mis manos para que Walsh encuentre una cura.
—Entonces, solo has venido aquí para informarnos de que vas a seguir ayudándola, aun sabiendo que lo que ella hace no está bien. —Asiento, aunque Day no lo ha preguntado. Era una afirmación.
Durante unos segundos nadie dice nada y, de pronto, Row se pone de pie.
—Si esto es todo, vuelvo a mi apartamento. —Empieza a caminar en dirección al montacargas. No me mira ni una sola vez—. La próxima vez que tengáis un comunicado similar, hacédmelo llegar por correo electrónico.
—¡Row, espera! —le grita Day, pero ella ya se ha metido en el montacargas y está tirando de la verja que hace a su vez de puerta.
El aparato empieza a descender con lentitud. No la pierdo de vista en ningún momento.
«Vamos, levanta la mirada», le suplico sin palabras.
Quiero que me mire al menos una vez antes de que se marche, pero no lo hace. Cuando dejo de verla, cierro los ojos con fuerza y exhalo todo el aire que estaba conteniendo.
No quiero que esto termine así. ¡Maldita sea! Lo que más deseo en el mundo es correr tras ella y obligarla a enfrentarme, sin embargo, sé que eso solo empeoraría las cosas.
Ya no es solo lo dolido que pueda estar por su engaño, ahora también nos hemos convertido en enemigos, dos soldados combatiendo en bandos rivales.
—Thomas, te agradezco tu sinceridad y, aunque no estoy de acuerdo con tu forma de actuar, respeto tus convicciones —interviene Jesse, acercándose más a mí—.
Esta es mi familia, y sí, a veces apenas soporto el mal carácter de Nao, las excentricidades de Neva me vuelven loco, Row y su impulsividad me hacen querer asesinarla cada pocos segundos, y por más que quiera a Day, es casi imposible que pasemos más de un día sin discutir, pero, aun así, haría cualquier cosa por ellas, hasta trabajar para el mismísimo diablo.
De hecho, lo hice durante años por alguien que ya no está.
—Me alegra que lo entiendas —digo, tendiéndole la mano.
Él me da un apretón contundente y enseguida me suelta. No creo que sea un mal tipo; a pesar de que haya irrumpido en mi casa para amenazarme con una pistola, puedo entender sus motivos.
Él también intenta proteger a las personas que quiere, igual que yo.
—Te acompaño a la salida —me informa Neva.
Viene hacia mí y engancha su brazo en el mío. Me toma por sorpresa su cercanía. Parece una chica muy dulce y cariñosa. Dejo que tire de mí hacia el montacargas. Nos detenemos justo delante y es ella la que presiona el botón de llamada.
Escuchamos cómo el aparato empieza a ascender y se aparta de mí unos centímetros.
—Lamento no poder ser de más ayuda para vuestros planes —comento.
Neva me sonríe y niega con la cabeza.
—No pasa nada. Nos las arreglaremos. Siempre lo hacemos.
El montacargas llega a nuestra planta y, una vez más, Neva es quien abre la verja para dejarme entrar. Doy un par de pasos hacia el interior y me giro para volver a mirarla. Espero a que cierre la verja, pero no lo hace.
—¿Ocurre algo?
Neva, sin dejar de sonreír, me mira directamente a los ojos.
—No creo que seas un mal hombre, Thomas. Al contrario, te respeto por hacer todo lo posible para salvar a alguien que amas, pero resulta que en el camino estás destruyendo a alguien a quien yo amo. —Inspira hondo por la nariz y se cruza de brazos—. Row está sufriendo por tu culpa.
Frunzo el ceño y alzo la barbilla de manera desafiante. Puede que su tono sea dulce y cálido, pero hay una amenaza implícita en sus palabras y no dejaré que me intimide.
—No sé de qué hablas. Te recuerdo que fue ella la que vino a por mí. Se metió en mi vida y en mi cama para intentar matarme.
Chasquea la lengua y pone los ojos en blanco.
—Vale, acabo de cambiar de opinión. Creía que eras una persona inteligente, pero con lo que acabas de decir me estás demostrando que no puedes ser más imbécil.
—¿Disculpa?
—No soy yo quien tiene que disculparte. La mujer que estaba dispuesta a arriesgarlo todo por ti, la que lleva una semana muerta en vida desde que la apartaste de tu lado está una planta más abajo.
—Tira de la reja para cerrarla y sigue mirándome con intensidad desde el otro lado—.
Sé listo y no dejes que se te escape, Thomas.
No te alcanzará la vida para arrepentirte si lo haces.
—¿Eso es una amenaza?
—No, es un hecho. —Mete la mano entre las rejas y presiona el botón de la segunda planta.
Enseguida el montacargas empieza a descender y ella vuelve a sonreír—.
Su puerta siempre está abierta. Más te vale no volver a lastimarla porque entonces tendrás que vértelas conmigo.
Te arrancaré las tripas con un jodido cortaúñas y le haré a tu hermanita un bonito collar con ellas. Eso sí es una amenaza.
Pestañeo rápido, intentando asimilar sus palabras, y antes de que pueda darme cuenta, ya no puedo verla.
El montacargas se detiene en la segunda planta y tomo una respiración profunda.
¿Qué demonios se supone que debo hacer ahora?
Mi mente me grita que salga corriendo de este lugar y no regrese nunca, pero mi cuerpo… ¡Joder! Ese está deseando abrir la maldita verja, ir en busca de Row y besarla hasta que ambos nos quedemos sin aliento.
«Tu hermana es lo importante. Las mujeres van y vienen, pero ella es tu familia», recuerdo lo que me dijo Carter y suspiro.
¿De verdad es así? ¿Lo que siento con Row es solo algo pasajero? Entonces, ¿por qué siento que me falta una parte de mí mismo desde que ella no está?
Doy un paso adelante y coloco mi mano en una de las rejas. Solo tengo que tirar de ella y… Mi mirada va a parar al panel de botones del montacargas.
¿Me voy o me quedo? ¿Qué debo hacer?
Inspiro hondo por la nariz, y con gruñido profundo, levanto la verja y salgo.
Supongo que la decisión ya está tomada.